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Hotel Dios (I): "Sacristía"

sacristia1

Soñaba. Pero el despertador sonó como siempre. Un sonido de campana algo ensordecedor. Golpeó con fuerza la parte de arriba del reloj para apagarlo. Siempre a la misma hora todos los amaneceres, a las siete menos cinco de la mañana. Apartó las mantas a un lado y se sentó sobre la cama unos segundos. Estiró los brazos y se frotó los ojos. Fuera hacía un ligero fresco típico de febrero pero dentro la calefacción producía una temperatura casi tropical. Se quitó el pijama, abrió el armario y cogió unos pantalones negros, los zapatos de piel que más le gustaban y una camisa de seda. Puso la radio, bajita, no le iban las estridencias, noticias cada minuto, para ir metiéndose dentro del hilo del día a día. Tocó el interruptor del timbre. Esperó tumbado sobre la cama hasta que el ruido de la polea del pequeño montacargas anunció la llegada del desayuno. Abrió la portezuela y allí estaba la bandeja con todo perfectamente cologado. Un café cargado, un zumo de naranja recién exprimido, dos trozos de melocotón el almíbar y dos tostadas con sus correspondientes paquetitos de mermelada y mantequilla al lado. Pero no era mantequilla. Lo había vuelto a hacer. Tendría que volver a quejarse a Maruja, la asistenta, de que aquello no era más que esa porquería de margarina que tanto le asqueaba, sobretodo cuando la calificaban como mantequilla de la de verdad. Era el signo de los tiempos, todo se estaba convirtiendo en un sucedáneo.

Comió y bebió lentamente el desayuno. Cuando terminó volvió a colocar la bandeja en el montacargas y tocó el timbre para que la recogieran. Se puso la chaqueta, cogió el manojo de llaves y salió de la habitación. Por el pasillo no se veía ni un alma. Cogió el ascensor hasta la planta baja, giró por el pasillo hasta la puerta cerrada con llave, la abrió y accedió al pasadizo que comunicaba directamente las habitaciones con la sacristía. Entró en ella y encendió la luz. Quedaban quince minutos para la misa de ocho. Cogió otra de las llaves y abrió el armario de acero del fondo que hacía las veces de caja de seguridad. Sacó el cáliz, la patena, unas cuantas obleas y las vinajeras de oro. Dentro, del tercer cajón también cerrado con llave, extrajo el álbum de fotos.

sacristia2Se sentó en la silla junto al escritorio y comenzó a mirar las imágenes. Iba pasando página a página. Poco a poco lo fue notando. Se excitaba, se fue excitando. Abrió la cremallera del pantalón y se sacó el pene. Aquella rutina maravillosa. Pasando y pasando páginas, hasta que llegaba a la última con aquella imagen que tanto le gustaba, la del niño rodeado por dos hombres, uno delante y otro detrás, con una expresión en el rostro de llanto contenido que no sabía porqué le llevaba nada más verla a la eyaculación en pocos segundos. Esa vez también eyaculó, un gran chorro de semen, se acercó el cáliz y dentro vertió todo aquel líquido blanquecino procedente de sus entrañas.

Se subió la cremallera. Después cogió una sotana y una estola y se las echó por encima. Abrió la puerta. Los dos monaguillos le esperaban sentados en los sillones del coro. Les hizo un gesto y ambos le escoltaron desde la puerta hasta el altar portando los objetos sagrados. La misa de ocho le gustaba. Tenía unos parroquianos fieles a esa hora, siempre los mismos. Tres o cuatro viejas beatas de las que no pueden dormir por la noche. Cuatro o cinco numerarios del Opus Dei del barrio algunos de ellos altos cargos de empresas que acudían a misa antes de entrar a trabajar. A todos les gustaba especialmente su misa, porque a diferencia de otras a otras horas el transcurso era breve, sin excesiva palabrería, y a la hora de la verdad, durante la sagrada comunión, daba las hostias mojadas en el vino a los fieles, no secas, y además daban un pequeño trago del cáliz. La sensación de notar la sangre de cristo en sus gaznates atraía a los fieles, afirmaban que aquel vino tenía un sabor especial, afrutado con aroma a roble pero algo más amargo de lo habitual en boca.

Soltó la perorata sin pestañear, mecánicamente. Dar la comunión de ese modo le excitaba, sobretodo cuando dejaba probar el vino a los monaguillos, pensando en la mezcla de líquidos que había en la copa dentro de aquellos jóvenes. A las ocho y media en punto finalizaba siempre la eucaristía con la frase de “podéis ir en paz”. Los fieles se marcharon en silencio satisfechos y con el alma limpia. Se quitó la sotana y volvió a salir por el pasadizo. Llegó al edificio y subió en el ascensor hasta el segundo piso, en el ala derecha se encontraba su despacho. Se sentó delante del escritorio y sacó el cuaderno donde tenía apuntado el orden del día. Dos clases de historia a los mayores, dos de religión a los pequeños y tres horas de tutoría durante las que recibiría a un par de alumnos díscolos acompañados por sus padres.

Eran las nueve menos diez, casi la hora de subir a las clases, cuando escuchó pasos por el pasillo. Entonces la puerta se abrió de golpe pegando contra la pared, y allí apareció de repente el chicho. Llevaba algo en la mano, un objeto largo, envuelto en papel de periódico.

-¿QUÉ HACE USTED AQUÍ? SALGA INMDIATAMENTE, YA LE HE DICHO QUE ESTÁ EXPULSADO- le gritó con firmeza haciéndose el iracundo.

