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Aquí y ahora

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He terminado de recoger y guardar la ropa que estaba en el tendedero, he hecho la cama, he lavado los platos y tengo la basura lista para tirar cuando me vaya. Creo que voy a barrer por encima, pero no voy a fregar. Si me espero a que se seque, se me hará demasiado tarde.

No tengo mucho tiempo.

Nunca hago maleta cuando vuelvo a casa con mis padres. Es cierto que, en fechas como estas en las que voy a estar varios días, puedo llegar a echar en falta algún zapato o bufanda, pero siempre encuentro otra cosa que me puedo poner. Normalmente es préstamo puntual negociado con mi hermana o mi madre. Por el contrario, ahora que he bajado de peso y uso de nuevo la talla de mi yo adolescente, el acuerdo será sin condiciones.

ahora2Voy con lo puesto.

Todos los años, cuando llegan estas fechas, nos reencontramos todos los amigos. No necesitamos quedar, ya que siempre vamos al mismo lugar a la misma hora. Es fin de año. En esta ocasión, visto el año de letargo en el que nos encontramos, el encuentro será atípico. Por el momento, hay varios que acaban de ser padres y otros confinados que no vendrán.

Acabo de ver una notificación de las fotos de Google de hace 5 años. Definitivamente, esta vez no será igual. En cualquier caso, hay que seguir la tradición. Sé que la decisión de emprender el camino sola de nuevo ha sido la mejor decisión para el futuro. Sin embargo y, al menos por ahora, no he podido abrir el enlace.

Me siento despojada de media parte de mí.

Resulta paradójico pensar que hay razones puntuales y específicas que pueden justificar una ruptura sentimental en sí mismas (infidelidades, discusiones). Sin embargo, motivos como la divergencia con respecto a los objetivos vitales puede ser un tema tan abstracto y a largo plazo que acaba convirtiéndose en un factor complejo de materializar en algo concreto.

Como consecuencia, en el devenir de la vida, que pasa inevitablemente, he transitado mi camino durante buena parte del tiempo en compañía, recorriendo senderos inhóspitos en algunos casos y grandes avenidas en otros. A veces, hemos encontrado atajos. Otras veces, laberintos. Supongo que son pruebas de la vida. Dice el refrán que cuatro ojos ven más que dos, por lo que imagino que habremos superado muchos y muy diferentes obstáculos en el viaje, obstáculos que ya quedaron atrás, para continuar por la senda de la vida.

ahora3Realmente, no importa ni el tiempo ni el lugar. Cada uno de nosotros tiene sus propias guerras por luchar a lo largo de toda su vida. El tiempo debería servir para otorgarnos armas que nos permitan enfrentarnos con cada vez más criterio y seguridad. Sin embargo, el tiempo también es un bien finito. Querer postergar la toma de decisiones a la espera de conseguir la autoconfianza plena, bien puede desviarnos de nuestro camino vertebral.

Hay veces en las que debemos combatir solos. Esas son las batallas existenciales. A su vez, como seres sociales, además de contar con todas nuestras armas que el tiempo nos ayuda a afilar, hay batallas, como la de formar una familia que, por su propia definición, se deben enfrentar en compañía, entendimiento y convicción mutua. De poco sirve blandir la espada de forma única si no hay una batalla en común que librar.

Luego está el azar, tan traicionero o aliado como inesperado y volátil, que nos deja irremediablemente pequeños cantos a modo de enseñanzas. Con ellas, vamos pertrechándonos de armas cada vez más sofisticadas con las que salir adelante de los envites gigantes a los que sí o sí debemos enfrentarnos en un momento dado para, así, poder continuar y marcarnos nuevos desafíos.

El arte de la guerra es esa sutil combinación entre las capacidades técnicas y humanas con las que contamos, la estrategia que desarrollar en el campo de batalla y la selección de los frentes prioritarios y los tiempos en los que combatir. Es posible que el azar nos obligue a enfrentarnos a retos que, desde el principio, iniciamos en posición de mayor incertidumbre. En otras ocasiones, la decisión de postergar el momento de iniciar batallas de cambio de etapa a la espera de que sea el azar quien ponga esa prueba y marque el momento bloquea, irremediablemente, el despliegue más favorable.

