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2099, año cero

cero1

14 de septiembre, diez de la mañana. El helicóptero de la policía sobrevolaba la manifestación para medir la afluencia y todas corearon al unísono, de forma atronadora y provocadora: “ito, ito, ito, que se caiga el pajarito”. La siniestra ave se alejó y todas, a coro, continuaron cantando el himno del movimiento ecolofeminista universal. "Ai biliv in eingelsssssssssss, ai jav a drimmmmm", resonaban las calles. Estaba claro que había superado con creces el millón de personas, las calles estaban abarrotadas, rugientes. A la cabeza, portando la pancarta que rezaba “TODAS CON RAMONA” y chillando de forma colérica, iba la activista gitana Susana Jiménez, que había invitado a Conchi a marchar junto a ella. Llegaron lentamente a la plaza. Susana subió al escenario y lanzó su perorata habitual ecolofeminista contra los demonios del patriarcado contaminador denunciando el asesinato de Ramona Kellerman. El cuerpo de la activista había aparecido en un descampado a las afueras de la ciudad. Los disturbios se habían sucedido desde entonces en protesta por lo que las feministas afirmaban era un asesinato perpetrado por el aparato estatal machirulo.

cero2Terminó el emocionante acto. Conchi estaba eufórica. Caminó hasta el aparcamiento donde tenía estacionado su Cayenne Turboeléctrico, iba como flotando en una nube, incluso excitada. Susana la acompañó hasta la puerta y para despedirse intentó besarla en la boca, pero Conchi le hizo la cobra con cara de asco. Pisó a fondo el acelerador hasta salir de la ciudad infestada de mujeres, después cogió la autopista y llegó a la circunvalación. Se desvió en la segunda salida y llegó a la barrera de entrada de la urbanización. El guarda la identificó y abrió. Las onduladas calles del interior estaban tan desérticas como de costumbre. Aparcó en el sótano y pudo ver que el Mercedes que solía utilizar David estaba aparcado. Eso la excitó. Subió corriendo las escaleras hasta el tercer piso y abrió el dormitorio de su marido sin llamar. Él estaba en la ducha. Ella se desnudó apresuradamente y entró en la ducha. David puso cara de asustado.

-Hola guapo, ¿te alegras de verme?
-ho, ho ho... hola Conchi. Pensé que hoy dormirías en el centro.
-No, la ciudad estaba insoportable. David, estoy muy excitada....

Le echó mano al pene, pero estaba flácido. David se apartaba, pero ella comenzó a frotarlo y frotarlo.

-Ven aquí, anda, guapo, que tengo ganas.
-Conchi, no, estoy muy cansado, no creo que consiga una erección.
-Está bien, pero no podrás negarte a....

Conchi lo sacó del baño hasta la cama. Abrió un cajón y sacó un vibrador gordo y negro. Se tumbó y se lo metió en la vagina. Lo puso a máxima velocidad. Estaba muy lubricada desde la manifestación, habían sido emociones fuertes. Comenzó a tocarse el clítoris mientras el dildo hacía su trabajo dentro. David contemplaba todo como asustado. Entonces lo llamó a capítulo.

-Venga, vamos, es tu turno, cariño.
-Conchi, de verdad, que vamos a mancharlo todo.
-Te digo que lo hagas. Luego llamamos a Ricarda y que se lleve las sábanas, que para eso la pagamos.
-Está bien.

Entonces David se subió a la cama y se puso en cuclillas sobre la cara de Conchi. Comenzó a apretar pero ella lo apartó de un manotazo que lo tiró de la cama. Se dio un golpazo contra el suelo.

-DAVID, MIRA QUE TE LO TENGO DICHO.
-Pero qué pasa ahora.
-MIRA QUE TE LO TENGO DICHO. Te huele el ano a cloro.
-Conchi, no, no es lo que parece.
-Te lo he dicho mil veces, que no me importa que seas guei. Pero que en la sauna te contagiaron el SIDA, joder.
-No he estado en la sauna, Conchi, te lo juro, que he estado nadando en la piscina. De verdad Conchi....
-No sé si creerte.

La discusión bizantina continuó unos minutos, y fue creciendo, sobretodo el tono de Conchi y sus circunloquios hacia ninguna conclusión. David puso su cara de salvapantallas, la cara de escuchar sin escuchar. se fue vistiendo a la carrera, tropezándose, a trompicones. La interrumpió mientras se calzaba.

-Conchi, todo lo que dices es cierto, pero acabo de recordar que tengo algo urgente que hacer en el centro. Volveré la semana que viene.
-O sea, que yo me quedo aquí otra vez con los niños y tú te vas de picos pardos.
-Conchi, Alejandra está en Irlanda en el internado, y de Daniela ya se ocupa Ricarda.
-¿Y de mi calentón quién se ocupa?
-Llama a Pelayo, por mí no hay problema, ya sabes.

David puso pies en polvorosa mientras escuchaba cómo continuaba de fondo la diatriba de Conchi. De fondo. Gritos. De fondo. Gritos de fondo, hasta que llegó al garaje. Eligió el BMW Turboeléctrico y se sumergió en la conducción. Puso música a todo volumen y apretó el acelerador. Salió por la barrera de la urbanización a toda prisa hasta la circunvalación, donde pisó a fondo y puso el coche casi a ciento noventa. Se saltó el primer radar y le dio morbo pensar que le habían puesto la decimocuarta multa del mes. Luego salió a la autopista y de un tirón hasta el centro. El tráfico en la almendra central era muy fluido desde que los ecologistas sólo permitían circular a coches eléctricos de residentes. Allí ya casi no vivía nadie, más que los ricos y los guapos. Él tenía tres o cuatro pisos difuminados por la ciudad para cuando le apeteciera quedarse en una zona.