Pero no le dio tiempo a nada más. El chico metió una tremenda patada a la mesa del escritorio que se le precipitó encima arrinconándolo contra la pared del fondo. Del periódico enrollado sacó un bate de beisbol y comenzó a golpearlo todo a su paso. Atizó un golpe a la máquina de escribir que la envió al otro extremo del despacho, después pegó un golpe a la lámpara, y otro a las estanterías, de las que cayeron barios libros. El chico apartó la mesa de un empujón y lo dejó al descubierto, y entonces le pegó un palo apuntando a la cabeza directamente pero acertó en un hombro, tan fuerte que casi le hizo desmallarse. Cayó de lado al suelo, y entonces el chico lo agarró con una mano de la pechera y lo levantó en el aire, pero al instante lo dejó caer de nuevo mientras en el aire con la otra mano le metió un palazo en el cuello como si su cabeza fuera una pelota en el estadio de los Yankees de Nueva York. Al caer a plomo no llegó a perder el sentido, pero quedó aturdido junto a la pared. El estruendo de golpes continuó un par de minutos que parecían horas, rompió todo lo que había a su paso. Entonces terminó y se hicieron dos o tres segundos de silencio. Entonces lo agarró del cuello de la camisa por detrás y comenzó a arrastrarlo hacia fuera del despacho. Casi no podía respirar e intentó zafarse, pero una patada en las costillas acabó finalmente con toda su resistencia, y se dejó llevar. El chico llamó al ascensor, lo introdujo a tirones dentro, arrastrándolo, y apretó el botón en dirección la planta baja. Cuando llegaron a ese piso, abrió la purta y continuó la operación por el pasillo de salida al patio.

sacristia3Cuatrocientos treinta y siete alumnos formaban en filas de a dos divididos por cursos y grupos sobre el campo de fútbol de tierra, mirando en dirección al edificio donde se encontraban las clases, las oficinas y los dormitorios. La parte frontal de la construcción contaba con un soportal cubierto que se alzaba dos metros por encima de la arena. En su centro, un cura hablaba por un micrófono situado en un atril a la muchachos. Antes de entrar a las aulas, primero venían unas oraciones a Dios y a la virgen María, y luego se leían los resultados deportivos de los equipos del colegio, que cuando eran negativos para la institución despertaban un murmullo de satisfacción entre la multitud. El cura estaba desgranando los tanteos de los partidos de fútbol cuando se escuchó un estruendo al abrirse de un golpe la puerta de metal y cristal que daba al pórtico. El cura se giró y quedó petrificado cuando vio a aparecer al chico arrastrando a su compañero a tirones de ropa. Quedó mudo escuchando los balbuceos de dolor y viendo la sangre que le brotaba de la nariz manchando el suelo de piedra caliza. La juvenil muchedumbre se percató de lo que sucedía, pero obnubilados permanecieron en un silencio sepulcral.

El chico llego hasta el atril, dejó caer como un fardo al suelo el cuerpo del cura, agarró el bate con las dos manos y ante la mirada horrorizada del otro sacerdote le sacudió un batazo a media espalda que le hizo caer hacia delante un metro, aterrizando como un aeroplano sobre la arena. Las primeras filas de muchachos ni se movieron, estupefactos y ojipláticos. A algunos se les escapaban sonrisas nerviosas al ver aquello, pero trataban de disimularlas con miedo para que nadie los viera. Volvió a coger al cura de la espalda de la camisa, como si fuese un saco, un divino sacro saco, y con un hábil movimiento de péndulo lo sacó por el hueco del pórtico, dentro-fuera dentro-fuera, hasta que lo soltó lanzándolo por el hueco del soportal. El cuerpo cayó al lado de otro. El silencio continuaba imperturbable en la multitud. El chico se aproximó al micrófono. Lo tocó, toc-toc, para ver que funcionaba. Acercó la boca. Pensó qué decir durante dos o tres segundos. Sonrió.
-Oh, capitán mi capitán- dijo.

Luego soltó una carcajada, tiró el bate y se marchó por el lateral del patio. Abrió la puerta de recepción donde el portero hacia guardia para que nadie se escapase. Se escucharon unas boces, luego unos estruendos y ruido de cristales. Luego un leve grito entrecortado de socorro del portero. Uno de los curas se levantó arrastrándose por la arena. Gritó: “AYUDAAAAA”. Pero volvió a caer al suelo dolorido y exhausto.

Nadie se movía de la formación hasta que Matesanz salió de entre la multitud. Recorrió las filas de gentío hasta llegar a la cabecera del grupo, donde yacían los curas heridos retorciéndose. Se acercó. Se bajó la bragueta y comezó a orinar sobre ellos.


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2099, año cero

cero1

14 de septiembre, diez de la mañana. El helicóptero de la policía sobrevolaba la manifestación para medir la afluencia y todas corearon al unísono, de forma atronadora y provocadora: “ito, ito, ito, que se caiga el pajarito”. La siniestra ave se alejó y todas, a coro, continuaron cantando el himno del movimiento ecolofeminista universal. "Ai biliv in eingelsssssssssss, ai jav a drimmmmm", resonaban las calles. Estaba claro que había superado con creces el millón de personas, las calles estaban abarrotadas, rugientes. A la cabeza, portando la pancarta que rezaba “TODAS CON RAMONA” y chillando de forma colérica, iba la activista gitana Susana Jiménez, que había invitado a Conchi a marchar junto a ella. Llegaron lentamente a la plaza. Susana subió al escenario y lanzó su perorata habitual ecolofeminista contra los demonios del patriarcado contaminador denunciando el asesinato de Ramona Kellerman. El cuerpo de la activista había aparecido en un descampado a las afueras de la ciudad. Los disturbios se habían sucedido desde entonces en protesta por lo que las feministas afirmaban era un asesinato perpetrado por el aparato estatal machirulo.

