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El último guerrillero independentista de la India

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En el nordeste de la India, donde combate el último guerrillero independentista. Guwahati, Assam.

Navegando por la calma del río Brahmaputra, colándonos por entre sus islotes rocosos, avistando un delfín, un rinoceronte o algún mono saltando de rama en rama o esperando que atraque una de esas barcazas repletas de pasajeros, no se nos ocurre pensar en la violencia que conoce el Nordeste indio. Una violencia de la que se habla poquísimo tanto en la propia India como en el extranjero. Y, sin embargo, es precisamente aquí, entre las plantas del té de las plantaciones, a la sombra de los naranjales y en los márgenes de los arrozales donde prosigue el combate secesionista que, guerrillero2en los últimos treinta años ha causado ya más de diez mil muertos. Las siglas de las distintas facciones implicadas son tantas que citarlas aburriría al más pintado. Cada una pelea por lo suyo: la secesión, la autonomía, la independencia, más poder, menos abusos.

En 2012 se disputó un importante partido de fútbol que reuniese a los "ejércitos de la hermandad de los insurgentes". Uno de éstos, en 2016, masacró a catorce personas en el mercado de Balajan mandando a seis terroristas en vespa al escenario del crimen.

Para protestar contra los actos de celebración de la República, hicieron explotar nueve artefactos y lo anunciaron esa misma mañana en una rueda de prensa por boca del fantasmagórico comandante en jefe del ULFA (United Liberation Front of Asom), el Frente Unido para la Liberación de Assam.

"La Fiesta de la República india -tal y como declaró el sexagenario líder Paresh Baruah- ha de ser boicoteada pues sólo sirve para recordar la colonización de nuestras tierras", es decir, los estados del Nordeste: Manipur, Meghalaya, Tripura, Assam, Bodoland, Nagaland y Mizoram.

guerrillero3En ese famoso partido de 2012, Baruah jugó de portero. En un equipo se unieron tres ejércitos: el ULFA, el NDFB (Frente Democrático del Bodoland) y el Consejo Nacionalista Socialista del Nagaland. En el otro, el Ejército Popular para la Liberación de Manipur. Se trataba de volver a compactar un frente disgregado por el Ejército y los servicios de inteligencia indios, un desgaste que forzó a Baruah a enfrentarse, por su lado, con el ULFA originario, conducido por su primo Golap Baruah.

Se trató de unna guerra fraticida que recoge muy bien como telón de fondo la novela La casa de las mil historias del escritor asamés Aruni Kashyap, quien me contó su vida en medio de la lucha de los guerrilleros.

"A partir de los años noventa, el gobierno ofreció dinero y rehabilitación a todos los insurgentes del ULFA a cambio de información sobre los recalcitrantes. Las fuerzas rebeldes, por su parte, ajusticiaron a muchos colaboracionistas. Y el gobierno les facilitó armas a los arrepentidos para que se pudieran defender". En respuesta al ULFA nació, pues, el SULFA, verbi gratia, los Surrendered ULFA, los arrepentidos.

"Fue el comienzo de una guerra civil. Vendettas, represalias directas, ejecuciones sumarias."

guerrilero4"El ULFA golpeaba a las dianas móviles: a los familiares, a los mejores amigos, a la exnovia con la que se había acabado diez años antes. Se trataba, en fin, de lo que se dio en llamar limpieza de Asam. De vez en cuando, se descubría cuerpos en descomposición, una mandíbula, un dedo, dientes. Los cadáveres iban siendo despedazados y sus restos sembrados por los campos de manera a dificultar su identificacion", prosigue Kashyap.

La subsiguiente rendición fue masiva, casi completa. Pero el irreductible Paresh Baruah sigue combatiendo. Y no hay quien le eche el guante.

Ahora, además de la hermandad entre los ejércitos más pequeños, el hombre prepara asaltos y atentados con bomba. Lanza amenazas a los cantantes que cantan en hindi en vez de en assamés. Y la toma también con el cine: un director de cine de Assam le ha mandado un post en Facebook quejándose de que no se estaba proyectando su película en assamés y que se le prefería los ballets hindis de Bollywood.

Inmediatamente, muchos programadores cinematográficos proyectaron la película, aterrorizados con la idea de que sus locales pudieran saltar por los aires.

