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Radio Marca

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 La desventaja de haberse uno construido a caballo entre distintas culturas reside en estar en condiciones de comparar, en el ámbito social, cultural y político la pobreza de estímulos que vehiculan los medios de comunicación patrios.

radio3Y es que, en España, no disponemos ni de una radio ni de una televisión públicas a la altura del papel que ha jugado nuestro país en la Historia de Occidente. Nada que se pueda comparar a lo que ofrece la BBC, la Deutsche Welle, Radio France o las cadenas de la Confederación Helvética.

Estas potencias culturales extranjeras difunden una amplia gama de contenidos socioculturales de calidad de la mano de unos profesionales independientes cuyo futuro laboral no depende del partido que gobierne. Algunos de estos países se han puesto, incluso, de acuerdo para fundar consorcios de comunicación que sirven la idea de cómo interpretan las cosas que pasan en el mundo desde un punto de vista que repercute en la imagen de seriedad que persiguen proyectar. Es el caso, por ejemplo, de la cadena de radiotelevisión franco-germana Arte.

Y no será que no tenemos en qué fundar una mirada retrospectiva en todos los ámbitos del saber, de las artes o de la ciencia. No será que no tenemos una potencial audiencia de, como mínimo, 500 millones de hispanohablantes. Que no disponemos de una actualidad rica en noticias de los más variados tipos. Que no compartimos Península con un posible socio en muchísmos proyectos de este tipo: Portugal. A este respecto: ¿por qué no fundar un consorcio comparable al franco-germano con nuestros hermanos de poniente? Conocí a una periodista de Radio Nacional que llevaba dos años intentando convencer a sus superiores para proponer una emisión semanal que ahondara en lo que comparten las dos grandesradio2 naciones ibéricas. Por lo que se ve, el proyecto no era viable si no conseguía patrocinadores (imagino que privados) que lo financiaran.

Por otro lado, se dice que una de las principales razones por las cuales se ha multiplicado el virus independentista es la carencia de un proyecto estatal ilusionante. Nada extraño cuando se considera los esfuerzos que se ha dedicado a promover el conocimiento pormenorizado de las distintas entidades regionales desde el advenimiento de la democracia y el nulo empeño por divulgar lo que todas ellas han contribuido a constituir la nación plural que es España.

Los medios de comunicación españoles sirven, por lo general, unos intereses partidistas y se disputan la audiencia a través de demasiados programas que en modo alguno mejoran las capacidades de los españoles ni su amor por el país en el que viven. El maltrato que recibe en ellos la lengua de Cervantes es sonrojante si pensamos el mimo con el que debería hacerlo el faro de la Hispanidad.

Hace unos días, contemplé un debate en France 2 sobre las próximas elecciones europeas en el que participaron una decena de formaciones políticas francesas. Me di cuenta de todo lo que unos malos medios de comunicación españoles le están hurtando a nuestros conciudadanos. Les puedo asegurar que, allende Pirineos, lo que preocupa es cómo construir una nueva Europa, cómo gestionar la inmigración, cómo debe liderar nuestro continente la lucha contra el cambio climático, contra el creciente poder de los consorcios de las telecomunicaciones, cómo debe posicionarse ante la consolidación de las nuevas Rutas de la Seda chinas, etc.

radio4Nosotros, aquí, a lo nuestro: a entregarnos al cainismo, a esa riña a garrotazos que ya plasmara Goya en uno de sus mejores lienzos. Ni siquiera la desastrosa sequía que nos azota desde finales de otoño es capaz de auparse a los titulares. Todo lo contrario: hoy decían en los telediarios que en ningún lugar de la Península nos libraríamos de las tan deseadas lluvias de abril. No se pueden ni imaginar lo que comporta en la opinión de las masas aborregadas el empleo de este verbo. Nada más y nada menos que la indeferencia ante los fenómenos del cambio climático.

Es por todo ello por lo que, en español y con diferencia, mi radio favorita, en el 103,5 o el 104,5 de la FM si Vds. viven en la Comunidad de Madrid, sigue siendo Radio Marca.