Acero4parcó en su plaza de garaje bajo el rascacielos de su apartamento. Tomó el ascensor y se apeó en el piso treinta y uno. Abrió la puerta y allí le esperaba Vicente. Moreno maduro, guapo, con una barbita morena impecable. Le saludó con un beso con lengua.

-Bueno, David, estarás preparado. Yo estoy muy nervioso.
-He discutido con Conchi y tengo la cabeza como un biombo. Pero la ilusión de ésto lo compensa todo.

David y Vicente compartían la mayoría de su tiempo. Ambos estaban casados, pero hacían más vida en común que con sus esposas. David tenía dos hijos con Conchi, pero Vicen había conseguido no embarazar a Marga con excusas peregrinas. Se habían conocido estudiando odontología, fue amor a primera vista. Llevaban catorce años siendo pareja abierta. Ahora iban a dar un paso más. Habían adoptado una niña china, que llegaría al aeropuerto aquella tarde. Se llamaba Mei.

Hicieron el amor de forma apasionada hasta que dieron las siete de la tarde, el vuelo llegaba a las ocho y diez. Cogieron el coche hasta el aeropuerto con la ilusión de un par de padres primerizos. En las puertas de salida esperaron impacientes. Empezaron a salir chinos por la puerta, el avión sin duda había llegado. Los de la agencia de adopción les habían dicho que se pusieran un cartel con la inscripción “JI-CHUAN”. Por la puerta salió una china de edad indeterminada acompañada por un chino mal encarado que se dirigieron hacia ellos. El hombre, con un rostro amarillo y seriamente inexpresivo, les espetó:

-Aquí la tienen. Filmen este papel y es suya.
-¿Dónde está la niña?
-Aquí la tienen. Es suya -insistió el chino señalando a la muchacha.
-Pero qué dice, estamos esperando un bebé.
-Aquí la tienen. Hablen agencia. Yo tengo marchar. Es suya.
-Pero oiga, no nos tome el pelo.

Vicente intentó agarrar al tipo por la chaqueta, pero este se zafó y salió a toda velocidad hacia la puerta de salida. Despareció entre el gentío. Intentaron comunicarse con la mujer, pero no sabía ni una palabra de cristiano. Llegó un policía. Les dijo que no podían continuar con aquel escándalo. Llamaron a la agencia de adopción. Una mujer con acento chino les dijo que aquella era Mei.

-Señorita, no me tome el pelo. Hemos pagado medio millón de Euros por una niña china.
-Y tienen niña china. Es suya.
-Esto no es una niña, debe tener unos veinticinco años.
-Es niña. Nosotlos solo intermediarios. Les prometieron niña y tienen niña de China.
-LE REPITO QUE ESTO NO ES UNA NIÑA, ES UNA MUJER HECHA Y DERECHA, Y CREO QUE ME QUEDO CORTO CON LA EDAD.
-No glite. Es suya.

En un momento dado en que David y Vicente gritaban al auricular la otra persona colgó. Volvieron a marcar el teléfono, pero ya nadie lo cogía en la agencia. Un policía les dijo que no podían quedarse discutiendo a voces allí. Cogieron a Mei de la manga y se fueron al aparcamiento a por el coche. Tomaron rumbo al piso de nuevo. Se voceaban el uno al otro echándose la culpa mientras Mei miraba por la ventanilla.

-Ha sido culpa tuya, Vicente, fue tu idea lo de ser padres, perpetuar la especie.
-Tú dijiste que te gustaba la idea, gallina clueca.
-¿Ahora qué hacemos con ésta?
-Estoy mirando los putos papeles y dice claramente que es hija nuestra a todos los efectos. Mei se llama ahora Mei Osorio Gil de Viedma, encima yo soy la madre según ésto, tócate los cataplines, joder.
-Vaya boca de cloaca tienes, no me gustas nada cuando te pones así.

Llegaron al piso. Pidieron sushi para cenar. Mei lo miró con cara de asco. No debían gustarle los japoneses. No sabían qué hacer, así que la encerraron en una habitación hasta que decidieran cuál era la mejor solución. A Vicente se le encendió una bombilla.

cero5-Mira, David, se me ocurre una cosa. ¿Y si la dejamos embarazada?
-Pero tío, estás loco.
-Que sí. Mira, ya que es nuestra, pues la inseminamos y la usamos de viente de alquiler. Luego podemos ponerla a trabajar en un restaurante o una peluquería. O yo qué sé, la vendemos.
-No me veo yo haciendo el amor con una china, ya me cuesta Dios y ayuda hacerlo con Conchi.
-Con una Viagra y mucha imaginación seguro que se puede. Sí, se puede. Podemos.Unidas Podemos.

