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Volando voy

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El vehículo eléctrico se mueve con soltura por los amplios corredores de la terminal. El conductor ha desarrollado en un par de meses una rara habilidad para sortear viajeros. Su hoja de servicios aparece limpia de accidentes, como las sábanas de un lecho conyugal antes de la primera noche de bodas. Gigantescos ventanales proyectan hacia el interior la imagen de un bucólico día soleado, iluminando un cielo limpio, casi virginal, sobre un paraje yermo, tan solo poblado por el asfalto de las pistas de aterrizaje. Ramón Buenaventura sigue su ronda cotidiana sin grandes novedades, en contraste con una noche inquieta, huérfana de suficientes horas de sueño reparador.

volando5Su pequeña habitación, situada como todas las demás del personal autoencargado del mantenimiento y la organización en el bloque anexo H24, con una larga pasarela de acceso al edificio principal, emite un leve pero constante zumbido al que aún no se ha acostumbrado. El estancia consta de los siguientes elementos: una cama de 1,20 m con estructura articulada y mando a distancia, recuperada de los antiguos hospitales que fueron desmantelados; una mesa escolar y una silla básica, procedente de uno de los institutos del distrito Buen Suceso; un sofá de lectura con brazos rectos de madera y tela de espiguilla azul; una tabla de aglomerado con revestimiento imitación a roble, adosada a la pared con dos escuadras del mismo material; una lámpara de pie con dos focos; y una mini nevera de su propiedad para mantener fresca el agua.

En un rincón cuelga un retrato enmarcado de su hija mayor, de cuando se graduó el pasado mes de junio en la facultad de Bellas Artes. Desde niña mostró una rara fascinación por cualquier objeto que pudiese imprimir color en una superficie. Qué éxitos y reconocimientos habrían premiado un talento tan desbordante, pensó, como cada vez que detenía la mirada en la exultante sonrisa de Sara, bajo la sombra del sempiterno y personal flequillo recto al que no había querido renunciar nunca. Junto a ella, la imagen que congeló aquella hazaña científica que tanta admiración había suscitado entre sus compañeros y que recorrió, al menos por un día, las aperturas de los boletines de noticias de radios y televisiones, de periódicos y canales digitales y, cómo no, de las redes sociales: la secuenciación completa del código genético del virus que, apenas tres años después, había liquidado prácticamente a la especie humana. La tercera de las imágenes correspondía a su pareja de toda la vida, la mujer que conoció en la facultad, durante unas prácticas del último curso y de la que no se había separado más de cinco o seis días seguidos a lo largo de su relación, siempre por motivos profesionales, para asistir a algún congreso o compromisos así. volando4Esperanza aparecía en la instantánea con la hija menor, acogida por ambos durante la guerra de Ucrania y adoptada posteriormente. Sofía lucía un casco de ciclista, agarrada con fuerza al manillar de la bicicleta, con una expresión entre divertida y asustada, mientras su circunstancial madre prevenía una posible caída con una mano en su cintura y la otra en la parte trasera del sillín.

El baño comunitario queda al fondo de la segunda planta, con el equipamiento básico y una técnica constructiva que denota la urgencia con que fue concebido. Una amplia hilera cabinas de ducha se sucede frente a una encimera corrida con una treintena de lavabos bajo un espejo de una sola pieza que cubre el paño entero de lado a lado. En el piso superior se encuentra el comedor y el salón social. Del primero, pocos rasgos reseñables, correcto y funcional, sin alardes decorativos de ningún tipo. El mayor encanto es el recinto que se encuentra al lado de la cocina, una suerte de invernadero donde empiezan a crecen tomates, patatas, guisantes, judías, calabacines, zanahorias, cebollas, coles, pepinos y algunos productos más que los encargados consiguen ir introduciendo. En cuanto al espacio para relacionarse, lo más llamativo es la ruleta de la fortuna plantada en una de las esquinas, que la subdirectora electa del aeropuerto trajo antes de que las instalaciones fueran cerradas casi herméticamente. Al parecer, procede de una feria desaguazada donde su padre se ganaba la vida con una caseta repleta de peluches y juguetes. El estridente sonido de aquel artilugio girando sin cesar, regalando sorpresas y frustraciones, fue la banda sonora durante buena parte de su infancia. El resto es muy heterogéneo. Mesas, sillas, sillones, estanterías, aparadores, cajoneras, alguna que otra alfombra, ventiladores, juegos de mesa, pantallas de televisor, objetos varios... Llegaron hasta ahí desde las propias casas de los que comparten el lugar, algunos por utilidad y otros por puro sentimentalismo.