El momento perfecto es, cada día, aquí y ahora.

ahora4Las decisiones, por sí mismas, no son buenas ni malas. Influyen, en gran medida, sobre el entorno por el que vienen condicionadas. De hecho, una misma decisión puede ser buena o mala con arreglo a diferentes contextos o etapas vividas o por venir. Como tal, el hecho mismo de no dar batallas vitales o sin contextualizar en el tiempo es, también y en sí misma, una decisión.

Estoy preparada para priorizar una nueva batalla existencial.

Las batallas existenciales deben ser la prioridad en las decisiones personales a tomar. A partir de ahí, las opciones sobre cómo pueden finalmente librarse pueden ser objeto de modulación. Por ello, el hecho de no tomar decisiones y postergar, así, las batallas existenciales de forma indefinida o a la espera de que las plantee el azar conduce, irrevocablemente, hacia un lugar no deseado.

El momento perfecto es, cada día, aquí y ahora. Me siento despojada de media parte de mí. Voy con lo puesto. No tengo mucho tiempo.

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No tardes mucho

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Otro par de golpes más y ya estará listo. Ya queda poco. Picar esta zona de baldosas ha sido relativamente fácil. La pared de hormigón de la otra habitación sí que fue más cansado. Apenas avanzaba y me costó varios días, a pesar de usar el pistolete. Quedan muchas cosas pendientes por hacer. Sin embargo, la abuela se encargó de que las pocas obras que se hicieron fueran de calidad y duraderas. Hoy, como debía hacerlo con más precisión, he utilizado cincel y martillo. Aun así, acabaré en breve.

En medio del ruido de los golpes, el estruendo que se oye cuando dejo las herramientas en el suelo marca el final de la jornada. Respiro aire profundamente, todo lo que puedo, porque el polvo en suspensión ocupa toda la estancia. Ni siquiera me había dado cuenta.

notardes2Me quedo mirando los escombros en el suelo. Lo cierto es que no hay tantos como otras veces porque he separado la encimera de mármol y voy a tratar de recuperar las baldosas que decoraban el mostrador para recubrir la pared. Me tumbo en el sofá. Estoy agotado.

En otros tiempos, este lugar había sido muy concurrido por las mujeres del pueblo que venían a hacer la compra. Me han contado que el abuelo Jorge siempre tenía una sonrisa en la boca y que daba gusto verle quitar las espinas a la merluza y cortar el bacalao. ¡Cómo me hubiera gustado haberle visto a mí!

No imaginaba que hoy iba a ser tan difícil. Llevo varios meses trabajando para remodelar la tienda. Normalmente estoy solo, a pesar de que mi madre sabe perfectamente lo que estoy haciendo, nunca había querido venir a verlo. Esta tarde, después de comentar en la comida que iba a quitar el mostrador principal, ha decidido venir. Y se ha derrumbado. Y me he derrumbado.
Mi madre se quedó inmóvil en la zona de la izquierda. Ahí es donde estaba la balanza y la máquina registradora. Ahí es donde ella estaba mientras atendía a las clientas. Se acordó de los piropos del abuelo a las clientas, del murmullo de las conversaciones mientras esperaban su turno, de Lucía, que siempre venía a primera hora, antes de que el resto dejara a sus hijos en el colegio, porque pensaba que siempre chismorreaban sobre ella. Recordó a la Loli, que vino un día con un sombrero de plumas que iba a llevar al bautizo de su sobrino y lo quería enseñar, y a Martina, que siempre se quejaba de que el abuelo limpiaba mejor las sardinas a otras mujeres que a ella y, a pesar de ello, pedía casi todos los días.

Noto las manos calientes y me quedo mirándolas. Siento cómo la sangre va recorriendo los dedos con el impulso de los latidos. Están hinchadas, especialmente los dedos de la mano derecha, que estaban ya doloridos. Ahora, definitivamente, necesitan reposar. Respiro profundamente de nuevo para tratar de recoger el poco oxígeno que pueda quedar en la sala.

notardes3No quiero abrir las ventanas para ventilar. No me apetece que la gente vea lo que estoy haciendo, derruir los recuerdos de una época. La alternativa no era mejor. Este sitio llevaba cerrado años, décadas mas bien. Tampoco sirve de nada que siga así eternamente. Creo que los abuelos estarían orgullosos de que se le volviera a dar vida de nuevo.