¿Por qué, entonces, no se le puede conceder más autonomía a Estados como los del Nordeste indio, que tienen una lengua distinta y están geográficamente lejos del subcontinente?

"Está claro: porque Assam posee muchas reservas de petróleo y produce mucho té, porque se trata de un país rico -responde Kashyap-. Pero ocurre que todavía está subdesarrollado. Los que se rebelan tienen motivos. No basta eliminar la estructura de la protesta, hay que ir al origen del conflicto."

En realidad, es lo que están reclamando los rebeldes, que protestan contra la privatización de doce pozos petrolíferos por orden del gobierno de Delhi. Algo que no parece que pueda aprovechar directamente a los assameses.

guerrillero5Pero la situación tampoco se arregla por el papel de estorbo que ejercen los Estados vecinos. En este sentido, si es cierto que Bhután ha desmontado las bases de los rebeldes que se encontraban en su territorio, en el norte de Bangladés y de Birmania la situación es completamente distinta.

Lo que es peor: los servicios de inteligencia indios mantienen que el potente Baruah se ha ido escapando vivo de todo gracias a un visado turístico chino y a un pasaporte de Bangladés en el que figura bajo el seudónimo de Kamrul Zaman.

Se dice que está también en contacto con la inteligencia pakistaní. Y que puede, incluso, que sean los propios espías extranjeros los que le estén impidiendo entregarse y mediar para así evitar que revele las tramas que lo han mantenido en vida y en el poder. Baruah no sería más que un rehén de su propia estrategia y de sus protectores.

Cómo los quinceañeros japoneses combaten la soledad

soledadjapo1Pantallas, láser y desafíos grupales se convierten en antídoto a la alienación.

Mientras que en el resto del mundo las salas de juegos se convierten a menudo en antros donde se trapichea y reina la violencia, en Japón, gracias a una estrategia comercial muy concreta, están viviendo un glorioso renacimiento. En la foto, un grupo de cosplay.

Carlo Pizzati,
Tokyo.

soledadjapo7En los mejores barrios de la capital nipona llaman la atención unos edificios de seis o siete plantas que parecerían de Lego si no fuera por el modo en que resplandecen en las ventanas sus variopintos letreros. Por la planta baja, uno ingresa en la atmósfera de alegre cacofonía electrónica del último grito en videojuegos. Hay quien se entrega a un desenfrenado baile con el que, tip tap, tip tap, intenta golpear platos luminosos en el suelo y quien se ha puesto unos guantes antibacterias (característicos de la obsesión higienista japonesa) para liarse a tortas con una pantalla circular.

En la pantalla van apareciendo flechas y globos fluorescentes que hay que atrapar siguiendo un ritmo. Estos jugadores parecen naúfragos desesperados e hipnotizados llamando a la ventanilla de una gran nave virtual que los rescate de la realidad. Pero no es así. Ni mucho menos.

Durante los últimos años, los jóvenes tokyotas abarrotan, en pleno revival de las arcades, los salones de juegos recreativos que en el resto del mundo se han convertido a menudo en antros donde se trapichea y reina la violencia. Sin embargo, aquí, gracias a una estrategia comercial muy concreta, están viviendo un renacimiento glorioso. Estamos hablando de actividades empresariales que, en Japón, han alcanzado cifras de récord: el mercado de las apps, consolas familiares y videojuegos de salón representa un volumen de negocio de 8 000 millones de euros. Y es que los japoneses se gastan en videojuegos más que nadie en el mundo: 110 euros per cápita al año, lo que representa el doble de la media europea.

Con todo, los datos económicos no explican la importancia social que ha cobrado este fenómeno en el marco de una cultura compleja. Una cultura que le ha regalado al mundo la palabra otaku, que se refiere a ese individuo monomaníaco o socialmente aislado que ha optado por refugiarse en la realidad digital.

soledadjapo2Porque en los salones de Sega, Round One o Taito es donde se puede estar efectivamente solos aunque a la vista del público. Uno se encuentra aislado en el juego pero, simultáneamente, enganchado a la posibilidad de encontrar a alguien jugándolo. Uno vive la sublimación de la típica batalla de los deportes de competición pero también la narrativa de videojuegos como World of Warcraft, algo más parecido a un empleo, una rutina, un progreso cotidiano aunque infinito en el que se se avanza junto a virtuales compañeros de viaje o de batalla.