volando6Ramón patrulla ahora la zona de salidas. Junto a las puertas de embarque se concentra la mayor parte de los residentes. Es donde se encuentran los asientos. La mayoría tiene dueño por un derecho meramente consuetudinario. Al menos, la temperatura sigue siendo agradable, aunque nadie es capaz de vaticinar cuánto durarán las reservas de combustible para los generadores de emergencia. Desde los aviones estacionados, unidos a la terminal por los fingers, salen en pequeños grupos a estirar las piernas. En las cintas mecánicas hay una larga fila de gente caminando sin avanzar, una actividad que les recuerda al gimnasio. Los niños abundan. Les encanta subir y bajar por los ascensores panorámicos y correr por las cintas en sentido contrario. Pocos son los que conservan alguno de sus progenitores. En cierta forma han pasado a formar parte de la prole comunal. Cualquier adulto a su alrededor asume cierta responsabilidad sobre su bienestar.

volando2No hay noticias del exterior. Bueno, puede que sí. Lo que no existen ya son medios para difundirlas. Nadie al otro lado. La creencia más extendida es que habrá otros aeropuertos en el mundo que se hayan convertido en improvisados centros de resistencia ante el colapso biológico. Gracias a los filtros HEPA, que renuevan el aire cada tres minutos, fueron prácticamente los únicos sitios donde pudieron refugiarse los supervivientes. Para pasar el tiempo, los que han encontrado acomodo en el interior de los aviones entran por turnos en la cabina del piloto e inventan instrucciones de despegue rumbo a lejanos destinos, mientras toquetean los botones y tiran del volante hacía sí, como si estuvieran a punto de remontar el vuelo.

Dear passengers, we have started the descent. In a few minutes we will be landing at Phuket International Airport. Please fasten your seat belts and keep your seat back in a straight position. The outside temperature is 28º C and the weather is humid and sunny, with small gusts of wind.

El crío del asiento de atrás propina otras dos pataditas a la butaca. Ya he perdido la cuenta. Su madre no ha reprimido su comportamiento en todo el trayecto y yo tampoco he tenido valor para protestar, aunque debido a esta circunstancia me quedé sin dormir en toda la noche. Por si no tenía bastante, la pareja que está a mi lado, ocupando la ventanilla y la butaca central, han estado todo el tiempo moviéndose, riéndose, bebiendo una cerveza tras otra, pidiendo paso en demasiadas ocasiones para la salir al baño a evacuar sus excesos y disculpándose exageradamente por cada una de sus molestas acciones. volando3Tienen pinta de vivir en Doha, donde hice el tránsito hacia Tailandia. En su país son estrictos con el alcohol y pienso “pobrecillos, para una alegría que se pueden permitir… Cuando regresen, a saber cuándo vuelven a pillar unas latas de Budweiser”. Además, parecen recién casados por la complicidad con que se miran y buscan sus cuerpos.

Repasé el programa entretenimiento. Me sorprendió su gran oferta de cine europeo, africano, asiático, de Hollywood y de Bollywood, pero no me apetecía mucho poner una película. Tampoco escuchar música. Leí un rato la guía del destino hasta que empecé a bostezar. Hice algún intento de concentrarme en el sueño tras colocarme el antifaz y los tapones para los oídos que venían en el kit de viaje. Todos en vano. Volví a abrir las páginas. Subrayé algunos datos de interés y sentí de nuevo la pesadez de los párpados. El estrecho espacio impedía colocarse en una posición mínimamente cómoda. Vencido ante tantas estrategias frustradas, saqué el portátil de la mochila, lo encendí y abrí un documento de Word en blanco. No sé por qué razón, inmediatamente me vino a la cabeza la imagen de un operario recorriendo los inacabables pasillos de un imaginario aeropuerto con un vehículo eléctrico, sorteando con bastante destreza a los numerosos viajeros que intentaban hacer su vida en él.