David accedió a regañadientes. El plan era conseguir preñarla. Se repartieron turnos eyaculatorios. La dejaron encerrada en la habitación atada a la cama con las piernas abiertas para facilitar la penetración. Fueron semanas de Viagra y cansancio escrotal. Polvo tras polvo se les iba la vida. A los treinta días de aquel maratón se dieron cuenta de que no la había venido el periodo. Se abrazaron y volvió la ilusión, lo habían conseguido. La estrafalaria idea de Vicente parecía que había dado genialmente frutos. Concertaron una cita con Juan Verans, un amigo ginecólogo con el que podían ser sinceros. Juan era también homosexual y padre de familia, de tres hijos. Y por un dinero les atendería el parto o lo que fuera. Acudieron a la consulta y Juan la examinó.

-Las noticias no son buenas. No está embarazada.
-Pero.... bueno, habrá que seguir intentándolo.
-Pues lo lleváis un poco crudo, David. El caso es que esta mujer debe tener unos cincuenta años, y ya ha tenido la menopausia.
-Eso no puede ser. Si aparenta treinta.
-Las orientales engañan mucho. Atiendo habitualmente a las chinas esclavas de un burdel del centro y ninguna baja de los cuarenta, pero las hacen pasar fácilmente por chicas de veinte o treinta. Las orientales cuando cumplen los quince parece que se para el tiempo para ellas hasta los setenta aproximadamente. Pero por fuera, por dentro están muy podridas, os lo aseguro. Las empresas de cátering chinas no las queiren ni para picadillo de ternera.
-Pues ahora a ver qué hacemos.
-Chicos, esta mujer tiene difícil salida. No es el primer caso de timo con las adopciones. Lo que se puede hacer es practicarle la eutanasia ahora aquí mismo. Será indoloro, estad tranquilos. Luego el cuerpo lo recoge una gente que lo disuelven la carne con un ácido y venden el esqueleto y todo ésto, los esqueletos valen una pasta, es otra forma de darles salida a esta chicas cuando se retiran o se ponen enfermas.
-ufff, muchas gracias Juan, qué peso nos quitas de encima.

Vieron con alivio cómo la chica se iba quedando dormida, para siempre. Verans les entregó un acta de defunción, firmaron unos papeles y salieron aliviados. Volvieron a casa. Se abrazaron nada más entrar por la puerta y lloraron. Después hicieron el amor. Durmieron a pierna suelta. Por la mañana se despidieron. David había prometido a Conchi que se irían un fin de semana a Estambul, para limar asperezas matrimoniales.

cero6Habían quedado en el aeropuerto, junto al embarque. Conchi lo esperaba embutida en un vestido carísimo de Gucci color beige. Estaba radiante. Y amable. Le saludó con un beso en la boca. David contuvo el asco que le producía besar a mujeres. El viaje no iba a estar mal. Facturaron el equipaje. Se sentaron en un restaurante de sushi de la terminal hasta que llegó la hora subir al avión. Se dirigieron a la entrada VIP. David entregó su pasaporte a la azafata de tierra y esperó junto al túnel que llevaba al avión a que Conchi entrara. Pero no venía, se debía haber quedado atrás. Siempre hacía lo mismo, siempre había que esperarla. Que le den, pensó, y siguió hacia el avión. Se sentó a esperarla en su enorme asiento bisnes. Entró casi todo el pasaje, pero de Conchi ni rastro. ¿Qué sucedía? Se estaba cabreando, mucho. Despegue, sin Conchi. Por otra parte, mejor, llamaría a Vicente al llegar y éste cogería el primer vuelo para encontrarse con él, al cuerno su mujer paripé. Se tomó tres gintonics y una lorazepam y durmió como un angelito hasta que le despertó el aterrizaje. Salió por la puerta entre turistas rumbo a la recogida de maletas. La suya salió la última junto con la de Conchi, cuando ya casi todo el mundo se había marchado, tres cuartos de hora más tarde. Estaba harto. Bajó las dos Samsonite rojas idénticas de la cinta transportadora y entonces dos enormes policías se echaron sobre él inmobilizándolo. Lo condujeron a rastras hasta una salida donde lo esposaron a un radiador y, delante de él abrieron las maletas. En una de ellas solamente había dos fardos sellados con cinta de embalar. Dos kilos de cocaína.

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9 de agosto, diez de la noche. Ramona Kellerman y Susana Jiménez hacen el amor en su Mercedes Turboeléctrico.

-Vamos, hazlo, Susi, hazlo. Te quiero Susi, vamos. Házmelo.
-No sé si voy a poder, lo intentaré. Me gusta tanto ver tu cara de placer.

Pusieron el asiento en posición horizontal y Susana se colocó en cuclillas sobre la cara de Ramona. Comezó a apretar, pero estaba muy estreñida a causa de su dieta exclusiva de sushi durante semanas. Apretó y apretó, y por fin lo consiguió, salió aquel pedrusco, que cayó sobre el boca de Ramona introduciéndose a causa de la gravedad y la densidad de un golpe hasta la garganta. Ramona comenzó a carraspear. Se levantó de un salto y tiró a Susana hacia un lado. No podía respirar, se ahogaba. Susana la intentó ayudar, pero aquella masa la obstruía las vías respiratorias, se estaba poniendo azul. Ramona boqueó por última vez y cayó como un fardo sobre el asiento. El corazón dejó de latirle. Susana estaba muy asustada. Entonces agarró con todas sus fuerzas el cuerpo desnudo de Ramona y lo arrastró, no son dificultad a causa de sus noventa kilos, fuera del vehículo. En el descampado junto a la autopista no había por supuesto nadie. Dejó el cuerpo, arrancó el coche y pisó el acelerador a fondo.