cero2Terminó el emocionante acto. Conchi estaba eufórica. Caminó hasta el aparcamiento donde tenía estacionado su Cayenne Turboeléctrico, iba como flotando en una nube, incluso excitada. Susana la acompañó hasta la puerta y para despedirse intentó besarla en la boca, pero Conchi le hizo la cobra con cara de asco. Pisó a fondo el acelerador hasta salir de la ciudad infestada de mujeres, después cogió la autopista y llegó a la circunvalación. Se desvió en la segunda salida y llegó a la barrera de entrada de la urbanización. El guarda la identificó y abrió. Las onduladas calles del interior estaban tan desérticas como de costumbre. Aparcó en el sótano y pudo ver que el Mercedes que solía utilizar David estaba aparcado. Eso la excitó. Subió corriendo las escaleras hasta el tercer piso y abrió el dormitorio de su marido sin llamar. Él estaba en la ducha. Ella se desnudó apresuradamente y entró en la ducha. David puso cara de asustado.

-Hola guapo, ¿te alegras de verme?
-ho, ho ho... hola Conchi. Pensé que hoy dormirías en el centro.
-No, la ciudad estaba insoportable. David, estoy muy excitada....

Le echó mano al pene, pero estaba flácido. David se apartaba, pero ella comenzó a frotarlo y frotarlo.

-Ven aquí, anda, guapo, que tengo ganas.
-Conchi, no, estoy muy cansado, no creo que consiga una erección.
-Está bien, pero no podrás negarte a....

Conchi lo sacó del baño hasta la cama. Abrió un cajón y sacó un vibrador gordo y negro. Se tumbó y se lo metió en la vagina. Lo puso a máxima velocidad. Estaba muy lubricada desde la manifestación, habían sido emociones fuertes. Comenzó a tocarse el clítoris mientras el dildo hacía su trabajo dentro. David contemplaba todo como asustado. Entonces lo llamó a capítulo.

-Venga, vamos, es tu turno, cariño.
-Conchi, de verdad, que vamos a mancharlo todo.
-Te digo que lo hagas. Luego llamamos a Ricarda y que se lleve las sábanas, que para eso la pagamos.
-Está bien.

Entonces David se subió a la cama y se puso en cuclillas sobre la cara de Conchi. Comenzó a apretar pero ella lo apartó de un manotazo que lo tiró de la cama. Se dio un golpazo contra el suelo.

-DAVID, MIRA QUE TE LO TENGO DICHO.
-Pero qué pasa ahora.
-MIRA QUE TE LO TENGO DICHO. Te huele el ano a cloro.
-Conchi, no, no es lo que parece.
-Te lo he dicho mil veces, que no me importa que seas guei. Pero que en la sauna te contagiaron el SIDA, joder.
-No he estado en la sauna, Conchi, te lo juro, que he estado nadando en la piscina. De verdad Conchi....
-No sé si creerte.

La discusión bizantina continuó unos minutos, y fue creciendo, sobretodo el tono de Conchi y sus circunloquios hacia ninguna conclusión. David puso su cara de salvapantallas, la cara de escuchar sin escuchar. se fue vistiendo a la carrera, tropezándose, a trompicones. La interrumpió mientras se calzaba.

-Conchi, todo lo que dices es cierto, pero acabo de recordar que tengo algo urgente que hacer en el centro. Volveré la semana que viene.
-O sea, que yo me quedo aquí otra vez con los niños y tú te vas de picos pardos.
-Conchi, Alejandra está en Irlanda en el internado, y de Daniela ya se ocupa Ricarda.
-¿Y de mi calentón quién se ocupa?
-Llama a Pelayo, por mí no hay problema, ya sabes.

David puso pies en polvorosa mientras escuchaba cómo continuaba de fondo la diatriba de Conchi. De fondo. Gritos. De fondo. Gritos de fondo, hasta que llegó al garaje. Eligió el BMW Turboeléctrico y se sumergió en la conducción. Puso música a todo volumen y apretó el acelerador. Salió por la barrera de la urbanización a toda prisa hasta la circunvalación, donde pisó a fondo y puso el coche casi a ciento noventa. Se saltó el primer radar y le dio morbo pensar que le habían puesto la decimocuarta multa del mes. Luego salió a la autopista y de un tirón hasta el centro. El tráfico en la almendra central era muy fluido desde que los ecologistas sólo permitían circular a coches eléctricos de residentes. Allí ya casi no vivía nadie, más que los ricos y los guapos. Él tenía tres o cuatro pisos difuminados por la ciudad para cuando le apeteciera quedarse en una zona.

Acero4parcó en su plaza de garaje bajo el rascacielos de su apartamento. Tomó el ascensor y se apeó en el piso treinta y uno. Abrió la puerta y allí le esperaba Vicente. Moreno maduro, guapo, con una barbita morena impecable. Le saludó con un beso con lengua.

-Bueno, David, estarás preparado. Yo estoy muy nervioso.
-He discutido con Conchi y tengo la cabeza como un biombo. Pero la ilusión de ésto lo compensa todo.

