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3, 2 y 1

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Necesito tres bandejas. En la primera coloco las zapatillas que previamente me he desabrochado y tengo listas para quitarme rápidamente. Junto a ellas va el foulard que siempre viaja conmigo y normalmente una chaqueta fina. Afortunadamente, en la mayoría de los casos me toca desplazarme a lugares en los que hace una temperatura que no baja de los 10ºC, lo que me permite viajar cómodamente con poco equipaje en la maleta. Aquí también dejo el reloj, el billete de avión y el pasaporte. Para pasar el control en India es necesario presentarlo en mano para que lo sellen. No me he dado cuenta y esta vez también lo he preparado, con lo que lo dejo en la primera bandeja para ser lo primero que tenga a mano cuando pase el arco de seguridad.

3212En la segunda bandeja coloco el portátil. Sólo.

La tercera está reservada para el resto de la mochila, sin portátil, y el bolso de mano. Equipaje voluminoso, pero fácil de recoger.
No hay rastreo aleatorio antidrogas ni inspección visual de la mochila. El paso por el control es rápido y sin incidencias. Rutinario.

Me dirijo a la T4, terminal de salidas internacionales, como siempre. Bajo las escaleras mecánicas hacia el tren que nos traslada a la terminal satélite para llegar a la zona de duty free.

Me quedan unas tres horas de espera. He venido sin prisa, no me gusta llegar apurada. Me acerco hacia la esquina de la derecha. Cuando empecé a venir aquí era un Burguer King. Ahora se ha convertido en un bar andaluz. Inspecciono cuidadosamente los asientos libres para asegurarme de que hay un cargador cerca disponible. Pido una cerveza y me siento a esperar, aprovechando para cargar el móvil o el portátil según lo que más necesite.

Normalmente vuelo en trayectos nocturnos, pero esta vez me toca una ruta de día. La diferencia horaria en el regreso es de 5 y 8 horas más. Esta diferencia a la que se tiene que acostumbrar el cuerpo es más difícil de asimilar en este viaje de ida. Al regreso, el paso de adaptación es más liviano, ya que gano estas horas a la carrera de las agujas del reloj.

3213Normalmente viajo a Asia, principalmente a India. Esta vez es diferente. Hoy me toca cambio de rumbo hacia el continente americano, hacia la conquista del Perú. Cambio de destino. Parece anecdótico que en este decenio de mi vida lo único que ha permanecido es que sigo saliendo recurrentemente de esta misma terminal rumbo a la conquista del mundo exterior.

He representado a 3 empresas diferentes localizadas en 3 ciudades distintas viajando a 2 continentes siempre bajo los intereses de un mismo país. España, país que ha visto partir durante siglos a gente valiente en busca de un futuro más próspero, que ha disfrutado de la gloria del imperio que no se ponía jamás y que se ha nutrido del trasfondo cultural de los pueblos con los que ha convivido y que han permitido forjarme tal y como soy.

No soy nada especial. No soy nada convencional. No tengo un punto de partida fijo, ni un punto de destino. Lo que sí comparto es un origen muy arraigado y firme.

Comencé siendo joven, mujer, hablando tan sólo un idioma materno y chapurreando inglés. Hoy puedo expresarme en 2 idiomas extranjeros y el vascuence, que me permite comprender más acerca de mi origen. Sigo siendo mujer, pero estoy dejando escapar la juventud.
La terminal permanece, pero incluso su aeropuerto ha pasado de llamarse Barajas a Adolfo Suárez en busca de esa reconstrucción inacabada de un proyecto común constitucional, quizás de sentimiento de país, quién sabe.

3214Una terminal, la de salidas, siempre abarrotada de gente. Ruido exterior dentro de mi paz interior. El destino es distinto, pero el rumbo es contante. Voy hacia el descubrimiento de nuevas realidades que me permiten valorar cada día más los pequeños placeres de la vida, a ser agradecida por lo que tengo, a dejar una pequeña aportación en el mundo globalizado que lleve a esas gentes a apreciar lo más valioso que tienen, lo que los representa, a disfrutar.

-"En breves momentos vamos a proceder al aterrizaje. Por favor, abróchense los cinturones"- se escucha desde megafonía.

¡Qué maravilloso es sentirse en casa en tierras lejanas!