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Sperm Planet 1

esperma1

2226, año 126 después de Ramona

El vetusto submarino japonés de la segunda guerra mundial alzó el periscopio y, tras observar los destellos de luz que habían acordado, subió a la superficie. La noche era oscura, sin luna, como vagina de loba. Sacaron la lancha neumática y se dirigieron hacia la costa remando en silencio absoluto. La zona estaba desierta, treinta kilómetros al norte de Perth en una franja poco protegida por el Ejército Arcoiris. Desembarcaron sobre la playa y en la loma contigua se encontraban los tres vehículos, que habían sido conducidos hasta allí por tres enormes hombres a los que se veía musculados y con un atuendo extraño: entallado, de un negro favorecedor pero exageradamente limpio y cuidado para ser militar, evidentemente confeccionado por Armani. Los maromos, tras comprobar a través del móvil en sus cuentas bancarias que el fenomenal ingreso en Bitcoins les había sido transferido correctamente, les entregaron las tarjetas de arranque del camión frigorífico y de uno de los coches, el código GPS exacto del almacén con las llaves de la puerta, y se marcharon a toda velocidad conduciendo el tercer vehículo. Las soldadas no parecían muy conforme con lo entregado.

-Joder, este coche llama mucho la atención. -Susana puso mala cara en cuanto vio el Lamborghini Diábolo amarillo pollo que les habían traído.
-Tranquila, Susamari, es que aquí todos los coches son de lujo, estos cerdos viven en la opulencia y el derroche, no hay utilitarios. Pero no va a desentonar entre tanta decadencia.

Romualda y Clotilde abrazaron a Susamari, se cuadraron las tres escenificando el “saludo Ramona” con las manos en forma de vagina y partieron en diferentes direcciones, las dos primeras en el camión frigorífico hacia el Norte y Susamari hacia Perth con el deportivo.

esperma2Estamos en el año 126 después de Ramona. A finales del Siglo XXI después de Cristo las cosas se pusieron feas. Las manifestaciones ecolofeministas contra el patriarcado y el Co2 se multiplicaban por todo el planeta. La presión surtió sus frutos, primero mediante las leyes de paridad, que se implantaron a rajatabal bajo penas de cárcel, pero ellas querían más. Después también consiguieron las “cuotas de discriminación positiva”, copando así por ley el ochenta por ciento de los cargos políticos, mediante los cuales lograron una moratoria que daba el control de los ejércitos a las mujeres por diez años jubilando a todos los mandos masculinos. La cosa se precipitó con la muerte en extrañas circunstancias de Ramona Kellerman, líder del Ecolofeminismo Paneuropeo Antipatriarcado, creado en Bruselas a partir del germen del movimiento MSS (Mujeres Sin Sujetador). Las manifestaciones y la violencia a escala global desembocaron en un internamiento del ochenta por ciento de la población masculina, la que se negaba a aceptar el nuevo orden, primero en guetos, más tarde en megacárceles de trabajos forzados y después, tras aprobarse la solución final, en campos de exterminio.

Los avances en la inseminación artificial se habían disparado desde el año 2050, consiguiendo que la fecundación se pudiera hacer mediante las jeringas Bayer, elaboradas mediante una solución concentrada de espermatozoies sobrealimentados, que podían conseguirse a bajo precio en las farmacias. Los hombres fueron rápidamente apartados por las ecolofeministas, ya no eran necesarios más que para producir semen. Los medios de comunicación y las redes sociales estaban manejados por el poder, ahora detentado por las mujeres mediante la política de terror impuestas por las MSS, y el lavado de cerebro resultó fácil. En menos de un lustro el mundo se había transformado radicalmente.

Después de apenas tres años y medio tras la muerte de Ramona Kellerman, las ecolofeministas habían reducido la población masculina en el setenta por ciento, y en la primavera del año 2099 apenas ya restaba un doce por ciento por eleminar de la faz de la Tierra, prácticamente todos homosexuales, a los que se había respetado porque les parecían un subproducto inofensivo del patriarcado. Pero no todos los gays se habían quedado esperando el fin del hombre. No. En noviembre de 2099 la Alianza Arcoiris, que hasta entonces funcionaba en secreto, dio un golpe de efecto trasladando a todos sus integrantes a Australia. Viendo la barba de sus vecinos heteros rasurar hasta el exterminio, prepararon una salida porque no se fiaban, nunca lo habían hecho, de las mujeres. Fortificaron las costas Australianas, hackearon los sistemas informáticos mundiales de forma masiva y vaciaron los bancos de Bitcoins antes de atrincherarse en el continente oceánico. El 1 de enero de 2100 el Consejo Mundial Femenino les declaró la guerra, pero fracasaron en su ataque porque los gays habían estado varios años armándose hasta los dientes en secreto y aniquilaron al ejército femenino cerca de las islas Salomón cuando ellas se dirigían hacia Australia en la mayor flota jamás construida por el género humano, que fue hundida en su totalidad por un enjambre de certeros misiles lanzados desde las costas del Nuevo Imperio Homosexual. El Presidente del Consejo Mundial Homosexual se fotografió pintando en uno de los misiles con la punta en forma de pene un “Chúpate esa, zorra”.