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Chalecos amarillos

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Francia se ha caracterizado en la Historia Contemporánea de Occidente por ser el suelo en el que germina cualquier movimiento cívico capaz de alterar el devenir de los pueblos. Sus revoluciones y revueltas anticipan lo que acabará ocurriendo allende sus fronteras. Podríamos decir que el pueblo francés es aquél que experimentará por vez primera las crisis (y sus posibles vías de encauzamiento) que atravesarán las demás democracias occidentales.

amarillos2En este sentido, no podemos negar que, una vez más, las convulsiones que vive nuestro país vecino anuncian todas aquéllas que ya se están produciendo o están a punto de producirse en la mayoría de los países occidentales. Intentaré ponerles en claro aquello de lo que ahora mismo se está tratando.

El movimiento de Los Chalecos Amarillos se gesta en las redes sociales como reacción a la fiscalidad que una parte de los contribuyentes franceses considera que se le impone de modo exactivo. El gobierno Macron necesita financiar la descarbonización de su sistema económico y productivo para cumplir con los compromisos asumidos en las distintas Cumbres climáticas. Para ello, necesita aumentar los ingresos fiscales y decide imponer una tasa (al carbono, nunca mejor dicho) a todos los contribuyentes que no reciben ningún tipo de subsidio: clase media y alta. El objetivo es disuadirlos, a medio y largo plazo, de depender de un vehículo y-o de un sistema de calefacción contaminantes para que opten por un modo de vida más sostenible.

amarillos3Ocurre que no todas las economías afectadas por dicha tasa se encuentran en disposición de asumir el cambio con la urgencia con que se les propone. Existe una clase media no acomodada (llamémosla media-baja) que considera que le da a la República mucho más de lo que recibe de ella. Un sector de la población al que se lo ha llegado a tasar con tipo del 47% sobre sus rentas y que comprueba como, año tras año, los servicios públicos de los que goza (educación, seguridad, sanidad) no dejan de empeorar. Para poder seguir disfrutando del estatus y la calidad de vida de otrora, muchos han abandonado el centro de las ciudades para desplazarse a sus periferias o, incluso, a zonas rurales. En estos proyectos vitales de autonomización (han pasado a vivir en unifamiliares a mucha mayor distancia de sus lugares de trabajo), dependen extraordinariamente de los combustibles fósiles (uno o dos coches por familia más las calderas de gasoil para calentar sus hogares). Esta dependencia genera unos gastos de funcionamiento permanentes que reducen su capacidad de gastar en calidad de vida. Y van comprobando cómo cada vez están más lejos de los estándares de bienestar alcanzados durante los famosos 30 Gloriosos (1950-1980).

Esto lo lleva especialmente mal una sociedad acostumbrada a echarse a la calle (eso sí, sólo los fines de semana) por cualquier cosa. Una sociedad eternamente enfadada por comprobar cómo su país cada vez se puede permitir menos los lujos de una gran potencia. Recordemos a este respecto que Francia es un país miembro del Consejo permanente de la ONU, potencia nuclear, con territorios y presencia militar en los cinco continentes. Un país que sufraga a razón de 250€ por chaval su semana blanca en los Alpes o los Pirineos.

amarillos4Casi simultáneamente, estos ciudadanos se enteran de que la recaudación por esta nueva tasa irá a tapar otros agujeros y no a estimular la transición energética de toda la sociedad y su economía. Y saben de sobra que la responsabilidad de Francia en el global de emisiones de gases de efecto invernadero sobrepasa apenas el 1% (recordemos, a este respecto, que Francia es el primer producto de energía eléctrica de origen nuclear). ¿Por qué expiar tan exageradamente una culpa tan relativamente pequeña?

Conforme van pasando los años desde que su porvenir pinta en bastos, se van creyendo las promesas de los unos y los otros, a los que les entregan sucesivas mayorías de gobierno. Sin embargo, presas de lo políticamente correcto (por abajo) y de lo estratégicamente inasumible (por arriba), la derecha y la izquierda moderada incumplen su compromiso. Saltan por los aires lo partidos gaullistas (Chirac y Sarkozy) como también el socialista (reducido a una actual intención de voto del 4%) y se entregan al macronismo (La República En Marcha), que no es ni siquiera un partido, sino más bien un movimiento puesto en pie en tiempo récord para cerrarle el paso a la derecha radical de la mano de un liberalismo social.

