Bonifacio Singh: Madrid Sumergida
  • Home
  • Noctámbulos
  • Bonifacio Singh
  • Madrid sumergida

Ratas de aeropuerto

ratasde1

En el invierno de Madrid hay cuarenta días de oscuridad entre diciembre y enero, antes y después del solsticio. Como si fuera Suecia o Noruega. Anochece antes de las seis de la tarde y la luz que deja pasar el hollín es cada día más tenue. Las calles se vuelven silenciosas al caer la noche. Me gusta caminar por estas sucias calles a esas horas, sin rumbo fijo. Cojo la dirección Norte-Sur hasta llegar a Atocha y veo como ha cambiado Madrid casi de un día para otro. Entrevistan en el periódico a unos rusos y serbios indigentes que habitan en los bajos de AZCA, bajo los rascacielos. Dicen que no quieren ir al albergue a dormir, que prefieren esas calles subterráneas salvajes, que allí en invierno hace más frío pero que se está mejor. De vez en cuando entra a esa zona baja algún cabrón a mear, a beber, a robar a la gente o a follar, pero les dejan tranquilos allí. Ahora han elegido de alcalde a uno al que llaman Carapolla. Y tiene cara de polla. La anterior ratasde3alcaldesa era una vieja repugnante a la que nadie tocaría ya ni con un palo largo, ni siquiera su marido, que es un arquitecto venido a menos arruinado al que la vieja mantiene. Pero ahora la ha sustituído carapolla, que dicen que es guei, pero que yo creo que no, que no es guei, simplemente resulta que es feo el hijoputa y que no debe follar más que pagando mucho, pero que dentro de su secta ha trepado lo suyo. Carapolla. Y Carapolla es amigo de constructores y gente de bien, como lo era antes la vieja asquerosa pero que lo disimilaba, pero el susodicho Carapolla sólo se diferencia de la vieja en que a él le da igual disimular, y va a echar a los que duermen en AZCA para limpiarlo y hacer tiendas de ropa a las que tú irás a comprarte trapos caros. Los edificios de AZCA parecen gigantes en medio de la penumbra del invierno. Cuando éramos pequeños teníamos miedo de meternos por los subterráneos de esa mierda, pero ahora la verdad es que ya no me da miedo casi nada, y las calles cuando están desiertas, incluso los túneles, me gustan, me hacen sentir bien estas putas calles cuando están oscuras y carentes de humanidad, porque parece resultar tópico lo que voy a decir, pero es absolutamente cierto, no me dan miedo ya las sombras, me dan ya no miedo, sino algo de respeto, los hijos de puta, y esos no duermen en los túneles, sino sobretodo en casas, más grandes o más pequeñas, en todas esas casas en las que veo las ventanas encendidas cuando camino por Madrid a oscuras, todos esos hijos de puta que no salen a la calle de noche durante la oscuridad de los cuarenta días porque tienen frío o miedo, o frío y miedo a la vez. Y yo disfruto de de esa oscuridad larga porque Madrid ya no me da miedo sino que me envuelve, me acompaña otorgándome superpoderes, me regala su capa de invisibilidad. Y ya tampoco tengo frío. Cuarenta días de oscuridad caminando desde Plaza Castilla hasta Atocha. Invisible. Rodando por tus venas.

Corre el principio de los años ochenta, cuando el tiempo avanzaba mucho más lento. Jugamos al fútbol en un descampado irregular sobre el que hay unas porterías sin redes, en los confines de Madrid, en barrio ajeno. Nos damos hositas y hostias, se enfrentan dos grupos de niños con ferocidad de hijos de puta. Me gustaba golpear, entrar a ras de suelo. Era malo, siempre el más delgado y uno de los más pequeños, pero resistía el dolor y lo infringía con crueldad e injusticia, como debe ser. Me cebo con uno, le doy una y otra vez. Intimidación. Le doy patadas sin sentir lo que hago, sin sentido. Lo barro con las dos piernas y lo levanto en vuelo. Me llama hijo de puta. Quebranta un mandamiento y despierta un mecanismo ancestral irrefrenable que llevo dentro, ratasde2en el subconsciente y entonces le meto un puñetazo y una patada sin balón de por medio, y luego otro golpe con el puño cerrado sobre la cabeza, como si clavara un clavo con la mano, y después cuando se va agachando le voy repartiendo patadas por el cuerpo y golpes, hasta que cae y repite el hijo de puta casi mascullando y entonces le sigo dando en el suelo hasta que despierto del trance. Todos miran a distancia. Entonces salimos corriendo. No sé cómo se llama el otro, ni lo sabré nunca, ni lo volveré a ver.

En la casa de enfrente de la mía hay tres balcones. En el de arriba vive un tío gay. Cuando le tocó hacer la mili tuvo que venir la policía militar a buscarlo, porque no quería marcharse a vivir esa experiencia con todos aquellos hijos de puta de uniforme. La gente se reía al verlo, pero yo lo veía lógico, yo siempre pensé que los militares eran unos ladrones, unos hijos de puta y que no quería ni en pintura irme a pasar esa temporadita de secuestro de uniforme. En el segundo piso habita un moro gordo con dos mujeres, la mayor sale a tender la ropa con velo, por si la miramos los de enfrente. Él se acuesta muy tarde y se le ve delante del ordenador del que salen voces extrañas en lo que debe ser porno para moros. En el balcón del primer piso vive el árbitro. No supe cómo se llamaba hasta muchos años después de verlo por primera vez. Se llama Carlos, pero todos lo conocen como el árbitro, porque cuando jugaban al fútbol en los descampados él era muy malo y le ponían a arbitrar, pero sospecho que mucho caso no lo hacían. El árbitro es del Madrid. Lo vi hace años alguna que otra vez en el fondo Sur del Bernabéu, pero no le hablaba, porque aunque vivimos enfrente nunca nos saludábamos, hacíamos como que no nos veíamos ni nos conocíamos. Él tiene ahora unos ochenta años. Sus dos hijos se han ido de casa. A su mujer se le cayó el pelo por el tema hormonal y ahora lleva una peluca. Su mujer tampoco me saludaba nunca, hacía como que no nos conocíamos y no nos veíamos por la calle, hasta hace poco. Hace poco a él le dio un ictus. Pero no se quedó gilipollas, tuvo suerte, tuvo cojera durante un tiempo pero la solventó con un bastón. Cuando nos cruzábamos por la calle ella comenzó a saludarme. Me extrañó. Yo la devolví por primera vez el saludo. Entonces él comenzó a saludarme también, cojitranco con su bastón diciéndome hola. Ella me saludaba todos los días. Llevaba una peluca rubia con forma de tazón que le tapaba a la pobre la calvicie. Parecía otra persona. Entonces se lo comenté a mi madre, que me dijo que ella tenía alzheimer, que no conocía a nadie, ni siquiera a ratos al árbitro. Mi madre señala todos los datos con su crueldad de anciana habitual, con esa crueldad que sólo tienes pasados los ochenta a causa de que ya no te importa nada ni nadie. El árbitro ha seguido saludándome, pero ya no va con su mujer. Se lo dije a mi madre, y me contestó que ahora se la llevan a un centro de día. Me lo dijo con su retintín habitual. Mi madre se jacta de estar mejor que los demás, pero muchas veces se olvida de tirar de la cadena y de cómo quitar la calefacción, pero se jacta en plan mala hostia, se jacta de nada, porque ser viejo hace que te vuelvas cabrón también. El árbitro se asoma al balcón del primer piso. Tiene cierta dignidad, es uno de los últimos supervivientes del barrio. A veces lo veía en el fondo Sur, pero hacía como si no nos conociéramos. Gritábamos el manta de “MADRID, MADRID, MADRID”, a voz en cuello. No es una palabra que signifique un equipo, sino que representa nuestra tierra, nuestro barrio y nuestros cojones. Los cojones de mis padres, del árbitro, los míos. MADRID, MADRID, MADRID. El mantra de tu nombre, el nombre de la ciudad bastarda y maldita que es mi ciudad. Madrid. Gritar MADRID nos teletransporta hasta el animal que fuimos y el que todavía somos dentro del puñetero inconsciente. Puede que la mujer del árbitro haya muerto, porque hace semanas que no la veo con él. El moro del segundo piso sigue haciéndose pajas delante de la pantalla hasta la madrugada mientras sus moras duermen ya bien folladas en las habitaciones contiguas. Y el hombre homosexual del tercer piso sigue odiando a los militares y haciendo como que no me ve. MADRID, MADRID, MADRID, gritábamos cuando cedió la valla del fondo Sur, se cayó la portería y tuvieron la perfecta excusa en sus manos para poner asientos y convertir nuestra tierra en la mierda de ópera que es ahora. El árbitro ya no va al Bernabéu, espera la muerte en su casa viendo los partidos en la tele.