David y Vicente compartían la mayoría de su tiempo. Ambos estaban casados, pero hacían más vida en común que con sus esposas. David tenía dos hijos con Conchi, pero Vicen había conseguido no embarazar a Marga con excusas peregrinas. Se habían conocido estudiando odontología, fue amor a primera vista. Llevaban catorce años siendo pareja abierta. Ahora iban a dar un paso más. Habían adoptado una niña china, que llegaría al aeropuerto aquella tarde. Se llamaba Mei.

Hicieron el amor de forma apasionada hasta que dieron las siete de la tarde, el vuelo llegaba a las ocho y diez. Cogieron el coche hasta el aeropuerto con la ilusión de un par de padres primerizos. En las puertas de salida esperaron impacientes. Empezaron a salir chinos por la puerta, el avión sin duda había llegado. Los de la agencia de adopción les habían dicho que se pusieran un cartel con la inscripción “JI-CHUAN”. Por la puerta salió una china de edad indeterminada acompañada por un chino mal encarado que se dirigieron hacia ellos. El hombre, con un rostro amarillo y seriamente inexpresivo, les espetó:

-Aquí la tienen. Filmen este papel y es suya.
-¿Dónde está la niña?
-Aquí la tienen. Es suya -insistió el chino señalando a la muchacha.
-Pero qué dice, estamos esperando un bebé.
-Aquí la tienen. Hablen agencia. Yo tengo marchar. Es suya.
-Pero oiga, no nos tome el pelo.

Vicente intentó agarrar al tipo por la chaqueta, pero este se zafó y salió a toda velocidad hacia la puerta de salida. Despareció entre el gentío. Intentaron comunicarse con la mujer, pero no sabía ni una palabra de cristiano. Llegó un policía. Les dijo que no podían continuar con aquel escándalo. Llamaron a la agencia de adopción. Una mujer con acento chino les dijo que aquella era Mei.

-Señorita, no me tome el pelo. Hemos pagado medio millón de Euros por una niña china.
-Y tienen niña china. Es suya.
-Esto no es una niña, debe tener unos veinticinco años.
-Es niña. Nosotlos solo intermediarios. Les prometieron niña y tienen niña de China.
-LE REPITO QUE ESTO NO ES UNA NIÑA, ES UNA MUJER HECHA Y DERECHA, Y CREO QUE ME QUEDO CORTO CON LA EDAD.
-No glite. Es suya.

En un momento dado en que David y Vicente gritaban al auricular la otra persona colgó. Volvieron a marcar el teléfono, pero ya nadie lo cogía en la agencia. Un policía les dijo que no podían quedarse discutiendo a voces allí. Cogieron a Mei de la manga y se fueron al aparcamiento a por el coche. Tomaron rumbo al piso de nuevo. Se voceaban el uno al otro echándose la culpa mientras Mei miraba por la ventanilla.

-Ha sido culpa tuya, Vicente, fue tu idea lo de ser padres, perpetuar la especie.
-Tú dijiste que te gustaba la idea, gallina clueca.
-¿Ahora qué hacemos con ésta?
-Estoy mirando los putos papeles y dice claramente que es hija nuestra a todos los efectos. Mei se llama ahora Mei Osorio Gil de Viedma, encima yo soy la madre según ésto, tócate los cataplines, joder.
-Vaya boca de cloaca tienes, no me gustas nada cuando te pones así.

Llegaron al piso. Pidieron sushi para cenar. Mei lo miró con cara de asco. No debían gustarle los japoneses. No sabían qué hacer, así que la encerraron en una habitación hasta que decidieran cuál era la mejor solución. A Vicente se le encendió una bombilla.

cero5-Mira, David, se me ocurre una cosa. ¿Y si la dejamos embarazada?
-Pero tío, estás loco.
-Que sí. Mira, ya que es nuestra, pues la inseminamos y la usamos de viente de alquiler. Luego podemos ponerla a trabajar en un restaurante o una peluquería. O yo qué sé, la vendemos.
-No me veo yo haciendo el amor con una china, ya me cuesta Dios y ayuda hacerlo con Conchi.
-Con una Viagra y mucha imaginación seguro que se puede. Sí, se puede. Podemos.Unidas Podemos.

David accedió a regañadientes. El plan era conseguir preñarla. Se repartieron turnos eyaculatorios. La dejaron encerrada en la habitación atada a la cama con las piernas abiertas para facilitar la penetración. Fueron semanas de Viagra y cansancio escrotal. Polvo tras polvo se les iba la vida. A los treinta días de aquel maratón se dieron cuenta de que no la había venido el periodo. Se abrazaron y volvió la ilusión, lo habían conseguido. La estrafalaria idea de Vicente parecía que había dado genialmente frutos. Concertaron una cita con Juan Verans, un amigo ginecólogo con el que podían ser sinceros. Juan era también homosexual y padre de familia, de tres hijos. Y por un dinero les atendería el parto o lo que fuera. Acudieron a la consulta y Juan la examinó.

-Las noticias no son buenas. No está embarazada.
-Pero.... bueno, habrá que seguir intentándolo.
-Pues lo lleváis un poco crudo, David. El caso es que esta mujer debe tener unos cincuenta años, y ya ha tenido la menopausia.
-Eso no puede ser. Si aparenta treinta.
-Las orientales engañan mucho. Atiendo habitualmente a las chinas esclavas de un burdel del centro y ninguna baja de los cuarenta, pero las hacen pasar fácilmente por chicas de veinte o treinta. Las orientales cuando cumplen los quince parece que se para el tiempo para ellas hasta los setenta aproximadamente. Pero por fuera, por dentro están muy podridas, os lo aseguro. Las empresas de cátering chinas no las queiren ni para picadillo de ternera.
-Pues ahora a ver qué hacemos.
-Chicos, esta mujer tiene difícil salida. No es el primer caso de timo con las adopciones. Lo que se puede hacer es practicarle la eutanasia ahora aquí mismo. Será indoloro, estad tranquilos. Luego el cuerpo lo recoge una gente que lo disuelven la carne con un ácido y venden el esqueleto y todo ésto, los esqueletos valen una pasta, es otra forma de darles salida a esta chicas cuando se retiran o se ponen enfermas.
-ufff, muchas gracias Juan, qué peso nos quitas de encima.