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Comienza el partido

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Los árbitros ya han salido al campo. Los jugadores deben de estar preparados en el vestuario para salir. Parece que no hay muchos aficionados, con lo que la tarde se presenta un poco aburrida. Aún así, estos segundos iniciales son siempre de nervios. En base a todos los partidos que he visto este último año, yo diría que es un momento crucial para el desarrollo óptimo del juego hasta el final.

Como hemos venido justos de tiempo a Donosti, he dejado a Ibai en el estadio y nos hemos ido a aparcar en el barrio del piso de mi hermano, donde siempre que juega nos quedamos a dormir. No está muy lejos de aquí por lo que, cuando hay partido, siempre es más difícil aparcar. ¡Una lástima que no tenga también plaza de garaje!

partido2Hoy no juega Iker. Hago el recuento para contrastarlo y, efectivamente, es así. Al parecer tiene una pequeña lesión en el gemelo y le han recomendado descanso. Iker es del mismo pueblo que Ibai. Los ficharon el año pasado de la cantera del equipo de primera división y durante todo el año los han llevado a entrenar en taxi.

En principio, el acuerdo es para dos temporadas hasta que se pasen a firmar contratos oficiales. Esto ocurre a partir de los 14 años, pero a Ibai lo ficharon con 12 años, con lo que no sabemos realmente cómo lo harán. Él quería pasar a jugar en el equipo del pueblo más cercano, un poquito más grande. En la liga regional del año pasado, mi hijo destacó en varios partidos, con lo que podía ser previsible que le propusieran esta posibilidad de ascender. Hace unos años Josu, otro chico del pueblo, también estuvo en la misma situación.

Lo cierto es que a mí me encantaría que fuera futbolista profesional, pero la verdad es que no me hacía nada de gracia tener que llevarle todos los días a entrenar al pueblo de al lado. Por eso estuve un tiempo diciéndole que el fútbol no era una salida profesional con futuro. Sin embargo, cuando lo llamaron para trabajar en la Real, mi percepción cambió. Además de ser un equipo con mayor proyección, no tenía que estar pendiente de él.

Ahora estoy condicionada los fines de semana, pero me lo tomo como una excusa para hacer salidas. Mientras Ibai se queda con su padre preparando los partidos, yo hago turismo y me voy de pintxos con las madres de Iker y de otros compañeros.

partido3No puedo decir que es un plan para salir de la rutina porque intento todos los días ir de poteo antes de llegar a casa. Trabajo a una distancia a pie y los abuelos están cuidando de mis hijos hasta que llego. Lo que sí me gusta es cambiar de aires de vez en cuando.

Desde que empecé a trabajar he estado siempre en la misma empresa. Empecé a trabajar en línea montando piezas. Poco después me insistieron para que estudiara un módulo y al poco tiempo y con mucha labia me pasaron a oficina. Tanto es así que me han ofrecido puestos de más responsabilidad, pero ¡qué necesidad tengo yo de viajar o de cargar con la responsabilidad si algo no sale bien!

En mi pueblo siempre ha habido trabajo y mi sueldo, de base, es más alto que el de otras personas con responsabilidad que viven en otras zonas, con lo que prefiero seguir así, en medio de muchas cosas y no haciendo nada que me produzca estrés.

¡Gol de Ibai! Mi hijo es central, pero sí que es cierto que mete goles impresionantes, aunque lo que mejor se le dan son los pases. Sus compañeros delanteros son los encargados de sacar el partido, pero como en general los equipos contra los que juega son de menor nivel, no se tienen que esforzar mucho.

partido4Lo cierto es que yo también trabajo así. Contar con un equipo exigente me obligaría a esforzarme más y no hay necesidad. Soy socia cooperativista y no me van a echar. Por eso es mejor estar rodeada de compañeros que tengan la misma idea; así no me resulta difícil ser imprescindible para la empresa de vez en cuando.

Josu estuvo dos años en el equipo y después no le renovaron pasándolo a alevines. No creo que fuera porque no se esforzó lo suficiente, simplemente es muy difícil pasar la criba. Yo le advierto a mi hijo de que no se haga ilusiones, pero él no cesa de entrenar.

Creo que lo conseguirá, aunque a mí realmente no me parece que tanto esfuerzo valga la pena, pese a que logre su recompensa. En cualquier caso, no lo voy a desanimar. ¡Quién sabe si en algún momento tendré que pedirle algún favor!

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Bajo un sombrero

sombrero1

Los recogidos son mi especialidad. Creo que es la expresión más intensa a través de la que comparto mi creatividad. En las bodas, cuando hay varias personas a las que peinar, la originalidad es la clave.