Siguen corriendo los años ochenta y jugamos al fútbol en otro descampado. Dejamos las chaquetas al lado de los postes, y un baló viejo nuestro, porque jugamos con el del otro equipo, un tango España descascarillado pero algo más nuevo. Mientras jugamos y nos damos de hostias vemos que un grupo de kinkis del barrio Belmonte, kinkis hijos de kinkis, pasan mirando por alrededor del campo, pasan rápido y desaparecen. Entonces miramos y el viejo balón ha desaparecido. El partido para y nos vamos a recorrer descampados buscándolos por los confines de Madrid. Hasta que a lo lejos, al bajar una cuesta, vemos gente jugando con un balón. Nos acercamos. Es el nuestro. Son cuantro o cinco más que nosotros. El más grande los nuestros se acerca al más grande de los suyos y le dice que le devuelva la bola, que es nuestra. Se acerca y lo coge en las manos mientras nos metemos en el centro del grupo. Le dice al más grande de ellos que yo soy su hermano, y que si no devuelven el balón mi padre me va a dar una hostia por dejármelo quitar. Algunos kinkis gritan que el balón es suyo, pero mi amigo no lo suelta. El otro le dice que se lo deje un rato, pero él le contesta que no. Masculla un insulto y el de los míos se da la vuelta y le mira. Se calla. El de los nuestros ya tiene pelos en las piernas y es alto, luego parará de crecer y no lo será tanto, pero ahora tiene altura y huevos. A su lado llevamos al hermano del Pantera, el ladrón de pisos, que juega muty mal al fútbol, pero que nos acompaña siempre, y el Jesús, que tiene nueve hermanos y ha repetido curso ratasde4y no le lavan nunca la ropa, huele siempre fatal. Nos damos la vuelta y nos marchamos subiendo la cuesta. Una piedra me pasa rozando. Luego cae otra, y otra, pero vemos que nadie viene detrás de nosotros y desaparecemos tras una esquina. Caen piedras pero tenemos balón.

 Siempre que me levanto lo primero que hago mecánicamente es lavarme los dientes, enjuagarme con Oraldine, beber agua y mear, siempre por este orden sagrado. Al llegar al water y apuntar el chorro siempre veo que mi madre no ha tirado de la cadena. No se sabe si no tira por ahorrar agua o, como dice ella, por no hacer ruido. Creo que simplemente lo hace, o no lo hace, por vaguería, por desdén, por cansancio, como cuando de madrugada me despierto tirado sobre la cama con la tele puesta y mi cuerpo no tiene casi fuerzas ni para apretar el botón de apagar ni para quitarme los pantalones. Ese esfuerzo supremo casi de la nada se hace imposible, por un momento es como subir al Everest sin oxígeno. Ese esfuerzo de los ancianos a los que les queda poco tiempo y ya casi nadie conocido, que ven su territorio poblado por desconocidos y transformado en otro planeta diferente que ya no es ni mejor ni peor, pero sobre el que ya no pueden respirar, sobre el que no les apetece vivir, continuar vivos. Todos los días me siento a la mesa con mi madre delante. Vemos la tele. Ella quiere ver “La ruleta de la fortuna”, pero yo me opongo, prefiero el Telediario facha de Telemadrid. Es un telediario surrealista, cutre y salchichero. Conozco al subdirector de informativos del denominado canal autonómico y, aunque decíamos que estaba pirado, me sorprende que permita tanta basura. Pero ese telediario es como un informativo con síndrome de Diógenes, y yo necesito esa acumulación de basura rancia para sentirme un poco en el pasado, ese tono carca en las palabras y en la forma de tratar las imágenes, hacen que me sienta caliente. Si pongo otra cadena con sus ritmos desenfrenados y sus noticias políticas siempre mi madre y yo terminamos por llamar hijo de puta a cualquiera de los que salen, al presidente Pedrito, al carca rojo Pablito o a los fachos de los partidos de la derecha, porque todos son unos hijos de la gran puta. Y no nos gusta comer insultando, resulta desagradable, preferimos ver las noticias de sucesos que dan en Telemadrid con muertes por doquier, con peleas, choques entre coches, incendios, pero todo sucede muy cerca, y el subdirector de informativos de la cadena se debe descojonar cada vez que escucha y ve su obra diaria que no es más que un cuadro expresionista lleno de mugre pero que nos hace sentir calientes y todavía vivos delante del televisor. Mi madre me repite una y otra vez, un día y otro, el mantra de que quiere morirse pronto, que a ver si se la lleva ya su Dios pagano a tomar por culo. Y esa rendición me encrespa, no sé por qué en realidad, porque yo cada día pienso un poco de lo mismo sobre ese camino al que cada minuto me entrego un poco más, pero me jode que se rinda, aunque todos nos rendimos un poco cada día, pero bueno, me jode que se rinda porque escuchar a un anciano hablar de se modo es como verte en un espejo interior, como en una bola de crista, es vislumbrar el futuro de lo que será, de lo que en el fondo eres en realidad. El anciano es un vidente, un pitoniso, un augur, un viajero en el tiempo que viene de tu futuro para decirte la soberana mierda que te espera y lo que en realidad eres, el puto polvo que en en fondo llegarás a ser por mucho que te esfuerzes, por mucho que corras. Ese tiempo apisonadora que te persigue y que es mucho más rápido que tú aunque te creas, o seas, Usain Bolt. Usain Bolt también llegará un día a esa meta en la que deseará morirse. Los viejos son los Usain Bolt de la clarividencia, y puedes cabrearte con ellos, pero lo haces porque sólo dicen la verdad desnuda, y la verdad te jode. La verdad hollín, la verdad lluvia, la verdad viento sucio, la verdad que llega más tarde o temprano, pero que llega.