Vieron con alivio cómo la chica se iba quedando dormida, para siempre. Verans les entregó un acta de defunción, firmaron unos papeles y salieron aliviados. Volvieron a casa. Se abrazaron nada más entrar por la puerta y lloraron. Después hicieron el amor. Durmieron a pierna suelta. Por la mañana se despidieron. David había prometido a Conchi que se irían un fin de semana a Estambul, para limar asperezas matrimoniales.

cero6Habían quedado en el aeropuerto, junto al embarque. Conchi lo esperaba embutida en un vestido carísimo de Gucci color beige. Estaba radiante. Y amable. Le saludó con un beso en la boca. David contuvo el asco que le producía besar a mujeres. El viaje no iba a estar mal. Facturaron el equipaje. Se sentaron en un restaurante de sushi de la terminal hasta que llegó la hora subir al avión. Se dirigieron a la entrada VIP. David entregó su pasaporte a la azafata de tierra y esperó junto al túnel que llevaba al avión a que Conchi entrara. Pero no venía, se debía haber quedado atrás. Siempre hacía lo mismo, siempre había que esperarla. Que le den, pensó, y siguió hacia el avión. Se sentó a esperarla en su enorme asiento bisnes. Entró casi todo el pasaje, pero de Conchi ni rastro. ¿Qué sucedía? Se estaba cabreando, mucho. Despegue, sin Conchi. Por otra parte, mejor, llamaría a Vicente al llegar y éste cogería el primer vuelo para encontrarse con él, al cuerno su mujer paripé. Se tomó tres gintonics y una lorazepam y durmió como un angelito hasta que le despertó el aterrizaje. Salió por la puerta entre turistas rumbo a la recogida de maletas. La suya salió la última junto con la de Conchi, cuando ya casi todo el mundo se había marchado, tres cuartos de hora más tarde. Estaba harto. Bajó las dos Samsonite rojas idénticas de la cinta transportadora y entonces dos enormes policías se echaron sobre él inmobilizándolo. Lo condujeron a rastras hasta una salida donde lo esposaron a un radiador y, delante de él abrieron las maletas. En una de ellas solamente había dos fardos sellados con cinta de embalar. Dos kilos de cocaína.

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9 de agosto, diez de la noche. Ramona Kellerman y Susana Jiménez hacen el amor en su Mercedes Turboeléctrico.

-Vamos, hazlo, Susi, hazlo. Te quiero Susi, vamos. Házmelo.
-No sé si voy a poder, lo intentaré. Me gusta tanto ver tu cara de placer.

Pusieron el asiento en posición horizontal y Susana se colocó en cuclillas sobre la cara de Ramona. Comezó a apretar, pero estaba muy estreñida a causa de su dieta exclusiva de sushi durante semanas. Apretó y apretó, y por fin lo consiguió, salió aquel pedrusco, que cayó sobre el boca de Ramona introduciéndose a causa de la gravedad y la densidad de un golpe hasta la garganta. Ramona comenzó a carraspear. Se levantó de un salto y tiró a Susana hacia un lado. No podía respirar, se ahogaba. Susana la intentó ayudar, pero aquella masa la obstruía las vías respiratorias, se estaba poniendo azul. Ramona boqueó por última vez y cayó como un fardo sobre el asiento. El corazón dejó de latirle. Susana estaba muy asustada. Entonces agarró con todas sus fuerzas el cuerpo desnudo de Ramona y lo arrastró, no son dificultad a causa de sus noventa kilos, fuera del vehículo. En el descampado junto a la autopista no había por supuesto nadie. Dejó el cuerpo, arrancó el coche y pisó el acelerador a fondo.


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Sperm Planet 1

esperma1

2226, año 126 después de Ramona

El vetusto submarino japonés de la segunda guerra mundial alzó el periscopio y, tras observar los destellos de luz que habían acordado, subió a la superficie. La noche era oscura, sin luna, como vagina de loba. Sacaron la lancha neumática y se dirigieron hacia la costa remando en silencio absoluto. La zona estaba desierta, treinta kilómetros al norte de Perth en una franja poco protegida por el Ejército Arcoiris. Desembarcaron sobre la playa y en la loma contigua se encontraban los tres vehículos, que habían sido conducidos hasta allí por tres enormes hombres a los que se veía musculados y con un atuendo extraño: entallado, de un negro favorecedor pero exageradamente limpio y cuidado para ser militar, evidentemente confeccionado por Armani. Los maromos, tras comprobar a través del móvil en sus cuentas bancarias que el fenomenal ingreso en Bitcoins les había sido transferido correctamente, les entregaron las tarjetas de arranque del camión frigorífico y de uno de los coches, el código GPS exacto del almacén con las llaves de la puerta, y se marcharon a toda velocidad conduciendo el tercer vehículo. Las soldadas no parecían muy conforme con lo entregado.