El camión frigorífico pilotado por Romualda llegó en medio de la oscuridad hasta el almacén. Era una nave industrial dentro de un poblacho con pinta de deshabitado en medio del desierto. Alumbraron hacia la puerta. Clotilde se bajó y abrió el cierre metálico con un gran estruendo. Entraron y pararon el motor. Encendieron las luces y pudieron ver los arcones frigoríficos a los lados. Riquezas sin fin les esperaban, Abrieron el primero, pero estaba vacío. Y el segundo lo mismo, y el tercero, y el cuarto. Comenzaron a desesperarse.

-Romualda, aquí no hay nada, no entiendo qué sucede. Me estoy poniendo atacada.
-Controla tu hipertiroides, Clotilde, y sigamos buscando, la lechecita tiene que aparecer, hemos pagado a esos puercos traidores sodomitas una pasta gansa por ella. Tú sigue con los arcones, yo voy a buscar la vaca mecánica para cargar el camión.
-Será el toro mecánico... uy perdona, sí, la vaca mecánica, no me he dado cuenta.

esperma3No habían contado las ecolofeministas con la perfidia natural de los gays. Los hombres habían sido exterminados tras extraerles todo el semen posible, el suficiente para producir muchas nuevas generaciones humanas. En los campos de exterminio se les exprimía el pene hasta la muerte por deshidratación, y se almacenaba el líquido de la vida en enormes plantas congeladoras. Los nuevos métodos reproductivos harían el resto en las vulvas de las mujeres sin intervención masculina alguna. Pero el día de la revolución gay el ejército arcoiris bombardeo todas las instalaciones frigoríficas destruyendo casi la totalidad del banco de semen mundial, todas excepto en megaalmacen de esperma de Australia situado a las afueras de Perth, que ahora estaría además bajo su control suyo.

La idea estaba clara. Exportar el semen a las ecolofeministas y a cambio que ellas les surtieran de materias primas y de niños que aseguraran la supervivencia en el tiempo de la Australia homosexual. Además, se había estudiado científicamente cómo encaminar a los niños para que desde la cuna se decantaran por la homosexualidad: se había descubierto que un cambio hormonal provocado por la extirpación de la vesícula biliar y la apéndice justo después del nacimiento desactivaba la síntesis de la seropentatonina cerebral, lo que inhabilitaba la región cerebral llamada anótalo cortical, lo cual facilitaba que la atracción sexual instintiva por las hembras desapareciera en el macho. Así de simple. Borrón y cuenta nueva.

Romualda y Clotilde continuaron examinando los arcones frigoríficos. En uno de ellos había una garrafa de ocho litros. Romualda la sacó, le quitó el tapón y metió la lengua por la boca hasta tocar la masa congelada.

-Esto no es semen, está dulce. Para mí que es leche de cabra o algo así, éstos cabrones se han burlado de nosotras.
-Cuando volvamos yo también quiero hacer el curso de catadora de esperma, Romu.

Continuaron con la tarea de inspección hasta que al abrir la tapa de uno de ellos saltó sobre ellas desde dentro un soldado gay escondido, que les soltó una ráfaga de ametralladora haciendo un escorzo estilo chachachá. Cayeron al suelo heridas de muerte. En su agonía se agarraron de la mano para decirse adiós.

-gggg, Cloti, era una trampa. Te amo Cloti, me muero, cariño.
-Argggg, yo también te amo, Romualda. Gays hijos de puta. Siempre han sido así de traicioneros.

De un escondrijo al fondo salieron cuatro tíos armados con metralletas y ataviados con unos impecables uniformes de Armani, entre los que estaban los que les habían entregado los coches en la playa.

-Cerdassss de mierda, creíais que ibais a robar el oro blanco -les gritó el más alto, y amanerado-, ahora vais a saber lo que es bueno, guarrasssssss.

Las desnudaron completamente. Uno sacó un machete, agarró la caída teta derecha de Romualda hacia delante y se la cortó de un sólo golpe.
-Ahora vais a decirnos quiénes son los traidores espías que tenéis en Australia u os vamos descuartizar vivas.
-Que te jodan, maricón de mierda -le espetó Romualda, que aguantando el dolor le lanzó un escupitajo que le acertó entre los ojos.

esperma4Entonces el gay la cogió de la otra mama y también se la cortó. Ella soltaba alaridos. Después comenzó a serrarle un brazo, luego una pierna, y así hasta dejarle sólo el tronco. Con Clotilde repitieron la operación no sin antes orinarla sobre la cara e insultarla. Entonces apareció por la puerta un gay con gorra de plato y galones en el uniforme pegando gritos.

-¿Qué estáis haciendo, putos sádicos? Os voy a meter un paquete que te cagas. Se os dijo que nada de torturas, que las queríamos vivas para inseminarlas, joder, no os enteráis de nada. De lo que se trata es de traer mujeres para inseminarlas mediante este engaño, no de matarlas, idiotas.
-No se preucope, mi coronel, sólo estamos disfrutando un poco, pero le prometo que hacemos unos torniquetes, paramos las hemorragias y estas tías pueden procrear perfectamente.
-Que no me preocupe, válgame Dios. Espero que no muera ninguna de las dos. Yo creo que la gorda fea es salvable, pero la anoréxica rubia imposible, rematadla.
-Sí, señor, a sus órdenes.

Y remataron a Clotilde a machetazos. Romualda agonizaba y lloraba al mismo tiempo, su amada había muerto, pero fue cierto que le cortaron las hemorragias con los torniquetes, que le provocaron dolores terribles pero que la salvaron de una muerte segura.