Llego a un aeropuerto. Islas Canarias. Por la calle y en el aparcamiento no hay casi nadie. Dentro se encuentra abarrotado. Juligans del aire. Gente de mediana edad que gasta el sueldo y la jubilación en hacerse selfis por el mundo. Encuentro un asiento que guardamos como oro en paño mientras mi compañera se va a mear. Pasan cientos de personas. Gordos sesentañeros con tatuajes dilatados con banderas de países sobre la piel. Señoras que no lubrican su vagina hace décadas. Señoras ultramaquilladas algo más jóvenes con aspecto de querer follar y no poder más que con la seta de su marido. Parejas que quieren aparentar que no han muerto todavía y que no quieren pensar que les queda poco y que ni el móvil ni los selfis ni los laiks de sus primos y de sus amiguetes les van a salvar de mearse y cagarse encima, en muy breve o quizás un poco más tarde, pero que la cosa de defecarse va a llegar, y la de no acordarse ni de cómo se llama el presentador del programa ese de la tele porque tu mente dentro de poco no va a dar para más por muchas vitaminas que deglutas. Y señores que sueñan con follar con chicas jóvenes que ven por la playa pero que ya no podrán tocar nunca a una ni pagando, porque pagar está muy mal visto pero si nadie los viera lo haríanratasde11 sin dudarlo. Y en medio de todo Dios, que es Ryainair, donde O´leary se ríe en sus, en nuestras putas caras de gilipollas haciéndonos el favor de dejarnos viajar a los confines baratos del mundo, esos que no valen ni para tomar por culo pero delante de los que te harás fotos y alguna paja en los servicios del hotel cuando tu señora está durmiendo. Subes al avión y ves cómo Ryanair ha colocado a las parejas desperdigadas para que paguen suplemente, algunos intentan cambiarse de asiento para estar cerca pero la mayoría se hacen los distraídos y distraídas para que les dejen un ratito en paz, para soñar mirando por la ventanilla o para quedarse dormidos con el runrún del motor del aparato y así descansar de la voz de esa puta sombra balbuceante que tienen al lado 365 días al año que es su pareja, a la que aguantan en parte por piedad y en parte por necesidad. Dios Ryanair, la compañía que nunca ha tenido un accidente y en la que nunca un moro ha estrellado uno de sus aviones contra una torre capitalista de oficinas, que si ocurriese aquello el olor que soltaría el incendio sería mitad a keroseno y mitad a mugre de pobre. Olor a rata quemada. Ratas de aeropuerto. Así en la tierra como en el cielo. Volamos un rato. Se hace noche. Miramos para abajo y allí se ve su silueta. Mil putas bombillas entre la bruma del dióxido de nitrógeno y la mierda reconcentrada. El alcalde Carapolla mandando. Y luego vendrá otro, y luego otro, y otro hijo de puta, y otro más. Y tú ahí resistiendo conmigo hasta quedarnos sin memoria. Si pierdo la memoria o las piernas por favor pégame un tiro, o envenéname con lejía, o con lo que sea, cabrón, pero no me dejes aquí así, déjame irme primero que tú y prometo que me apareceré en tus sueños, en tus sueños de Madrid.

40 días de oscuridad
entre diciembre y enero
todos los años
antes del puto solsticio
de invierno.
Sobrevivir al puto invierno
como obligación de
raza.
Permanecer erguidos
como homínidos superiores
que no tienen miedo.
Postureo desde el Valle del Rift
hasta que se ensanche el sol hacia Plutón. ratasde9
Fuimos lo que fuimos
somos lo que somos
o sea
nada
máquinas de huir hacia delante.
Ratas de aeropuerto
comentando lo mal que está el mundo
al verlo por la ventanilla.
Nunca tengo frío
pero he empezado a odiar el invierno.
Soñar con matar a todo el mundo.
A todo el mundo.
Mundo.
El mundo.
Despertar hecho un cuatro sobre el asiento.
Vuelo hacia todas partes y hacia ninguna
hacia donde te
cobran hasta por
cagar de canto.
Viajar por el mundo en Ryanair
dar la vuelta al mundo
para olvidar que
la muerte te ha cursado recibo
que la muerte te ha mandado su aviso legal,
que la muerte ya te ha metido cukis en el disco duro.
La muerte no respeta la política de privacidad promulgada por el parlamento europeo.
Soñé con estrellar sobre ese parlamento de mierda
este Airbus de mierda
mientras volaba junto a toda esta mierda
de pasajeros
sobre el Atlántico
y casi me corrí
al soñarlo.
Pensar que puedes caminar sobre las aguas
pero ahogarte.
Despertarse ya viejo después de haber soñado con matar
al presidente del gobierno
y al jefe de la oposición
a los líderes de los diferentes partidos bisagra
y a toda su flota de asesores a sueldo,
sicarios a sueldo.
Cegar a un vidente
Ensordecer a un oyente
Empupar a un leproso por todo
el cuerpo.
Despertarse en un asiento de avión con
400 juligans del aire
jubilados y gilipollas
o ambas cosas a la vez.
Sí matarás, si robarás, sí cometerás actos impuros
pero no follarás
nunca más
puto jubilado de mierda.
Suicídate, tírate por la
ventanilla.
Todos somos la misma mierda mortal
en el avión
destino la muerte
por un módico precio
con suplemente por elegir
asiento.
Cuando un hombre cumple los sesenta
debe dejar de follar y de soñar.
Pero yo te daré mi santa polla
por mandato divino
la santa polla
hasta que tú quieras
hasta que te hartes de ella.
Santa polla bisturí.
Santa polla instrumental quirúrgico.
Santa polla centro del mundo
santa polla cinturón de explosivos.
Convertir el agua en vino.
Azafata gorda
sobrecargo chistoso
que le dice que la quiere,
le pide matrimonio
en directo
en el aire
O´leary sonríe.
Ryanair
O´leary riéndose en tu puta cara
de turista
rata de aeropuerto.
Resucitar al puto Lázaro y
volver a matarlo.
Ryanair como un palacio flotante del lumpen.
Así en la tierra como en el cielo.
Los hijos de puta de Adán y Eva eran
igual de hijos de perra ambos a pesar de
la diferencia de género
porque el género es uno sóloratasde5
el género hijoputa pero
el avión de Adán y Eva se estrelló
igual que el tuyo
lo hará al final.
Invitar a que los mercaderes entren en el templo.
Olor a rata
asada
con salsa caramelizada.
La vida es mucho más loca e hija de puta
de lo que tú y yo pensamos.
Pero podríamos seguir follando
hasta el final
si tú quieres
con tu consentimiento explícito
para que no lo consideren violación
y me metan en la cárcel.
Sagrada polla de jubilado
momificada.
Ratas de aeropuerto.
40 días de oscuridad
antes y después del puto solsticio
de invierno.


Imprimir

39 chinos muertos

chinosmuertos1

Madrid. Me gusta pasear por las calles poco iluminadas y concurridas de noche. Hay una calle que a la gente no le gusta pisar. Está en medio de ninguna parte, entre el parque del Oeste y la Estación del Norte. Está ahí para que nadie pase por ella, porque en esa ladera apartada a la espalda de todo está el Albergue de San Isidro, donde van a pernoctar las escorias más arrastradas de Madrid. Van borrachos, van negros, van tullidos, van enfermos jomles sin casa y van yonkis y exyonkis a los que nadie quiere. Los coches pasan a toda velocidad por la calle para no verlos. Los coches deben pasar con cuidado, porque la escoria cruza sin mirar, sin miedo, la carretera, sin ningún miedo a la velocidad de los coches o de las balas, y se les puede atropellar si vas distraído conduciendo hablando por el móvil o guasapeando. Paso por allí y siempre están los mismos, hasta que se mueren. Sentados en el bordillo, meando en las tapias. Los negros se agrupan con los negros, los yonkis con los yonkis. Uno suele poner un cassette a todo volumen con flamenco del malo, y nadie protesta, no hay casas alrededor y nadie protesta por el ruido o por el olor a meado. En la calle de arriba está La Rosaleda del Parque del Oeste, y en la de abajo la Estación del Norte, pero la escoria nunca baja por allí o sube por allí, permanecen vegetando borrachos o drogados en esa calle larga del albergue. Me gusta pasar por allí. Me miran como si miraran al hombre invisible. Me gustan. Un día vi follar a una gorda borracha con un yonki apoyados sobre una barandilla de piedra, fornicaban a plena luz del día sin importarles quién miraba. Igual él le había pagado a ella cinco Euros por el polvo y a ti te parece una relación de poder de ésas que dices cuando te pajeas la mente. Ellos me caen bien y tú me pareces gilipollas. Ellos no tienen miedo, y tú sí, y quieres que los demás lo tengan como tú.