-Joder, este coche llama mucho la atención. -Susana puso mala cara en cuanto vio el Lamborghini Diábolo amarillo pollo que les habían traído.
-Tranquila, Susamari, es que aquí todos los coches son de lujo, estos cerdos viven en la opulencia y el derroche, no hay utilitarios. Pero no va a desentonar entre tanta decadencia.

Romualda y Clotilde abrazaron a Susamari, se cuadraron las tres escenificando el “saludo Ramona” con las manos en forma de vagina y partieron en diferentes direcciones, las dos primeras en el camión frigorífico hacia el Norte y Susamari hacia Perth con el deportivo.

esperma2Estamos en el año 126 después de Ramona. A finales del Siglo XXI después de Cristo las cosas se pusieron feas. Las manifestaciones ecolofeministas contra el patriarcado y el Co2 se multiplicaban por todo el planeta. La presión surtió sus frutos, primero mediante las leyes de paridad, que se implantaron a rajatabal bajo penas de cárcel, pero ellas querían más. Después también consiguieron las “cuotas de discriminación positiva”, copando así por ley el ochenta por ciento de los cargos políticos, mediante los cuales lograron una moratoria que daba el control de los ejércitos a las mujeres por diez años jubilando a todos los mandos masculinos. La cosa se precipitó con la muerte en extrañas circunstancias de Ramona Kellerman, líder del Ecolofeminismo Paneuropeo Antipatriarcado, creado en Bruselas a partir del germen del movimiento MSS (Mujeres Sin Sujetador). Las manifestaciones y la violencia a escala global desembocaron en un internamiento del ochenta por ciento de la población masculina, la que se negaba a aceptar el nuevo orden, primero en guetos, más tarde en megacárceles de trabajos forzados y después, tras aprobarse la solución final, en campos de exterminio.

Los avances en la inseminación artificial se habían disparado desde el año 2050, consiguiendo que la fecundación se pudiera hacer mediante las jeringas Bayer, elaboradas mediante una solución concentrada de espermatozoies sobrealimentados, que podían conseguirse a bajo precio en las farmacias. Los hombres fueron rápidamente apartados por las ecolofeministas, ya no eran necesarios más que para producir semen. Los medios de comunicación y las redes sociales estaban manejados por el poder, ahora detentado por las mujeres mediante la política de terror impuestas por las MSS, y el lavado de cerebro resultó fácil. En menos de un lustro el mundo se había transformado radicalmente.

Después de apenas tres años y medio tras la muerte de Ramona Kellerman, las ecolofeministas habían reducido la población masculina en el setenta por ciento, y en la primavera del año 2099 apenas ya restaba un doce por ciento por eleminar de la faz de la Tierra, prácticamente todos homosexuales, a los que se había respetado porque les parecían un subproducto inofensivo del patriarcado. Pero no todos los gays se habían quedado esperando el fin del hombre. No. En noviembre de 2099 la Alianza Arcoiris, que hasta entonces funcionaba en secreto, dio un golpe de efecto trasladando a todos sus integrantes a Australia. Viendo la barba de sus vecinos heteros rasurar hasta el exterminio, prepararon una salida porque no se fiaban, nunca lo habían hecho, de las mujeres. Fortificaron las costas Australianas, hackearon los sistemas informáticos mundiales de forma masiva y vaciaron los bancos de Bitcoins antes de atrincherarse en el continente oceánico. El 1 de enero de 2100 el Consejo Mundial Femenino les declaró la guerra, pero fracasaron en su ataque porque los gays habían estado varios años armándose hasta los dientes en secreto y aniquilaron al ejército femenino cerca de las islas Salomón cuando ellas se dirigían hacia Australia en la mayor flota jamás construida por el género humano, que fue hundida en su totalidad por un enjambre de certeros misiles lanzados desde las costas del Nuevo Imperio Homosexual. El Presidente del Consejo Mundial Homosexual se fotografió pintando en uno de los misiles con la punta en forma de pene un “Chúpate esa, zorra”.

El camión frigorífico pilotado por Romualda llegó en medio de la oscuridad hasta el almacén. Era una nave industrial dentro de un poblacho con pinta de deshabitado en medio del desierto. Alumbraron hacia la puerta. Clotilde se bajó y abrió el cierre metálico con un gran estruendo. Entraron y pararon el motor. Encendieron las luces y pudieron ver los arcones frigoríficos a los lados. Riquezas sin fin les esperaban, Abrieron el primero, pero estaba vacío. Y el segundo lo mismo, y el tercero, y el cuarto. Comenzaron a desesperarse.

-Romualda, aquí no hay nada, no entiendo qué sucede. Me estoy poniendo atacada.
-Controla tu hipertiroides, Clotilde, y sigamos buscando, la lechecita tiene que aparecer, hemos pagado a esos puercos traidores sodomitas una pasta gansa por ella. Tú sigue con los arcones, yo voy a buscar la vaca mecánica para cargar el camión.
-Será el toro mecánico... uy perdona, sí, la vaca mecánica, no me he dado cuenta.

esperma3No habían contado las ecolofeministas con la perfidia natural de los gays. Los hombres habían sido exterminados tras extraerles todo el semen posible, el suficiente para producir muchas nuevas generaciones humanas. En los campos de exterminio se les exprimía el pene hasta la muerte por deshidratación, y se almacenaba el líquido de la vida en enormes plantas congeladoras. Los nuevos métodos reproductivos harían el resto en las vulvas de las mujeres sin intervención masculina alguna. Pero el día de la revolución gay el ejército arcoiris bombardeo todas las instalaciones frigoríficas destruyendo casi la totalidad del banco de semen mundial, todas excepto en megaalmacen de esperma de Australia situado a las afueras de Perth, que ahora estaría además bajo su control suyo.