En el reducido espacio de las viviendas japonesas es difícil encontrar reductos donde instalar consolas para jugar con los amigos. Así que, aquí, el salón de juegos sigue cumpliendo la función de espacio de atracción pública que tenía en Occidente en los tiempos de Space Invaders, Frogger y Pac-Man.

Es así como en el salón Round One del barrio de Ikebukuro se puede observar a jugadoras quinceañeras vestidas con esos reclamos de los años '50 con los que sigue obsesionado Japón: minifaldas que realzan la longitud de las piernas, ombreras y quedadas cosplay por doquier. Niñas que babean de admiración ante un guapo coetáneo que está batiendo un récord. La pantalla se convierte, de este modo, en un espejo en el escudriñarse o a través del cual conocer a otras personas, interaccionar en esta realidad y no sólo como amigos virtuales en las redes sociales.

soledadjapo8Fumihiro Ishiwata, community leader del juego de ritmos Precise lo explica de este modo: "Mientras jugaba para conseguir la puntuación más alta me hice un porrón de amigos. Así es como el gaming se ha vuelto una manera de hacer muchos amigos más que de conquistar cualquier tipo de cima."

Los salones japoneses responden asimismo a una jerarquización que se aprecia también a nivel arquitectónico. Lo explica Umehara, "la Bestia", indiscutible campeón mundial de street fighting: "Te encuentras a los jugadores más experimentados en el último piso. Los menos diestros, en la planta baja. Cuanto más te implicas en este mundo, más ves que vas subiendo de piso en los salones." Literalmente.

En el primer piso están también los simuladores de juegos de azar. Caballos de carreras en 3D por los que apostar galopan dentro de grandes pantallas de alta definición. Es como estar en el hipódromo pero sólo se pierden fichas. En el tercer piso te topas con los simuladores de vuelo. Se asemejan a los que hay en las escuelas de adiestramiento de pilotos y en el interior de sus cabinas, que se estremecen a cada explosión, parece que estuvieran los jóvenes kamikazes de la Segunda Guerra Mundial. Y en el piso de arriba del todo, por fin, los campeones, los que no se andan con chiquitas.

Los videojuegos está ganando adeptos por todo el mundo. De los casi 3 000 millones de personas que tienen acceso a Internet, 1 800 millones son gamers, que llegan a gastarse en el sector 80 000 millones de euros. Los videojuegos interesan a Hollywood desde hace 15 añossoledadjapo4 pero ahora se está trabajando en el desarrollo de películas a partir de aplicaciones. Se encuentra en fase de proyecto un largometraje inspirado en Fruit Ninja y el hijo de Mel Brooks y Anne Bancroft acaba de publicar una novela apadrinada por Majong que está completamente ambientado en la app Minecraft.

Las estadísticas dicen que la llegada de las consolas familiares ha reducido el horario de trabajo de los ociosos [svagati] millenials. Pero hay que saber también que la californiana Activision Blizzard ofrece 50 000 dólares a los mejores jugadores que se exhiben en público. Las empresas promueven el producto. Y los campeones viven de ello.

Mientras tanto, Japón, uno de los países con mayor porcentaje de suicidios entre los jóvenes, cuenta ahora con los videojuegos y los grandes salones (donde también se puede jugar a los bolos y al ping pong) para asumir una función social agregadora y no alienante.

"Mejor las muñecas y los mangas", o cómo los japoneses se despiden del sexo

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Aumenta el número de jóvenes que no mantienen relaciones sexuales. La abstinencia se da también en las parejas.

Un sonriente individuo en los cincuenta deambula por el tercer piso de un edificio del barrio de Akihabara, capital mundial del anime. Está buscando algo en medio del estrépito de los videojuegos y las siglas de los dibujos animados japoneses. Introduce una monedita en una máquina distribuidora dentro de la que un brazo-grúa se activa y agarra un cojín estampado con la imagen de una preadolescente en minifalda, la diva de un manga. El tipo se va feliz abrazando su onanístico juguete. Ésta es la imagen que sintetiza japoneses4mejor la serie de problemas que acucian Japón, que empiezan por la crisis del sexo y acaban en el decrecimiento del producto interior bruto y la posible quiebra del sistema de pensiones.