chinosmuertos2Sé muy poco de mis abuelos. Sólo llegué a conocer a mi abuela paterna, pero nunca sentí nada por ella, si acaso asco cuando palmó. Mi abuela materna murió casi al mismo tiempo que yo nací. De mi abuelo paterno conozco algunas fotos, y sé que vivió en Madrid durante la guerra, y que no era de ningún bando. Y luego sé que murió de cáncer de pulmón, o de fibrosis pulmonar o algo así, a mediados de los años sesenta, antes de nacer yo. Y que era bastante tacaño, pero que iba a su bola. Sé que era duro con mi padre. Mi padre trabajó desde los doce años con mi abuelo hasta que éste se murió. De mi abuelo materno no conozco casi ni su cara. Murió a los sesenta y pocos años de un derrame cerebral. Dicen que empinaba el codo. Cultivó la tierra, tuvo una posada en el pueblo, y luego reparaba camiones y coches en Madrid. Durante la guerra tuvo que escapar al monte, porque decían que en la república ponía el himno de Riego en la gramola cuando pasaban las procesiones por la casa. Escapó por la puerta del corral cuando vinieron a matarlo. Dicen que las marcas de los tiros siguieron allí hasta que tiraron al casa. También dicen que mi abuelo no se marchaba de casa durante los bombardeos, que se quedaba allí porque le daba igual volar por los aires, y porque pensaba que el índice de probabilidades de que le alcanzara una bomba era muy baja. Escapó corriendo al campo pero un año más tarde no se sabe si lo cogieron o se entregó y lo metieron en la cárcel. Condenado a muerte. Luego conmutaron la pena por treinta años. Y el 7 de octubre del 45 Franco claudicó ante los aliados y dieron una amnistía general. Mi abuelo salió del talego tras siete años y como le habían expropiado hasta los calzoncillos se vino a Madrid a trabajar, y a beber, y a beber y a trabajar, reparando camiones, o coches, y trasportando arena de los ríos para las obras de las casas del nuevo Madrid de después de la guerra. Mis tíos hicieron algo de dinero en Madrid y empezaron a votar al PP, y decían que Franco al final había sacado de la cárcel a mi abuelo. Mi abuelo siguió bebiendo y trabajando, y dicen que no se hablaba casi con mi abuela, a la que había preñado diez veces y con la que había tenido ocho hijos vivos y dos muertos. Un día a principios de los sesenta le dio un derrame cerebral. Nunca lo conocí. Hay una tapia en mi barrio que sigue en pie que él construyó. Me gusta pensar que no se escondía durante los bombardeos. Yo tampoco lo haría.

Al Bagdadi debería haberse suicidado en la cumbre del clima, con todos dentro. Se lo han cargado antes de tiempo. Tengo un sueño recurrente donde Mark Zuckerberg es secuestrado y torturado. Le sacan la piel a tiras hasta dejarlo en los huesos, pero con vida, como en la escena sádica del libro de Murakami. Murakami también es sádico, aunque no lo parezca. Después irán a por Llef Bezos, le arrancarán los ojos mientras grita desesperado ofreciéndoles dinero pero no tendrán piedad los asesinos y se los echarán de comer a los perros. Ojos con sabor a almendras caramelizadas. Ojos con sabor a chicharrones de Galicia de los que me trae Daniel Prieto. Chicharrones para no morir de inanición, chicharrones hasta ahogarme. Mi madre comenzó a decir croquetas en vez de cocretas. Ese es el mayor signo de decrepitud, la corrección gramatical. Veo una mariquita paseando por el cristal de la chinosmuertos3ventana del baño durante días. Bajo a la compra y traigo productos sublimes de Mercadona: fideos Yum-Yum y cerveza Black. Cuervo con sabor dulzón como a pis. Me gusta el cuervo que han pintado en la lata, y el “1895” como si fuera el año de creación que han dibujado debajo del grajo negro. Paseo por los pasillos de Mercadona, pero mi lugar favorito son los de el Alcampo por las tardes justo antes de cerrar, entre las nueve y las diez de la noche, cuando ya queda poca gente, cuando los que vamos sólo lo hacemos para pasear acompañados por las latas, las botellas y los envases.

Mi tío Pedro era un tipo que llevaba siempre una sonrisa puesta en la boca debajo del bigote. Me contaba que entrenaba con Fred Galiana, el boxeador aquel del que sólo conozco el nombre y dos o tres fotos que he visto en internet. El padre de mi tío era del PSOE, el partido ese de traidores, cobardes e hijos de puta, era un personaje conocido en ese puto partido, y cuando terminó la guerra tuvo que salir huyendo. Se marchó a Francia, dejó tirada a mi tía y a su hijo en España, pasando hambre. Tuvieron pocas noticias de él. Cuando murió Franco el tipo volvió del exilio. Estaba enfermo. Regresó sin un duro. Se alojó en casa de mi tío. Mi tía, la hijaputa de mi tía, decía que aquel viejo cobarde le daba asco. El viejo cobarde y otros viejos cobardes que habían vuelto de la mierda del exilio se postularon como candidatos de esa mierda de partido, y los nuevos traidores que mandaban tras la transición democrática, joder qué gran mentira de expresión, les contestaron que allí no había nada que rascar. Se presentaron a las elecciones con otro partido que refundaron, el PSOE histórico, manda cojones histórico, y naturalmente no sacaron una mierda de escaño. El viejo murió al poco tiempo. Mi tío hacía reformas. Comercios y casas. Estaba especializado en decorar farmacias. Tenía un despacho cerca de la calle Fuencarral. Mi tío seguía siendo simpático. Soñaba con que su hija, mi prima, fuera muy lista, muy muy lista. Un día se enfadó cuando le gané al ajedrez dos veces seguidas. El a ratos también se creía muy listo, pero era simpático. Entonces nos enteramos de que habían empezado a irle mal los negocios. No llevaba dinero a casa y empezaron a pasar hambre. Desaparecía muchos días seguidos. La hijaputa de mi tía estaba que trinaba. Cuando lo veíamos lo notábamos más delgado, cada vez más, cada vez más. Flaco. Un tío antes corpulento y fuerte que ahora estaba flaco. No traía dinero a casa. Entonces mi padre bajaba a casa de la hijaputa de mi tía con bolsas de comida. A veces iba yo con él. Mi prima era lista, y gorda y fea, o corpulenta como mi tío, y no tenían dinero para pagarle los estudios, porque a mi tío ya he dicho que le iba mal, y habíamos empezado a escuchar por el centro que era un timador, que cobraba las reformas de las farmacias, o el anticipo, y no aparecía a hacer las obras, que llevaba dos años haciendo éso porque no tenía dinero para pagar a los obreros. Mi prima era la más fea, pero aprobaba los exámenes de ingeniería, y mi padre le pagaba la matrícula y les llevaba comida, todas las putas semanas. Entonces mi tío se quedó ya muy flaco, y volvió a casa. Estuvo unos meses en que volvió a casa, ya no desaparecía, se pasaba todo el día en aquella oscura casa interior del principio de la calle Fuencarral. Era una casa de las que tienen el water en la cocina, tienes que cagar mientras tu madre hace la comida. Mi tío había vuelvo a casa, bak jom, pero muy flaco. Tenían un coche muy viejo y se fueron de vacaciones a la casa del pueblo. No follaba con mi tía, pero eran felices. Debía ser muy difícil follar con mi tía, porque era muy hijaputa. Una vez dijo que yo la había disparado con la escopeta de perdigones en el pueblo. Yo sólo la había apuntado, soñaba con pegarle un tiro en la cabeza, pero no lo hice, por desgracia. Y a la vuelta de las vacaciones volvieron en el vetusto coche a casa y en la carretera de La Coruña volcaron, porque conducía la gorda fea y lista de mi prima, y mi tío, que iba de copiloto se clavo en la cabeza por la ventanilla un testigo de kilómetros de la carretera. Mi tía fue al despacho de mi tío y descubrió fotos de tías en pelotas hechas con Polaroid, y cintas de cassette donde mi tío decía borracho que en cuanto su hija se hiciera mayor se iría con su otra familia, con la que tenía otra hija. Se escuchaba por el barrio que pobre mi tío, que era simpático pero que iba con todas las putas de Madrid. No follaba con mi tía, pero se ve que sí con otras, y hay que alabarle el gusto. Mi padre lo odiaba, porque siempre se había olido la tostada sexual de mi tío. Mi madre seguía diciendo que mi tío debió ser un putero y un cabrón, pero que le caía mucho mejor que mi tía. Y mi padre tuvo que seguir bajando comida todas las semanas a su casa y pagando los estudios de mi prima hasta que ésta encontró trabajo. Y entonces la hijaputa de mi abuela se hizo muy mayor, casi cien años. Y murió, un día, sentada en una silla. Y mi padre fue al notario y descubrió que mi abuela había cambiado el testamento y que le dejaba casi todo a la hijaputa de mi tía. Mi tía la había llevado al notario unas semanas antes. Creo que mi tía sigue viva, en algún lugar de Madrid. Mi madre dice que es una hija de la gran puta, y que mi abuela también lo era. Y que mi tío era un putero, pero que era simpático y que ser simpático es lo mejor que se puede ser aunque se sea un cabrón fornicador. Cuando estaban enterrando a mi tío llegó un tipo con un cactus muy grande y lo introdujo en la tumba. Sabemos que tenía una hija bastarda, al menos una, y debía ser mucho más guapa que la pavisosa gorda de mi prima la ingeniera. Mi tío era majo.