A medida que va pasando el tiempo, los avances comienzan a apreciarse a simple vista. Durante estos meses mi vida ha dado un giro completo. Por razones de salud he cambiado mi lugar de residencia y he regresado con mi familia sin ni siquiera tener tiempo de reacción para despedirme de mis amigos, compañeros de trabajo y del equipo de fútbol, ni de mis hábitos para estar sumido en una rutina de incertidumbre, tristeza y hospitales. Estas paredes han sido, paradójicamente, una vía de escape para salir de ese trayecto que recorría cada día por calles fantasmas.
Tampoco tengo intención de regresar a mi vida pasada. La intensidad de esta etapa ha marcado una brecha lo suficientemente profunda como para hacerme replantear de nuevo mis prioridades sobre la vida. He tenido retos personales que ya he superado. No necesito seguir poniéndome a prueba. El hecho de echar horas extra prácticamente todos los días en el trabajo o de ser especialmente estricto con practicar deporte de forma regular, no era sino una forma de ocupar el tiempo físico y el vacío personal de estar solo lejos de mi entorno, que es lo que realmente me hace feliz.

notardes4Me siento profundamente afortunado de estar cerca de nuevo de las personas que aprecio, especialmente en los momentos en los que sé que necesitan mi ayuda. Hoy podría retomar los mismos hábitos para recuperar ese sentimiento de estabilidad que me provocaban. Por el contrario, estoy preparado para practicar otros deportes, descubrir nuevas aficiones, crear una nueva realidad y tener la oportunidad de compartirla con alguien especial que me complemente.

No tengo planes de utilizar este espacio para ninguna actividad en concreto, ni un plazo definido para acabar todo esto. Me gustaría que volviera a ser un lugar de reunión, pero más familiar. Se puede aprovechar la pared alicatada para colocar una cocina americana y, en el lugar del mostrador, colocar una mesa amplia para poder organizar reuniones con la familia y amigos.

En medio de estos pensamientos, me incorporo rápidamente del sofá de un impulso. Examino el lugar con calma y me siento de nuevo, esta vez a un lado. Cierro los ojos y escucho a los niños jugando. Tan sólo un instante más tarde, suena el teléfono:

- Cariño, ya es tarde y aún no has venido. ¿Va todo bien? No te olvides de traer la manta morada. Esta noche han dicho que va a hacer frio. No tardes mucho. Te espero.

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En un abrir y cerrar de puerta

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Cierro la puerta y entro rápida y apresuradamente.

Tengo poco tiempo para prepararme. Hoy he tenido que terminar un tema urgente en la oficina y, al final, he salido más tarde de lo que tenía previsto.

Enseguida vendrá María con su nuevo ligue y tengo que prepararme. En realidad, ya llevan saliendo cerca de un año, pero, por una u otra razón, todavía no hemos coincidido. Nos conocemos desde el colegio, por lo que sé todas sus historias amorosas. No sería la primera ni la segunda vez que se encariña de un tipo que no le conviene.

Cuando esto ocurre, el mundo desaparece y se centra completamente en la relación. Quedar con ella se hace realmente difícil y, además, la actitud de estas parejas con respecto a mí no era cómoda, al igual que le ocurría al resto de nuestras amigas. Por eso, terminábamos quedando cuando ellos se iban al pueblo, tenían que hacer recados familiares, trabajaban hasta tarde, etc. Vamos, aprovechábamos cuando ella no tenía plan y estaba libre.

puerta2En este caso, no puedo decir que haya sido esa la razón, ya que, en más de una ocasión, me ha preguntado si quería ir a darnos el paseo por el río que llevamos haciendo años, al cine o salir a tomar algo tranquilamente y he sido yo la que no ha aceptado. Además, las chicas dicen, al contrario de otras veces que tenían la misma impresión que yo, que Marcos es divertido y se lo pasan bien con él. Veremos.

Hemos quedado que pasan a buscarme porque mi casa les queda de camino al centro. Luego iremos a cenar con el resto del grupo.

