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Regalo de jubilación: Mercedes 300

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Hoy es domingo por la mañana, día de lavar el coche. Puede parecer la tarea menos apetecible para hacer en un día soleado como hoy, pero para mí es un despliegue de medios que siempre culmina en perfección. De hecho, estoy tremendamente agradecido por esta mañana radiante que aleja la lluvia de los cristales y dejará reflejar los rayos del sol a lo largo de su carrocería.

mercedes2Mi coche es un Citroën Xsara. Nada del otro mundo, pero es mi coche y debo tratarlo con los cuidados que se merece. Me hubiera gustado tener un Mercedes Clásico, un 300. Si pasara más tiempo en el pueblo, lo compraría. Sin embargo, aquí tan sólo me puedo permitir una angosta plaza de garaje ocupada por mi Citroën. En cualquier caso, no podría prescindir de este coche. Además, compartir cochera no sería el lugar idóneo para él.

Marcos está conmigo. De pequeño se ponía muy rebelde cada vez que enchufábamos la manguera porque siempre se mojaba hasta la punta del calcetín. Ahora es él quien me pregunta durante la semana si este domingo tenemos cita en la estación de lavado. Supongo que llegará un momento en el que deje de prestarle atención a estos ratos que pasamos juntos, pero, mientras llegue ese día, aprovecharé cada instante de su compañía.

Antes de comenzar con el enjabonado hacemos la revisión rutinaria de aire en los neumáticos. Mientras tanto, yo me agacho para comprobar que no gotea agua ni aceite. Todo en orden.

Comenzamos a sacar el kit del maletero: paños para el interior del cristal y para quitar el polvo en el salpicadero. Retiro y sacudo las alfombras, recogemos las botellas vacías, papeles y otros restos de basura. Aunque tenemos un limpiacristales de mano, Marcos utiliza el de la estación de servicio porque le resulta más cómodo. Yo preferiría el nuestro, que siempre está más limpio, pero cada cual a su oficio.

mercedes11Para media mañana ya hemos terminado y nos preparamos para ir al bar del polígono a almorzar, cita habitual. ¡Una caña y un buen torrezno no me lo quita nadie!

Lo cierto es que no venimos tan a menudo a limpiar el coche, por lo que, cuando se presenta la ocasión, hay que aprovechar. A mí, apenas me toca conducirlo. Trabajo en un despacho al que, por suerte, puedo ir en transporte público a trabajar. Tan sólo lo necesito para desplazamientos esporádicos con visitas. Yo apenas tengo que viajar, con lo que prácticamente no se ensucia.

De pequeño, me tocaba prácticamente todos los fines de semana. Era el ritual y mi padre, como yo, ponía siempre mucho esmero para asegurarse, sobre todo, de que los limpiaparabrisas no iban a dejar rastro en el cristal si hacía falta utilizarlos. Tenía la sistemática perfecta y le permitía poner de nuevo su espacio de trabajo en orden esperando una nueva semana de trayectos por carretera.

Recuerdo perfectamente el olor del jabón que usábamos, distinto del que tenemos ahora, seguro que mucho más industrial. Era muy intenso. No quiero decir que fuera lejía, pero ciertamente, aunque no fuera en su totalidad, seguro que estaba presente en un porcentaje. Lo sé porque todavía hoy, cuando vuelvo a casa y echan a la calle el cubo de agua sucia después de limpiar el portal, me viene a la mente ese olor.

mercedes4Algún día tendré un Mercedes 300. Es el coche favorito de mi padre. En su época, claro está, no era un coche clásico, y su uso estaba más extendido. Tan sólo no se lo pudo permitir. Él viajaba en un R6 y era afortunado, porque a la mayor parte de la gente les tocaba desplazarse en transporte público.

Nunca se lo llegó a comprar, no le dio tiempo. Ni de comprarse coche, ni de ver cómo yo perdía el interés por acompañarle a lavar el coche. De un día para otro dejó de viajar. Dejó de estar. Me dejó.

Por mi parte, he pasado años alejado de mi gran afición. Al principio, porque no tenía coche para limpiar. Después, porque no tiene ningún interés ir solo. Ahora, puedo volver a disfrutar de nuevo de mi ritual con la compañía de Marcos.

Me compraré un Mercedes 300 por mi jubilación. Seguro que mis nietos gozarán tanto como yo lo hubiera hecho si mi padre hubiera tenido ese coche en mi infancia.