Morir por guasap. Retransmitir la muerte por guasap. Contarlo a toda la familia y amigos, cómo duele, cómo jode, cómo te vas apagando, en vivo y en directo, o en muerto y en directo. Todos diciendo lo tristes que están, poniendo emoticonos con caritas con lágrimas, todos tratando de explicar lo bueno que eras, escribiendo jaculatorias a tu muerte mientras cagan en el water. Un grupo de guasap con toda la parentela, putativa incluida. Alguno se equivoca y cuelga las fotos de las vacaciones sin darse cuenta, o dándosela, otro tontea con su prima hermana en el grupo, y cuando ella le manda una foto de sus vacaciones en Bangladesh él se masturba mirándola. chinosmuertos4Y tú te mueres, pero eres feliz, porque la muerte no debería ser triste según las teorías de los grupos de autoayuda de internet, y los demás comen sandwiches de rodilla en la sala del tanatorio donde hablan de fútbol y guasapean, y algunos hasta se tiran pedos de esos que no suenan pero que huelen a muerto mientras te miran fiambre por la ventanita.

Me gustan las putas y los borrachos. Los puteros son sólo una pobre gente con ganas de follar, Karim Benzemá es putero y es muy buena persona, aunque le gusta pisar el acelerador a fondo a veces en exceso. Tú no pisas el acelerador ni follas, eres racional, y bueno, y todo éso. Al menos los puteros follan, tú tienes cara de hacerlo poco y mal, aunque no es nada de extrañar sabiendo la cara que tiene la persona con la que compartes cama, aunque ésto es un juicio de valor, como cuando tú dices que ser puta es malo, y yo te escucho tus teorías tontas y me das pena, pero no digo nada por educación, por no molestarte. Un mundo gobernado por putas. Ai jav a drim. Joder, sería cojonudo un mundo así. Con puteros de ministros. Aunque hay puteros que ya lo son, lo curioso es que tú les votas y estás en contra del oficio de sus madres. El oficio, dicen, más antiguo del mundo, y yo añado que el más noble. No hace falta eFePé de segundo grado para ser puta, sólo un coño, esa es la ventaja. Aunque todo se podría estudiar y crear un máster para perfeccionar el follar, a ti te hubiese venido de puta madre aprender éso en vez de toda la mierda que te enseñaron. Tus hijos tienen másteres rimbombantes, y caros, en su curriculum, pero este curso sería mucho mejor, y más rentable, y respetable, y haría mucho más bien a la sociedad que cualquier mierda que ahora imparten en esas universidades. Podrían impartir varios idiomas en el máster de puta, y financiar viajes de Erasmus a Amsterdam para perfeccionar el coito y los idiomas. Putas multilingües y cultas, con mucho mundo. Escuchar teorías feministas sobre juegos de poder del patriarcado se queda en una mierda al lado de estudiar para puta, esa es la verdadera ciencia. Y además resultaría más divertido que esas otras mierdas, follar puede ser divertido aunque no te lo creas, follar en realidad no es para tanto, no es un acto tan metafísico como tú dices. Un mundo lleno de putas en libertad, esa sociedad utópica perfecta nada distópica sería maravillosa, una gozada. Ya estáis tardando en rodar una serie sobre ésto, para HBO o Netflix, aunque los gilipollas del mundo se pondrían de uñas por su inmoralidad, pero lo que nos íbamos a reír no iba a tener precio viéndoles el jepeto asperger de acelga. Hay futuro para las putas, hay futuro, lo hay, porque además sus hijos mandan ahora en la política, y tú los votas, porque la democracia es maravillosa, tu democracia, pero una dictadura de putas y puteros sí sería un mundo ideal, un mundo cojonudo. Así que no me vayas diciendo que hay que acabar con las putas. Prueba a follar con una, igual cambias de opinión. Yo diría que, viendo tu percal, seguro que te marcharías.

Noto un golpe en mi costado. Son las cinco menos cuarto de la mañana, lo veo en el reloj de enfrente al despertar. Otro golpe. Es mi madre que me golpea. Enciende la luz y me dice que se muere. Mi madre es como Pedro de “Pedro y el lobo”, y nunca podré saber cuándo viene de verdad el lobo. Me hace dudar, ni siquiera funciona esta vez el decirle que voy a llamar a una ambulancia para calmarla por puro miedo al ridículo. Dice que se muere, que se muere, que se muere. La tumbo en la cama, casi a la fuerza, dice que la cabeza le va a estallar. Llamo al 112. Les explico mientras escuchan sus lamentos casi a gritos por el auricular. Tras unos minutos de conversación absurda me dicen que mandan una ambulancia. Mi madre se pone cada vez peor, dice que no puede respirar. La mantengo tumbada e intento que no se asfixie, que  trague aire y lo expulse acompasadamente. Llaman al telefonillo, a las seis menos cuarto de la mañana, los de emergencias. Llegan una enfermera y una médico. Y bingo. Resulta que la médico es una entre un millón, un ser de luz. La presencia extraña tranquiliza a mi madre, que resucita de un tirón. Alien de los años treinta resurrección. Tiene la tensión normal, las pulsaciones normales, la temperatura normal. El diagnóstico es claro: tiene miedo a morir. Charlo un rato con la médico de urgencias que me dice que para qué coño mi madre toma todas esas pastillas, que si fuera ella le quitaba la de la tensión y el omeoprazol, que es un veneno que dicen que provoca Alzheimer, porque el estómago, los jugos gástricos y el cerebro están mucho más relacionados de lo que creemos. La acompaño hasta el portal. Nos despedimos en la puerta de la ambulancia, me dan ganas de quedar con ella más tarde para dar un paseo y hablar de ésto y de aquello. Hay personas con las que es mejor hablar incluso que follar. Pero no volveremos a vernos nunca. La ambulancia se marcha. Hace fresco. Las calles de Madrid ya están puestas, como cada día, las colocan cada mañana de madrugada, las calles no se irán a ninguna parte, permanecerán inmóviles ahí, eternas, inmutables con su olor a hollín y a pis, mientras tú y yo tratamos de calmar el miedo a morirnos cada día, intentamos aguantar el tipo y parecer erguidos, hasta que al final nos vayamos al otro barrio más o menos asustados, incluso aterrorizados. El barrio de al lado, el de la muerte, también está en Madrid. Madrid solitaria de madrugada. Madrid fresca presagiando calor. Madrid víctima y verdugo. Madrid atestada. Madrid aterrada queriendo parecer valiente. Madrid.