El litro de semen marcaba en la bolsa de Wall Woman Street Secret precios máximos históricos, el barril costaba la friolera de mil doscientos millones de Bitcoins. Los países femeninos estaban en bancarrota total, y desunidos, porque en cuanto las mujeres se encontraron solas se despellejaron unas a otras sin compasión y se montaron movimientos independentistas en todos los países. La pobreza era extrema, no había mano de obra, el sistema de pensiones había quebrado en Europa y en algunas ciudades de Estados Unidos se había llegado por la escasez a comer carne humana. Por la “Ley mundial antipatriarcado” del año uno después de Ramona, los nacidos varones debían ser cambiados por semen con Australia o ser descuartizados y comidos por sus madres. Las niñas se las quedaban.

Había un problema grave en los estados femeninos. La homosexualidad masculina era fácil de conseguir con la consabida operación antes de los seis meses de vida, pero no ocurría lo mismo con el lesbianismo, que se mantenía al azar, era una casta en minoría dentro del matriarcado. Por lo que no todas las mujeres eran lesbianas en esos países. Y el deseo sexual persistía. Vaya si persistía, lo que creaba descontento. Un incipiente mercado negro de porno masculino producido en Australia circulaba por los continentes femeninos a pesar de la prohibición expresa y la pena de muerte a la mujer que se atrapara con fotos de tíos desnudos, aunque fueran maricas sodomizándose.

En la mansión del gobernador de Perth, Amable Smith, se celebraba el cumpleaños de su mancebo, Rodrigo Jones. Amable amaba a Rodrigo con toda su alma a pesar de sus discrepancias culturales y de la diferencia de edad, cincuenta y cuatro años menor que él. Rodrigo decía que era gerontófilo, pero en realidad Jones era un trepa de cuidado. Ochocientos invitados habían acudido a la gala cumpleaños en el palacio de gobierno, la plana mayor de la élite gay de Australia al completo. Después de soplar las veintitrés velas de la tarta y de que el coro gay de Perth le cantara el cumpleaños feliz, Amable se llevó a su chico con los ojos tapados al jardín a entregarle su regalo.

-No mires hasta que no te lo diga, cielo. AAAAhora, abre los ojos, cariño.

Rodrigo abrió los ojos y se emocionó al instante. Siempre había deseado aquel coche vintage del que sólo quedaban tres en todo el mundo: el Audi LGTB A18 Turbo Diesel con una puerta de cada color, que había sido fabricado por última vez para coleccionistas gueis en 2083. Costaba varios millones de Bitcoins. Gastaba treinta litros de gasoil a los cien kilómetros.

-Amable, eres tan generoso conmigo.
-Y lo próximo será tu cargo en la asamblea general.
-Joder, gracias.

Susamari aceleró Lamborghini saltándose el control militar a la entrada de Perth. Las ráfagas volaban por encima, pero las esquivó con gran pericia, había ganado cuatro títulos seguidos en el Mundial Matriarcado de Fórmula1 Ecoloeléctrica, aunque aparcar no se le daba muy bien. Consiguió ponerlo a trescientos por hora y atravesó la ciudad hasta el palacio del gobernador. Cuando enfiló la avenida que conducía hacia el control de entrada los guardas Armani apuntaron de lejos hacia el coche pero, de repente, antes de que dispararan, uno de ellos ametralló al resto matando a todos. Acto seguido levantó la barrera y Susamari pegó un acelerón para y rebasó la barrera. El guarda la saludó al pasar. Era él, John Summers, el transexual que tenían infiltrado en el ejército gay, el Mata-hari del matriarcado.

Susamari frenó en seco sobre el jardín, descendió del coche a la carrera y descerrajó tres tiros sobre el sorprendido guarda que había en la puerta. Sacó el mando a distancia de su bolsillo y se palpó las lorzas para comprobar que los explosivos estaban allí. Se abrió paso a tiros por el salón dejando cadáveres a derecha e izquierda sin que la multitud se diera casi cuenta debido al alto volumen de la música, en ese momento sonaba a todo volumen la canción vintage de Sonia y Selena “Yo quiero bailar toda la noche”. Llegó al centro del recinto, se subió sobre una mesa y pegó un grito, pero nadie se enteró. Algunos la vieron, pero la jalearon pensando que era una atracción más de la fiesta. Apretó el botón. Grito “POR RAMONA Y EL MATRICARCADO”, antes de explotar y hacer reventar a todos los asistentes gracias a la onda expansiva.

esperma5Amable y Rodrigo subieron por la escaleras desde el búnker garaje y nada más salir a la superficie pudieron ver la destrucción que había cundido en el enorme salón. Cabezas reventadas, órganos internos, genitales de los bailarines, piernas amputadas, todo mezclado con sangre en una orgía de violencia que había provocado la explosión. Se le saltaron las lágrimas a Rodrigo viendo aquello.