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This world of water

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Entré en el servicio y puse el tapón en el desagüe antes de abrir el grifo a tope. El agua subió inevitablemente, acercándose de forma intimidatoria al borde la bañera, hasta que la rebasó. Según iba derramándose sobre el piso del aseo emitía un susurro agradable que invitaba al relax. Pero no era cuestión de quedarse allí mucho tiempo. El líquido iba buscando los cauces para expandirse de forma lenta y voluptuosa, conquistando nuevas estancias con implacable parsimonia. En una hora o así el nivel había llegado a los dos centímetros en toda la casa y empezaba a colarse por debajo de la puerta camino del rellano, en busca de la escalera comunitaria. Para alimentar la corriente, dejé corriendo también los dos lavabos y la manguera de la terraza hasta que me decidí a salir.

water2Tomé el ascensor, que descendió raudo los diez pisos. Ya en la calle, dirigí mis pasos hacia el edificio de enfrente. Conocía la clave para franquear el portal, una información que pude sonsacar sibilinamente a la portera unos meses atrás, cuando la engañé diciéndole que iba a regar los tiestos a un amigo y que éste solo me había dejado las llaves del apartamento, sin indicaciones ni medios para poder franquear el portón de abajo. Por lo que estuve investigando en su momento, arriba del todo había unos peldaños con una trampilla al final para acceder a la azotea, un espacio yermo al que los vecinos no daban uso alguno. En aquellas circunstancias no podía pensar en un observatorio mejor. Desde allí, la visión de mi bloque era completa.

Aún tuve que esperar bastante antes de disfrutar de los primeros efectos de la inundación provocada. Sabía que en cuanto sintiesen los primeros efectos de la humedad, el resto de los inquilinos, desde el décimo piso hasta el primero, irían sumándose a la catarsis colectiva como fichas de dominó cargando unas sobre otras. Tuve la prudencia llevarme unos prismáticos. Así pude comprobar con satisfacción que la familia del noveno, una pareja joven con un niño pequeño que hacía poco había aprendido a andar, se encontraba en el único servicio de la vivienda y, con la serenidad propia de un desconocido ritual, aflojaban las llaves del lavabo y la ducha para dejar vía libre al fluido de las cañerías.

water3En el piso de al lado se desarrollaba una escena parecida. En este caso, los protagonistas eran tres estudiantes, dos chicos y una chica, que compartían gastos y posiblemente íntimos afectos cruzados. Es muy posible que esta última suposición solo sea producto de alguna de mis recurrentes fantasías sexuales, que suelen dispararse cuando me topo con alguno de ellos. Los jóvenes estaban chapoteando con los pies, alegres y desenfados, una vez puesto a brotar el fregadero de la cocina, cuyo contenido derramado por el suelo se fundió con el que procedía de los baños.

Enfoqué bien los gemelos y pude constatar que el inmueble iba empapándose de una forma contagiosa desde las últimas plantas hasta las más bajas. Por las ventanas que aportaban luz natural a los descansillos descubrí a algunos inquilinos intentando derribar con improvisados arietes las puertas de las viviendas en las que no había nadie con la intención hacerlas contribuir a la orgía acuosa que se estaba desatando. Desde mi atalaya asistía a los acontecimientos con una fruición completamente desacostumbrada en mí.

water4De pronto, las sirenas de los camiones de bomberos rompieron el plácido murmullo de las aguas liberadas. La situación no podía resultar más sarcástica, con aquellos servidores públicos pertrechados con los mismos medios que supuestamente venían a combatir. Después de un periodo de confusión inicial, el jefe de la brigada ordenó desenrollar las mangueras y ponerlas a pleno funcionamiento. De entrada, los súbditos se mostraron escépticos, e incluso hubo algún que otro amago de indisciplina pero, una vez que el superior, sin alzar la voz y sin el menor gesto de imposición, hizo girar su espita, generando un potente chorro que se arqueaba antes de chocar contra la fachada como el lomo de un dragón, fueron replicando su proceder uno tras otro, cada vez más entusiasmados.

