Diario de una funcionaria primeriza
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No sólo de teléfono vive el funcionario

solo1Funcionario Tópico no solo no tenía teléfono, por lo que se veía obligado a usar continuamente el de Lugar de Trabajo, sino que tampoco se había creado nunca una dirección de correo electrónico propia, aunque eso no le impedía recibir miles (¿qué digo miles? ¡millones!) de mails personales. Exacto, a la cuenta de Lugar de Trabajo, que era compartida por los dos (y por Funcionario Antecesor, que recordemos que venía por las tardes).

Así que yo cada día, cuando llegaba (puntual), abría el correo y procedía a borrar todo el spam que había entrado las últimas horas (que constituía el 90% del correo diario), a responder algún que otro correo pidiendo algún tipo de información o gestión (el 1%), y a deleitarme con los correos que recibía Funcionario Tópico, una hora antes de que él los viera, ya que solía llega, de media, una hora más tarde que yo, es decir, una hora tarde.

solo2Estos correos solían ser de dos tipos:

1- Correos de una amiga suya que le mandaba los típicos powerpoint con fotos bonitas, frases filosóficas y música celestial que estaban tan de moda en los primeros años de este siglo.
2- Correos (como no) de las hijas.

En este último caso, como con el teléfono, también se llevaba la palma la hija mayor.

La pequeña, muy estudiosa ella, solía mandar archivos con trabajos que tenía que hacer para la Universidad para que papá se los imprimiera.

Funcionario Tópico, muy obediente, descargaba los archivos y los imprimía a todo color en las impresoras de Lugar de Trabajo. Después, iba a que se lo encuadernaran, con cargo por supuesto a Lugar de Trabajo. Y así, cuando llegaba a casa, la hija universitaria tenía sus flamantes trabajos listos para ser presentados ante su profesor.

Y yo me acordaba de cuando hacía trabajos en la Universidad, que entre todos los componentes del grupo poníamos dinero para comprar un cartucho de tinta y un paquete de folios, porque cuando necesitábamos imprimir a color no podíamos hacerlo en el aula de informática de nuestra Facultad, donde solo nos dejaban en blanco y negro…Claro que ninguno teníamos como padre a Funcionario Tópico, que nos hubiera sacado de muchos apuros.

La hija mayor era otra historia. Ella ya no estudiaba, por lo que no necesitaba imprimir trabajos, pero no por ello no iba a aprovecharse de la barra libre de tinta, folios y canutillo de la Administración X.

Ella se dedicaba a mandar fotos con sus amigos haciendo el tonto. Y digo haciendo tonto porque en todas salían haciendo el tonto, en ninguna salían en actitud más seria, ni siquiera en actitud “foto Facebook”.

solo3Y siempre, en el correo, había un comentario:

“Papá imprímemelas porfa”

Así que Funcionario Tópico descargaba las fotos y las imprimía a todo color. Que en esa época, imprimir una fotografía a todo color en un folio era como no imprimir nada, pero supongo que la niña con eso se conformaba. No pedía mucho la pobre.

Básicamente a eso se limitaban, cada día, los correos. Hasta que un buen día apareció uno distinto.

Al principio no sabía quién era el remitente, así que lo leí. Vale, si hubiera sabido que el remitente era la mujer de Funcionario Tópico, lo hubiera leído también, pero la verdad es que de primeras no sabía de qué iba el tema.

Esto no tiene nada que ver con los correos, pero no puedo dejar de comentaros que la mujer de Funcionario Tópico era una prima carnal suya, más de una década menor que él. Seguramente a mucha gente le parezca bien esto de cuanto más primo…Pero yo, que tengo primos carnales más de una década menores que yo, y bastante guapos por cierto, no entiendo cómo a alguien se le puede pasar por la cabeza una relación así…
Perdón por el inciso. El caso es que, en el correo en cuestión, la mujer de Funcionario Tópico, visiblemente enfadada, le reprochaba ciertos comportamientos suyos (principalmente desprecios hacia ella) que le habían hecho llegar ya al límite de su aguante, y le amenazaba con una posible separación.

Pero, ¿os dais cuenta de que las hijas de Funcionario Tópico son hermanas y primas a la vez? Perdón, que me vuelvo a ir del tema.