-Qué desastre, seguro que han sido las zorras. Hay que hacer algo, lanzarles la bomba atómica de una vez.
-No Rodrigo, necesitamos sus úteros, no podemos exterminarlas. Pero, de todos modos, hace tiempo que te digo que hay un movimiento hetero terrorista aquí en Australia campando en la sombra, el enemigo lo tenemos dentro. Entre nosotros hay muchos gays que no lo son, sólo dicen serlo para sobrevivir, por conveniencia, y ya habrás oído, están montando en el desierto una guerrilla secreta hetero.
-No me vengas con milongas de carcamal. Esto lo han hecho esas hijas de puta del matriarcado.
-Calla, necio, estás borracho. Vámonos y convoquemos a lo que quede del Consejo Arcoiris.
-Esto también puede ser obra de Joseph Urban, Amable. Sólo quiere el poder y es capaz de todo, ahora reclamará el mando de las Operaciones Arcoiris. Te repito que tenemos al enemigo dentro.
-Tú sí que lo tienes dentro, imbécil, que me he enterado de lo vuestro, no me tomes por idiota, que por el interés eres capaz de tirarte lo que sea, Rodrigo.
-Si al menos a tí te funcionara la cosa como es debido, Amable, no tendría que buscarlo fuera de casa.... pero los excesos, amigo mío se pagan.
-Me niego a tomar Viagra, me sienta fatal. Cabrón.

2094, año 6 antes de Ramona

Ramona se estaba ahogando. Por un lado le gustaba, la hipoxia le dilataba el clítoris como una chistorra, iba a tener un orgasmo tremendo de un momento a otro, pero por otro aquella masa gelatinosa de textura parecida al cemento le obstruía la traquea. Intentó toser, pero no pudo. Se estaba poniendo morada, en todos los sentidos, e intentó expulsar aquello, pero sintió cómo se le sentaba encima de la boca y ya no pudo más, se abandonó al placer y a lamuerte, perdió el conocimiento justo mientras se corría.

Al notar el estertor y ver el panorama, ya que Ramona parecía muerta tirada inerte sobre el suelo, el miedo invadió su cuerpo y salió corriendo tropezando mientras se subía la ropa interior. Llegó al coche, lo arrancó y salió a toda velocidad del camino hasta la autopista.


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2067

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Navidad en la ciudad. Bella ciudad iluminada por bombillas de colores. Ciudad llena de gente sonriente que espera ansiosa reencontrarse con los suyos. Una fina lluvia, de corrosivas gotas ácidas, bañaba la ciudad, pero apenas se la podía observar a través del cristal del escaparate dentro del Starbucks. Era como una fina cortina helada, se sentía frío al mirarla. La gente corría bajo su manto, de un lado a otro, buscando, buscándolo todo. Cuando tengo todo quiero más.

20672En “Cantando bajo la lluvia” echaron leche en las gotas de agua que caían sobre Gene Kelly para que se apreciaran bien en pantalla, para que fueran más densas a la vista del ojo humano. Podrían también haberles puesto semen, o litio licuado con Prozac, y entonces todos beber de ellas directamente abriendo la boca hacia el gris cielo, como a una fuente de felicidad que manase de las nubes, pero hubiese resultado mucho más caro, pienso yo. Pienso ésto mientras le cuento mi vida.

-¿Tú tienes Netflix o HBO?
-No, yo solamente tengo Emule.

>>Ah, vale. Pues como te iba diciendo a mí sólo me importa que esté limpio lo que se ve, lo que no está a la vista pues mira, me da igual. Trato de manchar lo menos posible, soy muy espartana en eso, no me gusta ir dejando las cosas tiradas aquí y allá. Vivo una vida ergonómica. Pero de repente hace unos días veo el mueblecito escritorio de caoba de encima del aparador de mi habitación con una fina capa de polvo. Y bajo al segundo piso y me pongo a pasar el dedo por el resto de muebles y ni corta ni perezosa descubro que el filo de encima de la caja fuerte que sobresale de la pared está sucio. Y monto en cólera y llamo al mayordomo y él se apresura a decir que Ricarda, mi chica de la limpieza de las zonas privadas, había estado indispuesta el día anterior, que la perdonara. Que la perdonara nada menos. Se permitió el lujo de excusarla. Llamé a seguridad y les pedí que lo acompañaran a la parada del autobús más próxima a la urbanización, que tenía que marcharse. Se despidió no sé si llorando de pena o de rabia, once años de servicio tirados a la basura por ser tan bocazas. No me acuerdo como se llamaba, el pobre. Y luego apareció Ricarda, pero no me dio ni tiempo a afearle la conducta porque tuve que nadar unos largos en la piscina en la máquina de a contracorriente antes de marcharme al aeropuerto a coger un avión para pasar el fin de semana en Bali con mi David. Al llegar al embarque estuve esperándole pero no llegaba y entonces me mandó un mensaje que le perdonara que le había surgido una cosa de última hora, que me marchase yo, que si quería me mandaba a alguien de confianza para que me acompañara. En los cacheos de seguridad un guardia civil me rozó la vulva con la punta de un dedo. Machistas de mierda, tienen un protocolo diferente para las mujeres, de los penes se mantienen bien lejos por si acaso. Hablando de vulvas, mira ésto...

20673Saqué mi móvil Huawei Pink 89017 GXHS 19' y le empecé a enseñar mis fotos artísticas, que ella miraba con cara de pazguata, como sin interés.

-Esta es mi obra. ¿qué crees que representa?
-Pues, sinceramente, no lo sé, aunque parecen penes.