Hubo más equipos antiincendios con sus vehículos aulladores que se presentaron en el lugar de los hechos. Al principio se posicionaban en retaguardia, pero enseguida, animados por el festivo derroche del contenido de los depósitos congregados ante la presunta emergencia, contribuían a aquel estrambótico aquelarre de seres poseídos por un invisible Poseidón, borracho de mares, ríos, océanos, fuentes, acuíferos y manantiales.

water5Por entonces, muchos residentes habían salido a los balcones, en medio de una creciente algarabía. Desde el privilegiado puesto donde me situaba, advertí un movimiento de simpatía en el edificio colindante. De hecho, sorprendí a algunos de sus moradores alineándose sin tapujos con la operación grifo y dejando salir torrentes hacia el exterior. Algo parecido ocurrió en las demás fincas, que se pusieron a llorar por cuantos orificios tenían disponibles. El agua salía a borbones por todos los lados y se estaba adueñando de la plaza, donde a media mañana alcanzaba ya dos o tres palmos.

Los más atrevidos comenzaron a lanzarse hacia la imprevista piscina comunal que se había formado y cuando la profundidad fue mayor, pocos fueron los que se resistieron a gozar del chapuzón. El jolgorio era atronador. La alegría estaba desatada. En medio de tanta desinhibición, las ropas eran lanzadas al aire dejando a la vista de la concurrencia una extraordinaria variedad de cuerpos, exhibidos sin tapujos entre gráciles brazadas y estilosas zambullidas. Niñas, niños, jóvenes, maduras, maduros, ancianas y ancianos en perfecta simbiosis gracias al líquido elemento. Déspotas y afables, arribistas y pusilánimes, feroces y dulces, insufribles y cordiales, atroces y tolerantes, implacables e indulgentes, asexuales y pansexuales, binarios y analógicos, juntos en el mismo caldo.

water66Bajé hasta donde pude, dado que la marea lamía ya la base del tercero. No quería mojarme por nada del mundo. Por suerte, me pude encaramar a un gran cajón que flotaba por allí. Haciendo pala con las manos, crucé hasta mi bloque sin recibir ninguna salpicadura. Me agarré a la barandilla de un balcón y entré en la vivienda. No había nadie y me dirigí hacia la puerta para llegar a la escalera y ascender hasta mi planta subiendo los escalones de dos en dos. Los grifos seguían brotando en mi ático y opté por cerrarlos. Luego me asomé y vi una especie de embarcación municipal que se aproximaba hasta el lugar donde se regocijaban los bañistas. Uno de los tripulantes agarró una larga cadena con un gancho en su extremo. Siguiendo las indicaciones de un compañero, la sumergió y tanteó el fondo con movimientos circulares, dando súbitos tirones hacia sí de forma aleatoria. Aunque le costó un buen rato, en uno de esos lances al fin encontró una resistencia. Con enormes esfuerzos, entre tres subieron la cadena con la presa en su garra. Era la tapa de hierro de una alcantarilla sin ojal, pero con un pequeño asidero. Enseguida se formó un gigantesco remolino y todos los que estaban nadando fueron arrastrados por la fuerza centrípeta. El orificio engulló el agua hasta la última gota y cuanto está contenía. Nada ni nadie quedó en la plaza.

Me senté en el sofá del salón, profundamente aturdido. Hasta entonces no fui consciente de que antes de sentir el impulso de ir al servicio y abrir el primer grifo estaba sonando una antigua canción de New Musik. De forma inadvertida, la había dejado en modo bucle.

World of water,
where you swim for the other side.

World of water,
but you're swimming against the tide.
World of water,
you can drown but you still survive.


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Poliédricas sensaciones

poliedricas1

El paso fantasma de los días
las paredes torcidas
espejos trucados de cuentas
moradas hambrientas
ardores olvidados como tumbas
voces calladas, voces iracundas
gigantes enfermos de apoplejía
miradas mostrándose esquivas
unas barbas absortas en sal
ansiando el sable fatal
extemporáneas risas
sangre que al sudor acaricia
líneas rectas, o no tanto
una luna falsamente brillando
balas caprichosas
flores como losas
sondas de afrenta…
Ahora mismo dejaría de escribir
si me abrieses esa puerta.

poliedricas2

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lanochemasoscura