39 chinos muertos en un camión frigorífico.
39 putas enterradas en el polígono industrial Cobo Calleja
aún por encontrar
sus hijos son candidatos al congreso
el próximo domingo.
Al-Bagdadi se suicida como un
héroe
en la cumbre del clima. chinosmuertos5
Matar dragones.
Cataluña es como la franja de Gaza
y tu coño como la Antártida ardiendo.
No quiero ser un jubilado
que baila salsa,
prefiero morir con dolor,
dolor y sombras.
Nunca he ido de putas, nunca
pero
tu mujer me llamó una tarde
mientras se hacía una paja metida en el baño
caliente.
Sueño con un mundo lleno
de putas
y borrachos y con
escalar el Everest cotidiano
inhalando no oxígeno sino
gas butano de bombona.
Echábamos mercromina a las chicas en la Coca-Cola
en vez de burundanga
por ver si era verdad eso que decían que se
excitaban
pero todo era mentira.
Ya no hay mercromina en
las farmacias.
No te fíes de nadie
no te fíes de mí.
39 chinos muertos
39 putas muertas en un polígono industrial
aún por encontrar
lloradas por sus puteros
enamorados
y por sus hijos
candidatos al senado el
domingo próximo.
Madrid me habla cuando camino
sobre su lomo,
es mejor que follar y que comer
es como correr volando.
Morir por Guasap
resucitar en Instagram,
matar a Zukerberg en directo por feisbuc.
El día que nos conozcamos
físicamente
te decepcionarás,
porque aunque tengo grande la polla
en comparación con un chino
soy de un color sucio de carne y hueso
en toda su plena mugre.
39 chinos muertos en un camión frigorífico,
39 putas muertas en un polígono industrial
aún por ser halladas
sus hijos llorarán su desaparición mientras
juran sus cargos de ministro,
secretario de estado o
simplemente de asesor de gabinete ministerial,
todos ellos tienen una madre puta muerta aún sin encontrar su cadáver.
Me conocerás, nos conoceremos y
te acostaré sobre una cama de omeoprazol y rosas y
me ayudará algo el clonazepam
para darte placer en sueños
narcotizada.
Dios omeoprazol.
Rey ibuprofeno.
Príncipe paracetamol.
Zarina Burundanga.
Llamar al 112 por un ataque de ansiedad
pensando que es un ataque al corazón, jart atac.
Si te excedes con el clonazepam velaré tu sueño hasta el cementerio
y cerraré la sala del tanatorio para que no entren
todos esos hijos de puta que detestas,
para que no pasen a llorarte y a comer
los sandwiches de Rodilla que traerá tu familia
para el deceso
pagados a 2 Euros con cincuenta céntimos la unidad.
Retransmitir la muerte
por Guasap
la tuya o la de
39 chinos en un camión frigorífico
o la de 39 putas enterradas en un polígono industrial chinosmuertos6
aún no encontradas
madres no de
39 eurodiputados sino
de muchos más porque
esas putas con hijos políticos
suelen ser muy fértiles.
Volar todos los bancos de semen del mundo.
Volar la cumbre del clima
con todos dentro.
Al Bagdadi,
Al Zarqawi,
Al nosequé
Al nosecuantos
Mohamed Atta,
Bin Laden,
putos héroes
que nunca fueron de putas
o al menos eso decían.
La tierra fue creada sin duda por un
hijo de la gran puta
bastardo sádico
que
nunca te deja ver cuándo es
el final del camino.
Debes saber que el momento en que todos se largan lo hacen para
no volver.
"La muerte viene"
grita Pedro en el cuento de
"Pedro, el lobo y la muerte".
39 chinos muertos en un camión frigorífico
39 putas muertas enterradas en el Cobo Calleja
aún no encontradas
se toman la revancha porque
sus hijos serán elegidos este domingo para el congreso
de los diputados.

<para Eva Santos del Cuervo>


Imprimir

Homo Hijoputens Aspergerensis

hijoputens11

Madrid. Me levanto. Me asomo a la ventana. Son las doce y media de la mañana. Me han despertado los ruidos de la aspiradora de una nueva vecina al otro lado del tabique. Vecinos ruidosos en pisos de alquiler carísimo que no les deja margen casi ni para comer. Las paredes son de papel, de pan mascado. Se escuchan los eructos y las ventosidades. Se te escucha masturbarte. También a ella le escucho hacer ejercicios gimnásticos guiados por un programa de ordenador que regurgita órdenes con una voz chillona femenina y una música insoportable que juntas le ordenan que suba bien el chichi hacia arriba, “vamos, con ganas”, para que fortalezca el suelo pélvico, para que folle bien, para que abrace durante décadas bien las pollas con la vagina. Miro su nombre en el buzón. Pronto no habrá buzones, como ya no hay puestos de periódicos, los hijos de puta están ya a punto de matar los diarios de papel. En su momento ya acabaron con la revistas porno, pero eso nos ahorró toneladas de dinero mal gastado, aquello sí que fue útil, no ésto. La vecina sigue con lo suyo, ahora fortaleciendo tetas, “aprieta la pelota hasta que las sientas endurecerse”. La estalkeo en internet. Trabaja cuidando ancianos y escribe poesía sensible. Una editorial ha intentado timarla prometiéndo editarla a cambio de pagar los cien primeros ejemplares a un módico precio. Es vegetariana y cuelga fotos de sus plantas en Instragam. Cuenta en Feisbuk que no le gusta ir al médico porque cuando va el puto cabrón siempre le dice que todos sus males se deben a la mala alimentación. Puto médico carnívoro. Toso un par de veces. Tengo la boca pastosa. La Steinburg es veneno puro. En el bar de enfrente hay un cartel que dice “cerrado por vacaciones”, pero ya lleva mes y medio cerrado. De repente veo que el dueño asoma y quita el cartel. Cuelga otro que reza “Cierre por cese de negocio. Gracias a todos por estos 40 años”. Hace cuarenta años los vi llegar. Eran dos hermanos andaluces. El anterior dueño del bar tenía cáncer, se había quedado muy delgado, lo regentaba junto con su hermana. Traspasaban el negocio. Llegaron los dos hermanos, pagaron la cantidad estipulada, pintaron un poco el bar y a la semana siguiente lo cambiaron de nombre y reabrieron. Jugábamos en la máquina que tenían, costaba cinco duros. Teníamos mucha maña y la partida nos duraba media hijoputens2mañana o media tarde. Allí dentro, y dentro de otros bares, crecimos. Los primeros años no cerraban ni en agosto, trabajaban siete días a la semana trescientos sesenta y cinco al años, los bisiestos trescientos sesenta y seis. Por el bar pasaron borrachos, cuerdos, locos, extranjeros y españoles, ladrones, yonkis, okupas, gente corriente, locos, voceras, alcohólicos que no hacían eses. Hubo peleas en él cada cierto tiempo, gilipollas dándose de puñetazos de vez en cuando, salíamos a la ventana a ver cómo se derribaban unos a otros. De vez en cuando también les reventaban un cristal y entraban a robarles cuatro botellas y cuatro jamones. Tenían un menú barato y dicen que bueno, porque habría que ser gilipollas para comer en el bar de enfrente de tu casa en Madrid. Yo salía a la ventana en verano por la noche y veía cómo él se tiraba una hora hasta que reventaba el premio de su máquina tragaperras para que al día siguiente los ludópatas de turno no se lo llevaran. Era una de las tareas para ganar dinero en la suma de muchas pequeñas cantidades. Los del bar hicieron dinero, se compraron coches caros y pisos, pero todo el mundo decía que vaya oficio más cabrón, que no debían disfrutar la pasta porque no tenían tiempo, que había que tener muchos cojones para trabajar en aquello. De vez en cuando había ruido por la noche por culpa de los borrachos, pero nos acostumbramos a ellos tanto que nos sentimos raros sin escuchar de fondo esas voces roncas y descerebradas. Sus hijos trabajaron también temporadas en el bar, pero todos salieron huyendo de aquella esclavitud. Colocaron el cartel de cerrado por vacaciones pero sin poner fecha de vuelta como otras veces. Algo olía raro. Cambiaron el cartel por un decir adiós así, sin anestesiar. Paso por la puerta y algunos panchitos me preguntan si sé el teléfono de los dueños, que quieren alquilar el bar. Les digo que no. Lo tengo por ahí apuntado de pero les digo que no. Me levanto por la mañana y el bar está cerrado. Me despertaba el ruido de los desayunos, el berrido del camarero de detrás de la barra chillando “media barrita con tomate”. Los gitanos búlgaros ladrones de coches echarán de menos el bar, porque estos últimos años eran los reyes, se toman el vodka con RedBull allí que les sabía como si estuvieran a orillas del mar Negro.