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3, 2 y 1

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Necesito tres bandejas. En la primera coloco las zapatillas que previamente me he desabrochado y tengo listas para quitarme rápidamente. Junto a ellas va el foulard que siempre viaja conmigo y normalmente una chaqueta fina. Afortunadamente, en la mayoría de los casos me toca desplazarme a lugares en los que hace una temperatura que no baja de los 10ºC, lo que me permite viajar cómodamente con poco equipaje en la maleta. Aquí también dejo el reloj, el billete de avión y el pasaporte. Para pasar el control en India es necesario presentarlo en mano para que lo sellen. No me he dado cuenta y esta vez también lo he preparado, con lo que lo dejo en la primera bandeja para ser lo primero que tenga a mano cuando pase el arco de seguridad.

3212En la segunda bandeja coloco el portátil. Sólo.

La tercera está reservada para el resto de la mochila, sin portátil, y el bolso de mano. Equipaje voluminoso, pero fácil de recoger.
No hay rastreo aleatorio antidrogas ni inspección visual de la mochila. El paso por el control es rápido y sin incidencias. Rutinario.

Me dirijo a la T4, terminal de salidas internacionales, como siempre. Bajo las escaleras mecánicas hacia el tren que nos traslada a la terminal satélite para llegar a la zona de duty free.

Me quedan unas tres horas de espera. He venido sin prisa, no me gusta llegar apurada. Me acerco hacia la esquina de la derecha. Cuando empecé a venir aquí era un Burguer King. Ahora se ha convertido en un bar andaluz. Inspecciono cuidadosamente los asientos libres para asegurarme de que hay un cargador cerca disponible. Pido una cerveza y me siento a esperar, aprovechando para cargar el móvil o el portátil según lo que más necesite.

Normalmente vuelo en trayectos nocturnos, pero esta vez me toca una ruta de día. La diferencia horaria en el regreso es de 5 y 8 horas más. Esta diferencia a la que se tiene que acostumbrar el cuerpo es más difícil de asimilar en este viaje de ida. Al regreso, el paso de adaptación es más liviano, ya que gano estas horas a la carrera de las agujas del reloj.

3213Normalmente viajo a Asia, principalmente a India. Esta vez es diferente. Hoy me toca cambio de rumbo hacia el continente americano, hacia la conquista del Perú. Cambio de destino. Parece anecdótico que en este decenio de mi vida lo único que ha permanecido es que sigo saliendo recurrentemente de esta misma terminal rumbo a la conquista del mundo exterior.

He representado a 3 empresas diferentes localizadas en 3 ciudades distintas viajando a 2 continentes siempre bajo los intereses de un mismo país. España, país que ha visto partir durante siglos a gente valiente en busca de un futuro más próspero, que ha disfrutado de la gloria del imperio que no se ponía jamás y que se ha nutrido del trasfondo cultural de los pueblos con los que ha convivido y que han permitido forjarme tal y como soy.

No soy nada especial. No soy nada convencional. No tengo un punto de partida fijo, ni un punto de destino. Lo que sí comparto es un origen muy arraigado y firme.

Comencé siendo joven, mujer, hablando tan sólo un idioma materno y chapurreando inglés. Hoy puedo expresarme en 2 idiomas extranjeros y el vascuence, que me permite comprender más acerca de mi origen. Sigo siendo mujer, pero estoy dejando escapar la juventud.
La terminal permanece, pero incluso su aeropuerto ha pasado de llamarse Barajas a Adolfo Suárez en busca de esa reconstrucción inacabada de un proyecto común constitucional, quizás de sentimiento de país, quién sabe.

3214Una terminal, la de salidas, siempre abarrotada de gente. Ruido exterior dentro de mi paz interior. El destino es distinto, pero el rumbo es contante. Voy hacia el descubrimiento de nuevas realidades que me permiten valorar cada día más los pequeños placeres de la vida, a ser agradecida por lo que tengo, a dejar una pequeña aportación en el mundo globalizado que lleve a esas gentes a apreciar lo más valioso que tienen, lo que los representa, a disfrutar.

-"En breves momentos vamos a proceder al aterrizaje. Por favor, abróchense los cinturones"- se escucha desde megafonía.

¡Qué maravilloso es sentirse en casa en tierras lejanas!