Según las últimas estadísticas, lo que está, de hecho, ocurriendo es que las complicaciones libidinales en un número creciente de japoneses están conformando una tormenta perfecta. Éstos son sus factores. En primer lugar, está aumentando desmedidamente el el porcentaje de vírgenes casi cuarentañeras. En segundo lugar, las parejas casadas de entre 35 y 50 años practican poquísimo el coito. Mientras tanto, proliferan las waifu, esas mujeres virtuales a las que los reclusos digitales de los otaku viven pegados en sus minúsculas habitaciones. Y todo ello al punto que un economista ha llegado a proponer un "impuesto a los guapos" para hacerles pagar a éstos una tasa que convierta a los feúchos empollones en individuos al menos más atractivos desde el punto de vista económico. Aumenta asimismo el número de situaciones en las que el marido convive con un maniquí mudo (a menudo en el marco de un triángulo amoroso en el que a la mujer le repugna el sexo). Y esto ocurre al mismo tiempo que una legión de machistas llaman "mujeres del diablo"a aquéllas que decidieron retomar su carrera profesional después de haber alumbrado una progenie, lo que está empujando al 70% de las madres primerizas a no volver al trabajo.

japoneses2La colegiala

En el imaginario de un creciente número de varones lo único que se demuestra capaz de regalar la felicidad es el simulacro manga de colegiala. Muchos asalariados estresados por el trabajo y la familia no alcanzan a encontrar el mínimo retazo de felicidad si no es echando mano a sus recuerdos de adolescencia. Consideremos los datos que confirman esta situación de "extraño Japón" ateniéndonos a hechos y no a estereotipos culturales. La sekkusu shinai shokogun o "síndrome del celibato" existe realmente. Los datos estadísticos del Instituto de Investigaciones Sociales y Poblacionales confirman que el 70% de los solteros y el 60% de las núbiles entre los 18 y los 34 años no mantienen relaciones sexuales. Y que el 42% de los varones y el 44,2% de las féminas reconocen ser aún vírgenes.

La cosa no está mucho más boyante entre los adultos. Sólo un tercio de las parejas casadas tienen relaciones sexuales una vez por semana. Por cierto, según una encuesta de la Asociación para la Planificación Familiar, la mitad de los entrevistados entre 16 y 49 años no ha hecho el amor durante el último mes, lo que representa un aumento del 5% con arreglo a lo que ocurría hace dos años.

japoneses5¿Por qué Japón no quiere fornicar? Los entrevistados responden que es a causa del agotamiento con el que la gente llega a casa después de una jornada laboral pero es que también interviene la estrategia de evitación de las complicaciones emotivas en la relación con cualquier otro ser humano. Para el 23% de las mujeres casadas, el sexo es "un fastidio" mientras que para casi el 18% de los hombres el interés por el sexo con una mujer varía de "escaso" a "realmente muy escaso". Así que más vale un maniquí o un cómic. Y, dentro de poco, los robots.

Los expertos hablan de huida de la intimidad en el marco de una economía muy desarrollada aunque con grandes desigualdades de género. Hace tres años, Japón alcanzó el punto de crecimiento demográfico más bajo de su historia. Si las cosas siguen así, dentro de 50 años, su población podría descender de los 120 millones de habitantes actuales a los 87 millones.
 
Pañales para todos  

Japón es un archipiélago montañoso superpoblado. Sin embargo, el problema radica en que la pirámide de las pensiones, compuesta hasta hace veinte años por una población joven que sostenía menos ancianos, ahora está invertida. Japón es el país con el mayor porcentaje de ancianos del mundo. La venta de pañales para la incontinencia en los mayores ha superado japoneses3a la correspondiente para neonatos. Los homicidios, los atracos y los hurtos cometidos por la tercera edad han aumentado un 5.000% en veinte años. Los presos mayores de 65 años representan hoy el 20% de la población reclusa. Otro record mundial.

En una nación donde la mitad de la gente joven no quiere holgar y cada vez más ancianos se entregan al crimen, si el crecimiento económico persiste en su encefalograma plano y la relación deuda pública / PIB no mejora, los japoneses no serán nunca capaces de enfrentarse con éxito al déficit.

Así que no hay más remedio que hacer más el amor. ¿Es posible que uno de los pasatiempos más agradables del mundo se convierta en la solución? No queda otra: forniquemos más para salvar Japón.

 

<Publicado en La Stampa el 07/07/2017>

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