Hace un par de meses fuimos al cine a ver una películita que han sacado sobre la matanza de Utoya. En ella Breivik, un demonio paranoico descendido a la tierra desde las profundidades de su propia mente, que en realidad es muy parecida a la tuya, asesinó a sangre fría a una multitud de niños y niñas que asistían a un campamento juvenil en Noruega. Toda aquella juventud a la que a cambio de escuchar discursos y dejarse lavar el cerebro dejaban follar en idílicos paisajes naturales se encontró con un loco armado hasta los dientes. En la película tratan de que sientas lo malo que es Breivik, que llores un poco, que te sientas mal si no lloras. Sí, él es un cabrón asesino, pero mi sentimiento va por otra parte, qué le vamos a hacer. No entiendo cómo un partido político puede organizar campamentos adoctrinadores para adolescentes, y encima llamarse laborista, y pretender un bien social. Lavando cerebros. Tú aquí, en Madrid, votas a la izquierda, sigues las elecciones como si fueran un partido de fútbol entre buenos y malos, resulta divertido. Protestas porque el hombre se está cargando el medio ambiente, me dices lo superguay que es la niña esta Greta, la de la cara de vegetal asperger. Llevas a tus hijos a un colegio concertado regentado por curas pederastas a varios kilómetros de tu casa en coche todas las mañanas parano mezclarlos con el lumpen proletariado salvaje inmigrante que habita en el colegio de enfrente de tu casa, con la excusa de que sean bilingües. Protestas contra Trump por su política migratoria, te parece un monstruo, pero te da miedo que tus retoños se mezclen con los panchitos y cabrones de los moros. Trabajas para una multinacional o para alguna de sus filiales y te vas a comprar un BMW eléctrico en cuanto puedas. Y te escandalizas cuando la marea sube en exceso y echas la culpa a los neoliberales neocons hijos de puta. Gilipollas. hijoputens3Que vale, que sí, que esos neocons son unos hijos de puta, lo mismo que tú, cabrón. Si pudieras le apagarías cigarrillos en la cara a Greta Thunberg, porque en realidad te da un asco que te cagas, pero tienes que decir en público que te cae bien porque es una pobre niña con asperger, la hija de puta desagradable.

Ya no echan en la tele películas de Tarzán. Las nuevas ecologeneraciones no saben quién era Johny Weismuller, y se escandalizarían si vieran a la mona Chita hacer cucamonas mientras cabalgaba a lomos de Tántor el elefante aplastando negros sobre las faldas del Monte Mutia. Los gaboni eran unos cabrones simpáticos, pero siempre morían, y el puto Tarzán era racista, fascista y patriarcal, pero Llein no pensaba lo mismo cuando le metía dentro todo aquello que se adivinaba bajo la piel taparrabos de leopardo. Weismüller mataba rinocerontes blancos de verdad durante las películas, por deporte, y nadaba muy rápido el cabrón de él. Johny era el verdadero Tarzán, no todos esos maricones que pusieron luego a imitarle, incluído el exmarido de la zorra de Tita Cervera. Johny se comportaba con los negros como Breivik con los jóvenes del partido laborista noruego.

Homo Hijoputens
mantente en forma.
Sé bueno.
Estudia matemáticas
que sirven para contar
mierda.
Haz algo que te ayude a vivir
y a defecar.
Ejercicio cardiovascular de
follar.
Dormir.
Descansar.
Levantarse por la mañanahijoputens6
salir a hacer la compra
la puta compra
sobrevivir
o no sobrevivir
esa
es la cuestión.
Dejar que tu perro cague en la acera y
no recogerlo si no te ven.
Intentar no hablar con nadie ni
cruzar la mirada,
balbucear.
Saludar.
Babear.
Tumbarse
descansar
no hacer los deberes
ni las paces
joder por joder.
Preocuparse por
nada.
Ejercicio cardiovascular
de follar.
Por los siglos de los siglos.
Soy un personaje de Ken Loach
viviendo dentro del retrato de
Dorian Grey.
Golpea como una mosca
vuela como un elefante
antes de morir,
ya no reponen las películas de Tarzán
porque Johny Weissmuler era un puto racista
y se volvió loco en el
hospital y
no dejaba dormir a sus vecinos de cama
gritando uauauauauauuauauauauuauaua
el hijoputa
lo hacía aposta.
Pongo un disco a todo volumen en el que Robert
Plant
plagia a varios negros
lo pongo para joder a la vecina de al
lado.
Todos necesitamos el viento en la espalda
al menos de vez en cuando.
La selva
humana.
El paseo arbolado más bello del
mundo
está en los pasillos de Lidl o
de Mercadona.
Evacuar
sin Evacuol.
Descansar.
Descansar todavía más.
Descansar y descansar.
Descansa un poco
hijo de puta.
Volar a ras de suelo sobre
meados de perro
sin taparse la nariz,
Madrid huele a todo ese pis
reconcentrado,
llevar a los niños al colegio
a treinta kilómetros de distancia
y luego votar
a Podemos
un domingo cualquiera después de bajar
a por el pan y de
practicar la natación
mientras se te escapa un poquito
de meado
en la boca del vecino de la corchera de al lado
durante el saludable desarrollo de ese tan estimulante deporte.
Ejercicio cardiovascular de
follar.
Dormir y luego
contar tus sueños
a alguien que finje escucharte.
Relajarte en
las Bahamas
o en Bali,
o en Benidorm con tu
puta madre.
Luego, practicar alguna, otra, maravillosa y saludable
actividad.
Submarinismo
o follar con menores que dicen que son mayores
de edad.
No sé si soy una persona o
un perro
para tí.
Ejercicio cardiovascular
de follar
todas las noches
y las fiestas de guardarhijoputens8
o por lo menos insinuar
que lo haces.
Procrear.
Babear.
Abastecerse.
Soñar con matar a
Greta Thunberg.
Piratear Hbo y
sentirse mejor.
Imitar a Lleims Gandolfini
taponándose las arterías hasta explotar
y gritar
como Jonhy Weismuller en su
manicomio.
Despertar a los vecinos
haciendo mucho ruido.
Levantarse.
Hacer gimnasia hasta asfixiarse.
Hacer crossfit con la polla.
Caminar.
Llevar a tu hijo
chino
al colegio.
Llevar a tu marido o a tu mujer
al psicólogo
para que sea feliz.
Feliz de verdad.
Hijos de puta felices.
Descansar.
Abastecerse de recuerdos
que no has vivido.
Ejercicio cardio-
vascular
de follar
al menos en sueños.
Tu padre no era el papa de Roma
ni presidente del gobierno
ni nada de nada,
era un puto mierda
como los demás
por mucho que tú lo vieras gigante.
Tu padre era gilipollas.
Tu padre no era Pedro Sánchez
ni siquiera el hijoputa chepudo de Pablo Iglesias,
no llegaba ni siquiera a ser esa
puta mierda.
Soñar con que se muere
Íñigo Errejón.
Pronto te quitarás todo el peso
de
encima
para morir ya sólo te
queda
bailar salsa con jubilados
montar en globo y
que te den por el culo.
Bailes de salón con Johny
Weissmuller mientras
grita uauauaua. hijoputens9
Vacaciones en el monte Mutia
con una oenegé.
Submarinismo en el triángulo
de las Bermudas
para luego contarlo a alguien
que finge escucharte.
Enrrollarte con un gaboni
mientras te clava su lanza
de carne.
Descansar.
Un armario y tres cajones
con tu ropa
es todo lo que quedará por quemar de