>>Pues no, no son penes. Son vaginas. Vaginas. “Vulvas: la creación y el poder”, se titula la serie de fotografías. En concreto es la vagina de Ricarda, mi empleada filipina, sí, siempre Ricarda. Yo lo que siempre he querido es ser artista, pero de las que ganan mucho dinero y son muy famosas, y salen por la noche programas de la segunda cadena. Se lo propuse a David y contratamos a unos becarios de la facultad de bellas artes para que me hicieran estas fotos que se me habían ocurrido. Le pagamos cien Euros a Ricarda y le tomaron, se dice tomaron, una serie completa de la vulva y el clítoris que luego distorsionadas con Photoshop parecen penes, ¿qué te parece? Pues sí. El feminismo está de moda, hay que aprovechar el tirón. Trescientas piezas confeccioné con la ayuda de mis operarios y monté una exposición por todo lo alto en el Palacio de Congresos, una planta entera sólo para mi obra durante un mes. Las fotos se vendían a cinco mil Euros la más barata, y fue un éxito, las despaché todas, aunque luego me enteré que las habían comprado David y mi padre y que están almacenadas en una nave industrial junto con las bicicletas de la franquicia OFFO que compró David para implantarlas en la ciudad pero que fracasaron porque la gente las tiraba al río. Uy, ¿qué hora es? Se me está haciendo tarde sin darme cuenta.

Saqué un billete de cien para pagarla. Me miró con cara rara.

-Conchi, quedamos que eran ciento cincuenta la hora por escuchar, no cien.
-Mira, no me has estado prestando mucha atención que digamos, así que te voy a dar cien y santas pascuas. Has estado poniendo caras raras como un salvapantallas. Lo siento, la próxima vez sé más profesional con lo de escuchar, por favor. ¿Cómo te llamabas, por cierto?

Puse pies en polvorosa y salí a toda velocidad. Él me estaba esperando cerca de allí. Cogí un coche eléctrico de alquiler. La avenida estaba llena porque la manifestación ecolofeminista aún no había terminado en la plaza del ayuntamiento, y seguramente los disturbios continuarían hasta la madrugada con más heridos y más muertos y todo eso, y como resultado todo este atasco insoportable que me iba a provocar un ataque. En un semáforo abrí el bolso, saqué un Prozac y me lo tragué que casi me ahogo. Sorteé el tráfico a bocinazos y dejé aparcado el Ecolocoche en doble fila delante del hotel. En el ascensor subí ansiosa y excitada. Abrí la puerta y pude verle tumbado completamente desnudo sobre la cama mientras miraba “La ruleta de la fortuna” en la tele enorme que colgaba de la pared. Nada más verme entrar tuvo una erección, pero no movió ni un músculo en el cuerpo ni en la cara. Él es así, serio. Siempre ha sido un hombre serio y algo cortante.

-¿Ya estás aquí? Pensé que no venías. Siempre tarde, tarde, tarde...
-¿Qué tal ha ido todo?
-Parece que bien. Yo creo que nos meterán en la lista para las europeas. A ti los fascistas ésos, a mí, no te lo pierdas, los ecologistas. Desnúdate.

20675Siempre era concreto y conciso, iba al grano, estaba acostumbrado a dar órdenes. Me encueré en silencio mientras sonaba a todo volumen el programa en la caja tonta, esa inmundicia de concurso con ese presentador homosexual y ese cantante que cuando entona llueven piedras del cielo. Él me observaba y, cuando terminé de quitarme las medias, se levantó de un salto y me empujó sobre el colchón, caí boca abajo. Cogió un vibrador negro enorme que descansaba de su profesión sobre la mesilla y me lo introdujo en el recto de un golpe seco, causándome fuerte dolor pero a la vez un gran placer. Después comenzó a meterme la mano en la vagina, primero la punta de los dedos en forma de flecha, y luego los fue abriendo hasta que me dilató lo suficiente y le cupo casi toda la palma, y la cerró como si fuera un símbolo comunista. Viva Lenin. Cuando la mano se había convertido en puño de hierro dentro de mí, la sacó de golpe y cogió otro dildo de color rojo que era de grande como una porra de policía, me lo metió en la vagina y lo puso en funcionamiento a máxima velocidad. Vibraba y me daba calambres, maravilloso. Me dio la vuelta. Entonces se subió sobre mi cara acuclillado y puso su ano a unos centímetros de mi boca. El plato principal, el caviar siempre al final. Me excité muchísimo. Tardó unos segundos en brotar aquello, primero soltó una ventosidad y unas gotitas líquidas, después la ambrosía. Abrí el gaznate para recibirlo. Estaba caliente y duro. Cayó a plomo sobre mi lengua. Entonces tuve un tremendo orgasmo y él se corrió a la vez sobre mi cara, los dos en éxtasis conjunto. Me atraganté y tosí expulsando casi toda aquella masa color café de Colombia, que cayó sobre las blancas sábanas tiñéndolas. Durante unos segundos nos diluímos dentro del placer, exhaustos. Al despertar de aquel paraíso siempre pasajero comencé a escuchar el timbre de mi móvil, que aumentaba de forma progresiva. Me levanté de un salto de la cama y lo cogí.

-Hola Conchi. ¿Qué tal las compras? ¿Encontraste el regalo que te pedí? ¿Está por ahí tu padre? Pásamelo, anda.
-Si, mamá, no te preocupes, acabamos de salir de El Corte Inglés, sólo me falta por comprar el pañuelo de seda para la tía. Está aquí conmigo, ¿quieres que se ponga?


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