Cuando comprendí la gravedad del correo, me di cuenta de que había metido la pata leyéndolo y que a Funcionario Tópico no le iba a hacer gracia saberlo (Hay que decir que para esa época ya no nos hablábamos, pero esa es otra historia). Así que entré en pánico y no se me ocurrió nada mejor que hacer para que no se enterara que…Borrar el correo.

solo4Sí, borré el correo, lo reconozco. Eso sí, después de habérselo mandado a varios amigos, familiares, conocidos y vecinos del 5º...Todos conocían a Funcionario Tópico, de oídas claro, y sabía que les gustaría leerlo. Vale, eso sí que no estuvo bien…

Así, cuando llegó Funcionario Tópico, yo hice como si nada, y pasamos las horas como cada día. Yo creí que me había librado, hasta que un buen día, no recuerdo cuánto tiempo había pasado desde mi acto delictivo (quizás dos o tres días), tras una llamada de teléfono, Funcionario Tópico se gira y me dice:

-Cuando veas que hay algún correo personal mío dímelo.

Sin más.

A lo que yo, que me imaginé por dónde iban los tiros, contesté:

-Vale.

Sin más.

No sé qué le diría su mujer del correo ni que le diría él a ella. Pero creo que siguieron (y seguirán) juntos, así que no debió de ser para tanto…

El teléfono, ese gran entretenimiento

telefono1

En Lugar de Trabajo había tres teléfonos (ya he dicho que el mío era un teléfono-fax).

 Curiosamente, Funcionario Tópico y yo compartíamos la misma línea, y en la otra parte del despacho había otro teléfono con una línea distinta.

Se usaban muy poco. Para recibir llamadas, quiero decir, porque para emitirlas…posiblemente las Comuniones de los hijos de los mayores accionistas de Telefónica fueron pagadas a cuenta del gasto de teléfono de Funcionario Tópico.

Llamaba a todas horas, a toda la gente que uno se pueda imaginar, familiares, amigos, conocidos,  desconocidos…

Por desconocidos no quiero decir empresas a las que normalmente, por unas cosas o por otras tienes que llamar, que también, si no verdaderamente desconocidos. No sé si para él, pero la gente a la que llamaba, a veces, parecía no conocerle.

Me explico:

Día 19 de marzo (no recuerdo el año exacto). Aparece Funcionario Tópico por la puerta.

-Hoy es San José.

Yo, que me parece una chorrada bastante grande el tema de los santos (¿en serio hay que felicitar a la gente porque se llame como el Santo de turno del día?), pensé “pues vale”, pero dije, en un alarde de elocuencia:

-Ah

Tras esa gran conversación, Funcionario Tópico se sentó en su mesa y sacó una agenda de teléfonos cochambrosa.

Sí, agenda de teléfonos (cochambrosa) en pleno siglo XXI, porque Funcionario Tópico era muy suyo y, aunque le gustaba mucho hablar por teléfono,  lo de tener móvil no iba con él, así que iba a todas partes con la agenda en cuestión, a la que, de revenida y roñosa que estaba, se le iban cayendo las hojas.
Agenda cochambrosa en mano, coge el teléfono y se pone a llamar a todos los Josés, Pepes, Pepas, Josefas y Marijoses que tenía anotados. Con algunos la conversación fluía bastante bien, pero con otros era del estilo…

-Hola Jose, soy Funcionario Tópico, te llamaba para felicitarte el Santo. Si hombre, Funcionario Tópico, el del pueblo. Que sí, el hijo de la María. Que sí que nos conocemos, de la vez esa que echamos un mus a media tarde. Que sí, que nos hemos visto muchas veces. ¿Cómo no te vas a acordar?

El aburrimiento en Lugar de Trabajo era bastante tedioso pero, afortunadamente, a mí no me dio nunca por llamar como loca a gente a la que conocía prácticamente de vista. Tampoco me da por pedir o dar el teléfono a gente que no va a saber quién soy si la llamo, la verdad.

Pero Funcionario Tópico y el teléfono eran uno.

Yo, que estaba ansiosa, ya no diré por trabajar, pero por hacer algo con mi vida durante las horas que me pasaba allí, en cuanto sonaba el teléfono lo cogía.

Bueno, realmente solo lo hice una vez, porque, inocente de mí, no conocía los códigos de comunicación de Funcionario Tópico con sus hijas y claro, cometí un error imperdonable.

-Lugar de Trabajo-dije  alegremente al contestar el teléfono, que solamente había sonado durante un microsegundo.