dentro de poco.
Hombre aeróbico contra hombre anaeróbico.
Ejercicio cardiovascular de
follar
hasta reventar.
Gota fría que cae torrencial del cielo
gota caliente que sale de mis huevos.
Homo Hijoputens Aspergerensis.

Hace veintitantos años fui a trabajar a una excavación prehistórica. Prehistórica es un decir, porque allí no había huesos humanos por ninguna parte, sólo restos de antiguos elefantes enterrados en el lodo, como si les hubiese caído un meteorito de repente o hubiesen muerto de aburrimiento. Elefantes muertos por todas partes. O antepasados de los elefantes a los que los paleontólogos ponen otros nombres más rimbombantes para justificar sus sueldos. Los que dirigían la excavación soñaban con encontrar huesos humanos que asociaran a todos aquellos animaluchos muertos con algún hijo de puta humano matándolos. Pero nada de nada. Nos levantábamos a las seis de la mañana para acarrear toneladas de tierra pero sólo salían elefantes. De vez en cuando algún gilipollas gritaba que había encontrado alguna piedra tallada. Normalmente eran una puta mierda, hijoputens4pero de aquellas cosas aquellos aficionados a las pajas mentales deducían toda la historia humana, adivinaban que los hombres eran muy buenos y trabajadores y que habían conseguido hasta nuestros días una gran evolución en el pensamiento. Ja. Los directores de mi excavación rivalizaban en presupuesto con otras, eso les jodía, porque en algunas otras habían encontrado los huesos de humanos de los que deducían teorías maravillosas sobre nuestros antepasados. Con ellos eran capaces incluso de saber cuántas pajas se hacían al día y se tenían almorranas internas o externas. Las teorías sobre linea evolutiva del llamado Homo Sapiens han cambiado tantas veces como pelos tiene en el pubis. Primero decían que el Neandertal era precursor del cabrón del Sapiens, pero luego que no, que ni habían coincidido, y poco más tarde dirían que follaban entre ellos, y se inventaron otras especies en cuanto era necesario para que aquello cuadrase y también para que el presupuesto de sus investigaciones no mermase. Cada año encuentran restos de especies nuevas que hay que encuadrar como sea en todo este rompecabezas absurdo. Los cabrones en realidad no saben nada, les gusta hacerse los sabios y los majetes, pero hace tiempo que se dieron cuenta de que no se sabe una puta mierda más que la que es resultado de unas cuantas pajas mentales y unos cuantos análisis de heces petrificadas y de huesos. Una y otra vez se encuentran con una hostia en toda la cara en contra de sus teorías. Lo único claro es que la verdadera especie que late dentro del hombre es el Homo Hijoputens Aspergerensis. Es un homínido hijo de puta que vive dentro de la mente de Greta Thunberg y de Anders Breivik por igual. En realidad son el mismo hijo de puta con diferente cara, desagradable cara. Se nos reconoce a todos por la cara común de cabrones que ha traspasado los siglos y los milenios imperturbable, del Australpitecus Pajillerus, pasando el testigo por el Homo Joputa Hábilis al Homo Heidelbergiesne Cabronis, y del Homo Neandertalis al Homo Hijoputens Aspergensis.

Cada uno tiene un plan hasta que recibe la primera hostia en la cara. Yo vi aquella noche el combate entre Tyson y el gordo “Buster” Douglas. El cementerio de canelones negro aquel le metió dos o tres hostias al bueno de Maik que lo dejó tieso. Pero es que el pobre exdelincuente y campeón del mundo estaba preocupado porque la zorra de Robin Givens y su madre le estaban esquilmando su fortuna y además no le dejaban follársela, y no podía concentrarse en dar de hostias a aquel puto gordo con tantos problemas sobre su lomo. Estaba mejor en el Bronx robando a punta de pistola en la calle que siendo millonario y aguantando a aquel par de putas. Su suegra le estaba jodiendo bien y era mejor parar el combate y volver a casa para hostiarlas a las dos, si era preciso las tiraría por la ventana, pero pum, de repente Lleims “buster” Douglas fue y le pegó dos hostias bien dadas como sólo las sabe dar un gordo acorralado, lo mandó la lona y ahí se fueron a la mierda todos los planes de Maik, que era un poco gilipollas, hasta él lo reconoce. Fue una noche de febrero del 90. Mirábamos por la ventana, hacía frío, derrotaron a Mahijoputens5ik el invencible. Visto y no visto, todo se fue a la mierda. Con el tiempo, tarde o temprano, todo se va a ir por el retrete, tenlo presente. Salgo otra vez a la ventana ahora. El bar sigue cerrado. No puedo evitar que me dé pena. El vecino de encima del bar en su primer piso podrá descansar un poco tranquilo hasta que llegue otro tabernero quién sabe desde dónde. Al vecino le dio hace poco un ictus, pero sobrevive, y su mujer tiene alzheimer y la pobre lleva peluca porque no le queda casi pelo. Ahora enfrente hay abierta una frutería que regenta una mora con velo negro hasta los pies esclava de su señor. También hay una peluquería que atiende un moro homosexual que corta el pelo a muchos moros, una carnicería halal a la que nunca entra ningún cliente, y una tienda de alimentación, preservativos, caramelos, patatas fritas y herramientas de los chinos. Se ven repartidores dominicanos y ecuatorianos trabajando a dos Euros la hora en bicicleta, unos Euros que luego invierten en apuestas en las casas de juego, y cuando pierden todo le quitan el bolso a las señoras, roban móviles o le arrancan los pendientes de oro a la carrera a alguna anciana. Y hay un puticlub barato con esclavas en cada esquina. Que venga Greta a decirles a todos ellos que no viajen en avión para salvar al hijo de puta de su planeta Tierra, planeta mierda, ese que los parió a todos por el culo. Se hace de noche como cada noche en Madrid. No pasa el tiempo o pasa como un misil a reacción. Se abren y cierran bares como si fueran quasares que marcan el imperturbable reloj cósmico. Todos somos igual de gilipollas, de cabrones y de hijos de puta en Madrid. Todos por igual. Igualdad y fraternidad en el hijoputismo. Madrid, siempre con problemas. Madrid cabrón, no utilices tus juegos conmigo. Madrid.


Imprimir

lanochemasoscura