La idea estaba clara. Exportar el semen a las ecolofeministas y a cambio que ellas les surtieran de materias primas y de niños que aseguraran la supervivencia en el tiempo de la Australia homosexual. Además, se había estudiado científicamente cómo encaminar a los niños para que desde la cuna se decantaran por la homosexualidad: se había descubierto que un cambio hormonal provocado por la extirpación de la vesícula biliar y la apéndice justo después del nacimiento desactivaba la síntesis de la seropentatonina cerebral, lo que inhabilitaba la región cerebral llamada anótalo cortical, lo cual facilitaba que la atracción sexual instintiva por las hembras desapareciera en el macho. Así de simple. Borrón y cuenta nueva.

Romualda y Clotilde continuaron examinando los arcones frigoríficos. En uno de ellos había una garrafa de ocho litros. Romualda la sacó, le quitó el tapón y metió la lengua por la boca hasta tocar la masa congelada.

-Esto no es semen, está dulce. Para mí que es leche de cabra o algo así, éstos cabrones se han burlado de nosotras.
-Cuando volvamos yo también quiero hacer el curso de catadora de esperma, Romu.

Continuaron con la tarea de inspección hasta que al abrir la tapa de uno de ellos saltó sobre ellas desde dentro un soldado gay escondido, que les soltó una ráfaga de ametralladora haciendo un escorzo estilo chachachá. Cayeron al suelo heridas de muerte. En su agonía se agarraron de la mano para decirse adiós.

-gggg, Cloti, era una trampa. Te amo Cloti, me muero, cariño.
-Argggg, yo también te amo, Romualda. Gays hijos de puta. Siempre han sido así de traicioneros.

De un escondrijo al fondo salieron cuatro tíos armados con metralletas y ataviados con unos impecables uniformes de Armani, entre los que estaban los que les habían entregado los coches en la playa.

-Cerdassss de mierda, creíais que ibais a robar el oro blanco -les gritó el más alto, y amanerado-, ahora vais a saber lo que es bueno, guarrasssssss.

Las desnudaron completamente. Uno sacó un machete, agarró la caída teta derecha de Romualda hacia delante y se la cortó de un sólo golpe.
-Ahora vais a decirnos quiénes son los traidores espías que tenéis en Australia u os vamos descuartizar vivas.
-Que te jodan, maricón de mierda -le espetó Romualda, que aguantando el dolor le lanzó un escupitajo que le acertó entre los ojos.

esperma4Entonces el gay la cogió de la otra mama y también se la cortó. Ella soltaba alaridos. Después comenzó a serrarle un brazo, luego una pierna, y así hasta dejarle sólo el tronco. Con Clotilde repitieron la operación no sin antes orinarla sobre la cara e insultarla. Entonces apareció por la puerta un gay con gorra de plato y galones en el uniforme pegando gritos.

-¿Qué estáis haciendo, putos sádicos? Os voy a meter un paquete que te cagas. Se os dijo que nada de torturas, que las queríamos vivas para inseminarlas, joder, no os enteráis de nada. De lo que se trata es de traer mujeres para inseminarlas mediante este engaño, no de matarlas, idiotas.
-No se preucope, mi coronel, sólo estamos disfrutando un poco, pero le prometo que hacemos unos torniquetes, paramos las hemorragias y estas tías pueden procrear perfectamente.
-Que no me preocupe, válgame Dios. Espero que no muera ninguna de las dos. Yo creo que la gorda fea es salvable, pero la anoréxica rubia imposible, rematadla.
-Sí, señor, a sus órdenes.

Y remataron a Clotilde a machetazos. Romualda agonizaba y lloraba al mismo tiempo, su amada había muerto, pero fue cierto que le cortaron las hemorragias con los torniquetes, que le provocaron dolores terribles pero que la salvaron de una muerte segura.

El litro de semen marcaba en la bolsa de Wall Woman Street Secret precios máximos históricos, el barril costaba la friolera de mil doscientos millones de Bitcoins. Los países femeninos estaban en bancarrota total, y desunidos, porque en cuanto las mujeres se encontraron solas se despellejaron unas a otras sin compasión y se montaron movimientos independentistas en todos los países. La pobreza era extrema, no había mano de obra, el sistema de pensiones había quebrado en Europa y en algunas ciudades de Estados Unidos se había llegado por la escasez a comer carne humana. Por la “Ley mundial antipatriarcado” del año uno después de Ramona, los nacidos varones debían ser cambiados por semen con Australia o ser descuartizados y comidos por sus madres. Las niñas se las quedaban.

Había un problema grave en los estados femeninos. La homosexualidad masculina era fácil de conseguir con la consabida operación antes de los seis meses de vida, pero no ocurría lo mismo con el lesbianismo, que se mantenía al azar, era una casta en minoría dentro del matriarcado. Por lo que no todas las mujeres eran lesbianas en esos países. Y el deseo sexual persistía. Vaya si persistía, lo que creaba descontento. Un incipiente mercado negro de porno masculino producido en Australia circulaba por los continentes femeninos a pesar de la prohibición expresa y la pena de muerte a la mujer que se atrapara con fotos de tíos desnudos, aunque fueran maricas sodomizándose.