Los partidos radicales de izquierdas (La Francia Insumisa) y de derechas (el Frente Nacional), se frotan las manos. Los sindicatos también. Será una oportunidad única para revitalizar sus discursos. Pero se equivocan: la desconfianza de Los Chalecos Amarillos para con los políticos es tal que no se dejan captar por ninguna estructura y ni siquiera están dispuestos a avalar a nadie que tome la palabra en su nombre y que surja de sus propias filas.

amarillos5Hoy por hoy, Los Chalecos Amarillos son un movimiento desestructurado y muy fragmentario no sólo en cuanto a la orientación ideológica de sus partidarios sino, incluso, al contenido de todas aquellas reclamaciones que excedan el pretexto de la tasa carbono. Su vocación asamblearia local impide la toma de decisiones prácticas en tiempo oportuno. Las autoridades no saben ni tienen con quién hablar. Ellos, en principio, se niegan a involucrarse en política o a tomar responsabilidades pues reconocen no entender de las cuestiones de fondo relacionadas con sus reivindicaciones. Lo único que los une es su testarudez en la queja y en el rechazo de todos los violentos que, en su nombre, desacreditan su legitimidad.

Eligieron ponerse chalecos amarillos para que se los viera. Y ahora que se los ha visto, ahora que los medios han puesto el foco en ellos, toca, porque no hay más remedio, vertebrarse políticamente. Un país de 67 millones de habitantes no se puede gobernar como se gobierna una tribu. Llegó la hora de la verdad.

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Gozo sin sombras

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La experiencia que da la mitad de una vida enseñando y la mayor parte de ella aprendiendo me ha permitido experimentar una de las modalidades de placer que menos promociona nuestra sociedad: aquélla que consiste en sentir que un determinado aprendizaje ha llegado a nosotros para arrojar luz y lógica a un entramado de conocimientos que no acabábamos de entender completamente por no estar suficientemente conectados entre sí.

gozo2Teníamos una serie de nociones parciales que podían estar más o menos asentadas y, de repente, alguien enuncia un contenido que viene a poner en relación ideas que conocíamos pero cuyo sentido profundo no poseíamos por creerlas independientes.

Se nos dibuja,entonces, una sonrisa que no es sino el reflejo de la que esboza nuestra razón cada vez que ha atado cabos. ¡Era eso! ¿Y cómo no había caído yo en ello? Nuestro interlocutor prosigue su excursión erudita pero nosotros seguimos ahí, disfrutando intelectualmente de esa transversalidad de conocimientos que nuestra competencia no había alcanzado a identificar. A veces, incluso, echamos la vista atrás y pensamos en qué habría sucedido si, en determinadas ocasiones, hubiéramos sabido lo que acabamos de averiguar. Cuando volvemos a aterrizar en la actualidad del discurso de quien nos habla puede que nos hayamos perdido otras luminosas verdades. Si nuestro alumbrador es auténticamente sabio, sabrá igualmente administrar con ponderación esas píldoras de saber de modo que sus escuchantes tengan más de una ocasión de subirse a un mismo tren de conocimientos.

gozo4Como profesor, procuro diseminar en mis intervenciones esta especie de pegamento intelectual que, curiosamente, nunca forma parte de la materia reglamentaria que hay que enseñar y que yo mismo he ido aprendiendo de otros profesores, de experiencias vividas o situaciones en las que me he autoformado.

Las fuentes que aplacan mi curiosidad, aquéllas que me procuran mayor placer intelectual no lo hacen de ordinario en español. Y no porque nuestra lengua no esté capacitada para ello sino porque no se ponen a su servicio los cauces, los canales de difusión con los que cuenta, por ejemplo, el francés.

A una edad en la que la reflexión sobre las más variadas cuestiones que me puedan interesar no puede venir suscitada por la simple lectura, echo de menos una radio pública con vocación decididamente formativa. El grupo Radio France gozo3pone a disposición de los francófonos una serie de emisoras y de programas que abordan los más variados asuntos sociales, científicos y culturales con rigor y auténtico espíritu divulgador. Programas de filosofía, literatura, sociología, ecología, arqueología y todo aquello que uno pueda desear aprender que voy escuchando con interés y van multiplicando en mis archivos mentales personales un entramado de nodos que puedo acabar volcando en el aula cada vez que se presente la ocasión.

Si de verdad queremos que la educación en línea no se lleve por delante la educación presencial, la de toda la vida; si de verdad queremos que el profesor siga imponiendo su autoridad también desde su reconocida competencia científica; si queremos que los alumnos sigan pensando que faltar a una clase es perdérsela, entonces tenemos que procurar que haya siempre en ésta un momento de digresión pertinente que lleve luz a las tinieblas del conocimiento, que consiga que el aprendizaje pueda volverse en cualquier momento una actividad placentera, un gozo sin sombra de duda.

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