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Comienza el partido

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Los árbitros ya han salido al campo. Los jugadores deben de estar preparados en el vestuario para salir. Parece que no hay muchos aficionados, con lo que la tarde se presenta un poco aburrida. Aún así, estos segundos iniciales son siempre de nervios. En base a todos los partidos que he visto este último año, yo diría que es un momento crucial para el desarrollo óptimo del juego hasta el final.

Como hemos venido justos de tiempo a Donosti, he dejado a Ibai en el estadio y nos hemos ido a aparcar en el barrio del piso de mi hermano, donde siempre que juega nos quedamos a dormir. No está muy lejos de aquí por lo que, cuando hay partido, siempre es más difícil aparcar. ¡Una lástima que no tenga también plaza de garaje!

partido2Hoy no juega Iker. Hago el recuento para contrastarlo y, efectivamente, es así. Al parecer tiene una pequeña lesión en el gemelo y le han recomendado descanso. Iker es del mismo pueblo que Ibai. Los ficharon el año pasado de la cantera del equipo de primera división y durante todo el año los han llevado a entrenar en taxi.

En principio, el acuerdo es para dos temporadas hasta que se pasen a firmar contratos oficiales. Esto ocurre a partir de los 14 años, pero a Ibai lo ficharon con 12 años, con lo que no sabemos realmente cómo lo harán. Él quería pasar a jugar en el equipo del pueblo más cercano, un poquito más grande. En la liga regional del año pasado, mi hijo destacó en varios partidos, con lo que podía ser previsible que le propusieran esta posibilidad de ascender. Hace unos años Josu, otro chico del pueblo, también estuvo en la misma situación.

Lo cierto es que a mí me encantaría que fuera futbolista profesional, pero la verdad es que no me hacía nada de gracia tener que llevarle todos los días a entrenar al pueblo de al lado. Por eso estuve un tiempo diciéndole que el fútbol no era una salida profesional con futuro. Sin embargo, cuando lo llamaron para trabajar en la Real, mi percepción cambió. Además de ser un equipo con mayor proyección, no tenía que estar pendiente de él.

Ahora estoy condicionada los fines de semana, pero me lo tomo como una excusa para hacer salidas. Mientras Ibai se queda con su padre preparando los partidos, yo hago turismo y me voy de pintxos con las madres de Iker y de otros compañeros.

partido3No puedo decir que es un plan para salir de la rutina porque intento todos los días ir de poteo antes de llegar a casa. Trabajo a una distancia a pie y los abuelos están cuidando de mis hijos hasta que llego. Lo que sí me gusta es cambiar de aires de vez en cuando.

Desde que empecé a trabajar he estado siempre en la misma empresa. Empecé a trabajar en línea montando piezas. Poco después me insistieron para que estudiara un módulo y al poco tiempo y con mucha labia me pasaron a oficina. Tanto es así que me han ofrecido puestos de más responsabilidad, pero ¡qué necesidad tengo yo de viajar o de cargar con la responsabilidad si algo no sale bien!

En mi pueblo siempre ha habido trabajo y mi sueldo, de base, es más alto que el de otras personas con responsabilidad que viven en otras zonas, con lo que prefiero seguir así, en medio de muchas cosas y no haciendo nada que me produzca estrés.

¡Gol de Ibai! Mi hijo es central, pero sí que es cierto que mete goles impresionantes, aunque lo que mejor se le dan son los pases. Sus compañeros delanteros son los encargados de sacar el partido, pero como en general los equipos contra los que juega son de menor nivel, no se tienen que esforzar mucho.

partido4Lo cierto es que yo también trabajo así. Contar con un equipo exigente me obligaría a esforzarme más y no hay necesidad. Soy socia cooperativista y no me van a echar. Por eso es mejor estar rodeada de compañeros que tengan la misma idea; así no me resulta difícil ser imprescindible para la empresa de vez en cuando.

Josu estuvo dos años en el equipo y después no le renovaron pasándolo a alevines. No creo que fuera porque no se esforzó lo suficiente, simplemente es muy difícil pasar la criba. Yo le advierto a mi hijo de que no se haga ilusiones, pero él no cesa de entrenar.

Creo que lo conseguirá, aunque a mí realmente no me parece que tanto esfuerzo valga la pena, pese a que logre su recompensa. En cualquier caso, no lo voy a desanimar. ¡Quién sabe si en algún momento tendré que pedirle algún favor!

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