Desafortunadamente, estas clientas son las menos frecuentes. Mi cartera está basada en corte de pelo a clientes de todas las edades y vecinas del barrio que vienen a darse tinte para tapar las raíces de las canas, permanentes para dar volumen al pelo que poco a poco va perdiendo densidad.

sombrero2Abrí el local en el barrio hace ya más de doce años y, pese a no ser natural de aquí, podemos decir que en estos momentos sí que siento que he echado raíces en este lugar que desde el primer momento me ha hecho sentirme en casa.

Consuelo tiene tres hijos, más su marido, cuatro hombres en la casa, y siempre cuenta sus quehaceres en el hogar. Beatriz vive sola, sus hijos ya se han independizado. Vive en la planta baja de su bloque. De hecho, pasa la mayor parte del tiempo en el balcón y conoce perfectamente los hábitos de sus vecinos.

Hubo un momento en el que las cosas me empezaron a ir un poco mal en el plan financiero, hasta el punto de llegar a replantearme un cambio de profesión, pese a ser un trabajo con el que me siento plenamente realizada. Entonces, pensé que quizás podría diversificar mis servicios ampliando la oferta con un salón de depilación.

A día de hoy, gracias al cielo, las cosas han ido poco a poco mejorando, debido a que cuento con compañeras muy profesionales que me ayudan en el negocio y me han permitido especializarme para ocuparme básicamente de los trabajos más exigentes y me deja tiempo para pensar en cómo mejorar cada día mi negocio.

Cada vez que conozco a una persona me quedo por unos segundos mirando fijamente su pelo. Espero que no se me note en exceso, pero es una reacción impulsiva, incontrolable. Pienso en las características intrínsecas y después valoro si en el presente está en las condiciones óptimas, si hay algo que pueda aprender o cómo mejoraría el resultado final.

Hsombrero3ace unos meses empecé a ver a una mujer de unos 30-35 años transitando de forma regular por la calle en la que se encuentra mi local. Tenía una melena especialmente atractiva, larga y muy bien cuidada. Sería invierno todavía, porque todos los días que la vi llevaba sombrero. No era especialmente llamativo, de ala corta, pero sí elegante. A veces llevaba boinas perfectamente conjuntadas con el resto de la vestimenta. No se trataba, desde luego, del típico gorro de invierno.

Siempre me preguntaba cómo podía tener un pelo destacadamente brillante y bien cuidado, especialmente llevando una prenda que, en concepto, ensombrece el papel del peinado. Siempre iba y venía en dirección hacia el bloque de Beatriz. No sabía si efectivamente esta mujer viviría aquí, pero era algo que probablemente un día de estos le preguntaré para ver si ella tiene alguna información.

En esas estaba, cuando un día, de repente, un par de minutos antes de cerrar el local, entró por la puerta. La verdad es que tenía interés por esa melena, y en este caso, en cuanto la ví acercarse al mostrador, había decidido ser yo quien la peinara.

Sin embargo, para mi desilusión, no tenía interés en hacerse nada en el pelo, sino que preguntaba por diferentes servicios de depilación láser. En concreto, en su caso no preguntó por los servicios estándares de depilación, sino sobre repoblación de vello en las cejas, algo muy poco habitual.

- Tendrá algún conocido que pueda estar interesado- pensé. En cualquier caso, le informé de que ese servicio es muy especializado y que yo no disponía del conocimiento suficiente, pero que conocía a grandes profesionales expertos.

sombrero4Según iba contándole la primera parte de mi discurso pude ver como su rostro se iba poco a poco entristeciendo. Sólo entonces me paré a analizar sus cejas, momento en el que me dí cuenta de que en realidad no existían, sino que se las había pintado con sumo cuidado.

Poco después, cuando le hablé de los especialistas a los que le remití, su actitud de incertidumbre cesó y por fin pude ver una mirada de descanso. En ese preciso instante se quitó el sombrero.

No me lo podía creer. Efectivamente, aquella preciosa melena se trataba en realidad de una peluca. En ese instante, comprendí que sin duda se trataba de un tratamiento para ella. Sus ojos radiaban vitalidad y liberación.

Estuvimos hablando poco tiempo más. Le pasé el contacto de mi amiga Carlota, le di también mi tarjeta de visita y salimos juntas a la puerta. Nos despedimos mientras yo me quedaba cerrando la persiana de la entrada. Hoy había conseguido ayudar a alguien de verdad.

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