-¿Está Funcionario Tópico?-me preguntó una voz dubitativa que parecía recién levantada.

telefono2Me recordó a mi padre que, cuando era pequeña, se quejaba de que los “niños” usábamos esa fórmula cuando llamábamos a casa de nuestros amigos, sin saludar ni identificarse ni nada, simplemente preguntando ¿está…?

-Funcionario Tópico, preguntan por ti-le dije, amablemente.

De mala gana, Funcionario Tópico cogió el teléfono para colgarlo acto seguido. De forma inmediata, realizó él una llamada rápida, tras la cual me comentó:

-Cuando suene el teléfono, no lo cojas inmediatamente, porque si lo coges tan rápido parece que es que no tienes trabajo, déjalo sonar un poco.

Funcionario Tópico siempre instruyéndome con su infinita sabiduría sobre el arte de aparentar estar hasta arriba de trabajo.

-Además, muchas veces mis hijas me dan toques para que las llame y si lo coges ya le cobran la llamada a ellas.

Efectivamente, las hijas de Funcionario Tópico (que eran más o menos de mi edad, por cierto), hacían básicamente lo que en esa época hacíamos todos, tristes usuarios de móviles prepago,  cuando queríamos hablar con papá: darle un toque (lo que viene siendo un llama-cuelga) para que llamara él,
flamante usuario de un contrato de telefonía móvil. Con la salvedad de que Funcionario Tópico no tenía móvil, así que los toques se los hacían al teléfono de Lugar de Trabajo.

Pero no siempre las llamadas de las hijas eran para hablar con él, que ya me parecía a mi excesivo tantas ganas de hablar con su padre cuando vivían con él y podían hablarle más tarde. En (muchas) ocasiones, lo que querían las niñas era hablar con una tercera persona, pero claro, no querían era pagar la llamada.

Lo que hacían entonces era dar el toque. Papá las llamaba y les pasaba con la persona o entidad con la que las niñas querían hablar. Así la llamada no la pagaba ni la hija, ni el padre. La pagaba la Administración X.  

Reconozco que es una estratagema muy hábil, a mí nunca se me hubiera ocurrido. Tenía tanto que aprender…

Normalmente, al sonar uno de estos toques, Funcionario Tópico acudía raudo y veloz al amparo de sus hijas, si bien a veces le costaba una llamada fallida averiguar cuál de las dos era la que necesitaba su auxilio. He de decir, en defensa de la hija pequeña que parecía estar algo más espabilada, que la inmensa mayoría de las veces se trataba de la hija mayor.

El problema era cuando Funcionario Tópico no estaba, porque había salido al baño o a cualquier sitio. Entonces el toque, al no ser inmediatamente respondido, se repetía cada pocos segundos, dejando claro que la paciencia no era una de las virtudes de las niñas.

Si no había respuesta, el toque se repetía y se repetía y se repetía y se repetía y se repetía…Hasta que me tocaba las narices y cogía el teléfono.
Entonces, una  voz dubitativa que parecía recién levantada me preguntaba:

-¿Está Funcionario Tópico?
-No, no está.-contestaba yo, lo más borde que podía.
-Vale, gracias.

Y me colgaba.

Y así iban pasando los días.

Comenzamos.... otra vez

comenzando1

Y ahora sí que sí. Mi primer día como funcionaria. Que en realidad era ya el tercero, pero como hasta entonces me había dedicado básicamente a pasear de un lado a otro y a conocer sexagenarios…Digamos que era mi tercer primer día como funcionaria.

Obediente y puntual, como siempre, mal que me pese, me presenté en Lugar de Trabajo un poco antes de las 9.00, la hora a la que tenía que empezar a trabajar, según órdenes de Jefe Ausente.

Funcionario Tópico todavía no había llegado. “Se le habrá dado mal el transporte” pensé, pero como allí nada tenía contraseña, encendí mi ordenador y me dispuse a hacer tiempo mientras llegaba mi compañero, que me enseñaría todo lo que tenía que saber para estar allí.

Las 9.15. Funcionario Tópico no ha llegado. “Si es que el metro siempre se estropea en hora punta” pensé.

Las 9.30. Funcionario Tópico sigue sin llegar. “A lo mejor se ha dormido, pobre hombre, con las ojeras que tenía ayer…”

Las 9.45. Funcionario Tópico empieza a tocarme las narices. “¿Pero no se da cuenta de que estoy yo sola aquí sin hacer nada hasta que él venga?”