He pensado dejar el portátil en el coche, pero, al final, lo he subido a casa. Así voy más rápido mañana cuando coja el taxi camino al aeropuerto. El vuelo sale a primera hora, pero me despertaré antes para hacer la maleta. Teniendo en cuenta los días que me voy, sólo tardaré una hora. Si empezara con más tiempo de antelación, tardaría mucho más.

Últimamente he tenido que dar varias formaciones, no sé si, quizás, más de las habituales. Es posible que también me esté cansando de esto, y por eso me resulte tan pesado.

De hecho, esto no es del todo cierto. Al principio, eran reuniones con diferentes equipos localizados todos ellos en Madrid, pero, poco a poco, amplié más el rango de cobertura. Por otro lado, el hecho de estudiar en el colegio alemán y mi dominio de este idioma, facilitó directamente el salto para realizar las sesiones de formación, seguimiento y gestión de todos los proyectos en Alemania. Por suerte no llevo ningún país más, pero al tiempo.

Me encanta hacer este trabajo. Cuando comencé, hacía sesiones independientes donde, en verdad, no se podía hacer ninguna progresión sobre el tema. Básicamente, me reunía, hacía mi presentación normalmente en una hora y me iba a otro lugar a soltar el mismo discurso. Supongo que es lo mismo que hace un guía con cada grupo de turistas.

El acompañamiento, sin embargo, se convierte en un intangible de mucho más valor. Tengo una foto mental de los equipos con los que estoy trabajando al comienzo con respecto a ahora, y el progreso es muy destacable. Esto, obviamente, me exige mucho más, ya que no puedo llevar discursos cerrados. Cada reunión es diferente y su planificación y preparación debe ser también acorde.

puerta3Nunca he querido ser profesora. De pequeña ayudaba a mi hermana con sus deberes, y no me resultaba nada gratificante. Puede ser por su actitud de falta de interés o, simplemente, porque podía no estar preparada. Por ello, pensé que simplemente la educación no era mi vocación.

Más adelante, he tenido la gran suerte de estar con profesores que así lo sentían y a los que les hacía desarrollar plenamente su trabajo. Para un observador externo, incluso para un niño, la diferencia es abismal. ¿Pensarán lo mismo los integrantes de mis equipos? De una u otra forma, no tengo duda de que el esfuerzo vale la pena.

Me cambio de ropa y dejo lo que llevaba puesto en un montón. Voy a la cocina y mi gato Antón hoy parece que no tiene mucha hambre. Apenas ha comido. Creo que intuye que otra vez se va a ir con mi hermana por unos días.

Ya estoy lista. Pensaba que iban a tardar menos, la verdad. Me pongo a destender la ropa. En cuanto lleguen, lo dejo. También tengo que planchar las camisas, pero eso sí que no me da tiempo ahora.

Llaman al timbre, por fin.

Abro la puerta. No es María. Ni su novio. Es el repartidor de amazon.

En cuanto me ve, se asusta y se retira. Estira los brazos todo lo que puede para darme el paquete, y se va rápidamente. No necesito firmar el acuse de recibo. Llevaba mascarilla puesta.
Me quedo inmóvil en la puerta. No puedo salir ni entrar. Tras unos segundos, se escucha el estruendo de la puerta del portal cuando el repartidor sale. El silencio es sepulcral. Miro el parque desde la ventana del portal y está completamente vacío.

puerta4Decido entrar para ver qué hay el paquete. Lo abro y aparece una pequeña cajita. Son unos auriculares inalámbricos. No recordaba que los había comprado para estar más cómoda durante las formaciones en línea.

Resignada, me quito los zapatos de tacón y me cambio de nuevo de ropa. Me pongo el pijama y la bata. Creo que es un buen momento para sacar la tabla de planchar. Mañana no tengo que madrugar, así que luego me podré poner a ordenar el armario, que ahora que está repleto de ropa. Luego, seguiré avanzando en la preparación de mis sesiones. Por la tarde estrenaré estos auriculares nuevos.

Ya veré a María otro día. Ahora ya no es cuando quiera, es cuando pueda. Ahora pondré un poco más de mi parte. Esta vez sí que quiero conocer a este chaval.

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