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Donaciones de mentira, inundaciones de verdad

Me encuentro estos días en Chennai (India), en medio de un desastre ambiental que corre el riesgo de convertirse en una tragedia humanitaria.  En noviembre ya causó 140 muertos y, desde hace dos días, otras decenas más al cabo de diversos otros episodios. Han suspendido el suministro eléctrico. Los ríos se han desbordado llegando, incluso, a sumergir algunos puentes. El tráfico ferroviario se ha visto interrumpido. El metro, parado. Millares de sintecho han afluido a campos de emergencia y otros tantos miles de habitantes se han quedado bloqueados en sus casas sin comida, agua ni electricidad. Muchos de los barrios de una metrópolis de 4 millones de habitantes, en un área donde se concentran 8 millones, han sido anegados por un metro de agua. Manadas de perros callejeros demacrados vagan, hambrientos y agresivos, por las calles semisumergidas. Gente nerviosa se afana en llenar sacos de arena en la playa para levantar pequeños diques. El aeropuerto internacional se encuentra inundado y fuera de toda actividad desde hace dos días y así seguirá durante casi una semana. 1 500 pasajeros han sido evacuados. Se ha movilizado al Ejército de Tierra, la Marina, donaciones2la Aviación y a los Servicios de Protección Civil, sin contar a los bomberos y demás servicios de emergencia. Un barco de la Armada india ha zarpado hacia la ciudad para prestar ayuda. Los helicópteros han empezado a peinar el terreno para evaluar daños. En casa, empieza a escasear el agua porque la bomba de extracción es eléctrica. Muchos supermercados han sido ya vaciados. La leche se vende un 20% más cara en el mercado negro. Y, mientras estoy escribiendo estas líneas, Facebook me pide que confirme que estoy seguro en esta zona de emergencia.

Chennai, ciudad del sur de la India, situada un poco por encima de Sri Lanka, ha sido golpeada por el monzón más potente desde hace más de un siglo pues el récord precedente lo ostentaba la estación de 1901.

Pero no se crean que estoy escribiendo estas cosas para proponerles una reflexión sobre la gran cumbre climática y sus consecuencias. El periódico indio en el que colaboro, Scroll.in, hace días publicó un análisis muy pormenorizado que apunta a la responsabilidad política, a las corruptelas, como culpables de que se haya vendido suelo público destinado a remansar y almacenar el agua de lluvia como la que nos ocupa para hacerla fluir seguidamente conforme, entre otras, a las necesidades de la agricultura local. En los lugares de embalsamiento previstos encontramos, por el contrario, chalets y edificios ilegales. Y la ciudad se hunde. He traducido para los indios el dicho en todos los sitios cuecen habas pues también Italia es un país de víctimas de inundaciones, terremotos y corrimientos de terreno causados menos por causas naturales que políticas o de negligencia.

donaciones4En cualquier caso, no se preocupen Vds. que no les hablaré de una ruina tan lejana y tan asimilable a territorios que estamos acostumbrados a considerar como devastados y devastables. No teman. Quisiera hablarles de algo que puede que los interese más. Escribo para tratar de Mark Zuckerberg y de sus engañosas donaciones. Ya verán cómo todo esto tiene que ver con las inundaciones de marras. Resulta que el que suscribe, en plena calamidad, rentabilizando el 48% de batería del móvil para mantenerse al tanto de la devastación circundante bajo la violenta lluvia, se entera del gran entusiasmo suscitado por la donación del 99% de las acciones de Facebook a favor de una entidad sin ánimo de lucro y ello para celebrar el nacimiento de Maxima, hija del citado magnate. A lo que sigue, siempre en Facebook, toda una serie de congratulaciones, abrazos y felicitaciones de desconocidos y demás grandes estrellas a propósito de un gesto tan generoso, iluminado y magnánimo. Investiga que te investiga, descubro después que la tal fundación se llama Chan Zuckerberg. Chan es el apellido de la mujer. Y descubro también que no se trata de una fundación sino de una sociedad limitada, una S.L. para que nos entendamos. Y que la misión de esta sociedad controlada por el propio Mark Zuckerberg es la de llevar a cabo una serie de iniciativas a veces, no hay duda, humanitarias pero, en cualquier caso, ligadas siempre a promover el uso de Internet y, por tanto, de Facebook. Como lo explica acertadamente él, detrás de todo esto resplandece la intención de alcanzar un beneficio fiscal.

Hasta ahora, se ha utilizado esta sociedad para mejorar las conexiones Internet en escuelas estadounidenses (20 millones de dólares), para promover un software didáctico (5 millones), para pagarles los estudios universitarios a los inmigrantes ilegales (5 millones), para financiar proyectos de donaciones6aprendizaje personalizado y tecnológico en las escuelas (15 millones). ¿Por qué, entonces, se habría de aplaudir que alguien encontrase un modo, quizás incluso más astuto que el de su normal condición financiera, para promover indirectamente sus negocios bajo la aparencia de un presunto altruismo? No es lo mismo una donación caritativa pura para curar, ¡qué sé yo!, el dengue en Chennai y Tamil Nadu (enfermedad que, en estas circunstancias, corre el riesgo de agravarse) que una donación que contribuye a fomentar indirectamente tus propios negocios. ¿O no?

Y lo digo porque durante estas inundaciones en la India, el servicio de e-catering Zomato se ha puesto a ofrecer descuentos a todo aquél que encarga una comida para los damnificados. O sea que se aprovecha un mercado cautivo, un captive market, como se dice en la jerga de la mercadotecnia. La empresa telefónica que ostenta prácticamente el monopolio de la telefonía fija, BSNL, ha anunciado que se podrá telefonear gratis durante una semana desde el fijo de casa. ¡Chupao! Como han saltado todas las líneas fijas de todos los que conozco... Uber, por su parte, ha proclamado que todas las carreras resultarán gratuitas durante la emergencia: pero, ¿quién se va a atrever a desplazarse en coche si las calles están inundadas?

Todo esto me lleva a concluir que nos hallamos ante un ejemplo más del discurso dominante en nuestros días. Por si no lo supieran: las empresas han descubierto recientemente que, para vender un producto, hay que vender una historia afín que donaciones5nos lleve a amar a la propia empresa, no sólo al producto. Este tipo de media beneficiencia, estas donaciones de mentira, forman parte del propósito de construcción de una determinada narrativa sacando partido de una emergencia humanitaria en el caso de Chennai y explotando la presunta misión salvadora de Internet en el caso de papá Zuckerberg.

Es por ello por lo que, ahora, me merecen mucho más respeto los buitres que venden leche por encima de su precio en el mercado negro de una Chennai inundada. Una ciudad donde se busca a los cadáveres de las víctimas de descargas eléctricas producidas por los cables caídos en las calles anegadas. Una ciudad en cuyo zoo de cocodrilos se espera que no siga subiendo el nivel de agua. Y se espera, sobre todas las cosas, que no vuelva a llover.

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