Las 10.00. Funcionario Tópico llega. “Tendrá una excusa para haber tardado tanto. Ahora me  lo explicará”.

-Buenos días, ¿qué tal?

Ha llegado con una hora de retraso. Ni se molesta en excusarse, luego entiendo que no tiene excusa. Ha llegado a las 10.00 porque él lo vale y punto.

Que para eso él es Funcionario Tópico y los demás no.

Se acerca a mi sitio y, en el ordenador, abrimos el correo y me explica que hay que mandar unos mails.

-¿Los quieres mandar tú?
-¡Claro!-exclamo yo, ansiosa por hacer algo productivo.

Tardo unos diez minutos en mandar esos correos, mientras Funcionario Tópico está mirando al infinito.

Cuando termino, orgullosa, lo hago notar.

-Ya está. ¿Qué más hay que hacer?-digo, que se vea que tengo iniciativa.
-Nada.-responde Funcionario Tópico, sin inmutarse lo más mínimo.
-¿Nada?
-Nada
-¿Nada?
-Nada.

Viendo que estábamos entrando en bucle, decido cambiar la pregunta.

-¿Pero ya no hay más trabajo?
-No.-Funcionario Tópico, con la monotonía que le caracteriza, sigue sin inmutarse.
-¿Pero esto es así todos los días?
-Sí.

Entonces mi asombro es mayúsculo. ¿En Lugar de Trabajo solo hay trabajo para diez minutos al día? ¿Y hay dos personas para esa cantidad de trabajo?
-¿Y cómo pasas toda la mañana aquí entonces?

-Pues…como se puede.-respuesta fulminante de Funcionario Tópico que, según la pronuncia, me da la espalda para ponerse de cara a su pantalla, dejándome con cara de tonta.

Viendo que no me iba a decir nada más, yo también me giro hacia mi pantalla y me dispongo a pasar la mañana…como se pueda.

comenzando2Después de un rato mirando cada uno nuestras respectivas pantallas (y escuchando la radio, eso sí, porque en Lugar de Trabajo había un transistor, de los de mover la ruedecita para encontrar la emisora), por fin Funcionario Tópico rompe el silencio.

-¿Vamos a desayunar?
-Vale.
-Así te enseño la cafetería.

Qué obediente Funcionario Tópico, cumpliendo la máxima orden que le dio ayer Jefe Ausente.

-Descuelga tu teléfono. Siempre los descuelgo para que si llama Jefe Ausente no se piense que no estamos. Así parece que estamos trabajando.-me explica.

Decido no comentar nada sobre la absurdez en cuestión y hacer lo que dice.

Y así, con los teléfonos descolgados para que nadie se entere de que nos hemos ido a desayunar, nos dirigimos a la cafetería, en donde desde el primer momento nos disponemos a asentar varias costumbres.

Funcionario Tópico se acerca a la barra y pide un cuchillo y dos vasos de agua, uno para cada uno. Nos sentamos en una mesa y el buen hombre se pela un par de mandarinas con el chuchillo en cuestión. A mí me da un poco de repelús la gente que pela las mandarinas con cuchillo, pero bueno, hago caso omiso y saco mis galletas de chocolate, especialmente compradas para mis desayunos funcionariales.

-¡Anda galletas de chocolate!-Exclama (no sé por qué) sorprendido Funcionario Tópico.-¿Te gusta mucho el chocolate?
-Sí.-contesto, un poco perpleja ante la absurdez de la pregunta.
-Mmmm…chocolate…

Y así fue como establecimos las pautas de los desayunos. Cada día, llegada la hora (Funcionario Tópico acababa de llegar a trabajar, yo ya llevaba un buen rato), descolgábamos los teléfonos para “simular” que estábamos trabajando y nos íbamos a la cafetería. Allí, Funcionario Tópico pedía un cuchillo para pelar unas mandarinas y dos vasos de agua.

Entonces, yo sacaba mi desayuno y aquí era cuando variaba un poco la versión, según el día. A saber.

El día que me había llevado algo (cualquier cosa) que llevara chocolate, Funcionario Tópico lo miraba y me decía:

-Mmmm…chocolate…

El día que no llevaba nada que tuviera chocolate, Funcionario Tópico lo miraba y me decía:

-Anda, hoy no te has traído chocolate.

Y así, día tras día, se repetía una frase u otra. Hasta el día en el que dejamos de desayunar juntos.

Pero eso ya es otra historia…

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