En la mansión del gobernador de Perth, Amable Smith, se celebraba el cumpleaños de su mancebo, Rodrigo Jones. Amable amaba a Rodrigo con toda su alma a pesar de sus discrepancias culturales y de la diferencia de edad, cincuenta y cuatro años menor que él. Rodrigo decía que era gerontófilo, pero en realidad Jones era un trepa de cuidado. Ochocientos invitados habían acudido a la gala cumpleaños en el palacio de gobierno, la plana mayor de la élite gay de Australia al completo. Después de soplar las veintitrés velas de la tarta y de que el coro gay de Perth le cantara el cumpleaños feliz, Amable se llevó a su chico con los ojos tapados al jardín a entregarle su regalo.

-No mires hasta que no te lo diga, cielo. AAAAhora, abre los ojos, cariño.

Rodrigo abrió los ojos y se emocionó al instante. Siempre había deseado aquel coche vintage del que sólo quedaban tres en todo el mundo: el Audi LGTB A18 Turbo Diesel con una puerta de cada color, que había sido fabricado por última vez para coleccionistas gueis en 2083. Costaba varios millones de Bitcoins. Gastaba treinta litros de gasoil a los cien kilómetros.

-Amable, eres tan generoso conmigo.
-Y lo próximo será tu cargo en la asamblea general.
-Joder, gracias.

Susamari aceleró Lamborghini saltándose el control militar a la entrada de Perth. Las ráfagas volaban por encima, pero las esquivó con gran pericia, había ganado cuatro títulos seguidos en el Mundial Matriarcado de Fórmula1 Ecoloeléctrica, aunque aparcar no se le daba muy bien. Consiguió ponerlo a trescientos por hora y atravesó la ciudad hasta el palacio del gobernador. Cuando enfiló la avenida que conducía hacia el control de entrada los guardas Armani apuntaron de lejos hacia el coche pero, de repente, antes de que dispararan, uno de ellos ametralló al resto matando a todos. Acto seguido levantó la barrera y Susamari pegó un acelerón para y rebasó la barrera. El guarda la saludó al pasar. Era él, John Summers, el transexual que tenían infiltrado en el ejército gay, el Mata-hari del matriarcado.

Susamari frenó en seco sobre el jardín, descendió del coche a la carrera y descerrajó tres tiros sobre el sorprendido guarda que había en la puerta. Sacó el mando a distancia de su bolsillo y se palpó las lorzas para comprobar que los explosivos estaban allí. Se abrió paso a tiros por el salón dejando cadáveres a derecha e izquierda sin que la multitud se diera casi cuenta debido al alto volumen de la música, en ese momento sonaba a todo volumen la canción vintage de Sonia y Selena “Yo quiero bailar toda la noche”. Llegó al centro del recinto, se subió sobre una mesa y pegó un grito, pero nadie se enteró. Algunos la vieron, pero la jalearon pensando que era una atracción más de la fiesta. Apretó el botón. Grito “POR RAMONA Y EL MATRICARCADO”, antes de explotar y hacer reventar a todos los asistentes gracias a la onda expansiva.

esperma5Amable y Rodrigo subieron por la escaleras desde el búnker garaje y nada más salir a la superficie pudieron ver la destrucción que había cundido en el enorme salón. Cabezas reventadas, órganos internos, genitales de los bailarines, piernas amputadas, todo mezclado con sangre en una orgía de violencia que había provocado la explosión. Se le saltaron las lágrimas a Rodrigo viendo aquello.

-Qué desastre, seguro que han sido las zorras. Hay que hacer algo, lanzarles la bomba atómica de una vez.
-No Rodrigo, necesitamos sus úteros, no podemos exterminarlas. Pero, de todos modos, hace tiempo que te digo que hay un movimiento hetero terrorista aquí en Australia campando en la sombra, el enemigo lo tenemos dentro. Entre nosotros hay muchos gays que no lo son, sólo dicen serlo para sobrevivir, por conveniencia, y ya habrás oído, están montando en el desierto una guerrilla secreta hetero.
-No me vengas con milongas de carcamal. Esto lo han hecho esas hijas de puta del matriarcado.
-Calla, necio, estás borracho. Vámonos y convoquemos a lo que quede del Consejo Arcoiris.
-Esto también puede ser obra de Joseph Urban, Amable. Sólo quiere el poder y es capaz de todo, ahora reclamará el mando de las Operaciones Arcoiris. Te repito que tenemos al enemigo dentro.
-Tú sí que lo tienes dentro, imbécil, que me he enterado de lo vuestro, no me tomes por idiota, que por el interés eres capaz de tirarte lo que sea, Rodrigo.
-Si al menos a tí te funcionara la cosa como es debido, Amable, no tendría que buscarlo fuera de casa.... pero los excesos, amigo mío se pagan.
-Me niego a tomar Viagra, me sienta fatal. Cabrón.

2094, año 6 antes de Ramona

Ramona se estaba ahogando. Por un lado le gustaba, la hipoxia le dilataba el clítoris como una chistorra, iba a tener un orgasmo tremendo de un momento a otro, pero por otro aquella masa gelatinosa de textura parecida al cemento le obstruía la traquea. Intentó toser, pero no pudo. Se estaba poniendo morada, en todos los sentidos, e intentó expulsar aquello, pero sintió cómo se le sentaba encima de la boca y ya no pudo más, se abandonó al placer y a lamuerte, perdió el conocimiento justo mientras se corría.

Al notar el estertor y ver el panorama, ya que Ramona parecía muerta tirada inerte sobre el suelo, el miedo invadió su cuerpo y salió corriendo tropezando mientras se subía la ropa interior. Llegó al coche, lo arrancó y salió a toda velocidad del camino hasta la autopista.


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