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'Cómo no', un libro que no hay que escribir

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Hace algún tiempo me invitaron a un bonito teatro de Padua para que hablara de los trabajadores en precario.

El Teatro delle Maddalene es en realidad un monasterio que data del 1300. Reflexionando sobre el tema del evento, caí en el hecho de que la propia María Magdalena era también, en realidad, una trabajadora en precario. Su trabajo antes de casarse con Jesús, y puede también que después, es uno de los oficios más precarios del mundo además de ser de los más antiguos.

Cuando me invitaron, expliqué que, efectivamente, estoy trabajando en un libro cuyo título es Cómo no, que debería dar cuenta de toda una serie de proyectos que no arribaron a buen puerto.

Proyectos precarios, vamos.

libros2O los típicos proyectos que un trabajador en precario se ve obligado a inventarse.

En el caso que nos ocupa, los que se tiene que imaginar un periodista en precario.

Pues, ciertamente, ser escritor no se considera un trabajo.

Cada vez que me topo con un desconocido y me pregunta:

"¿A qué te dedicas?"

Y le digo : "Soy escritor".

Me contesta: "Ya. Pero, ¿en qué trabajas?"

Entonces añado: "Pues he sido periodista muchos años."

"¡Ah! -me dice- Y ¿dónde escribes?"

"Pues, un poco aquí, otro poco allá" -respondo cultivando la indefinición.

"Y ¿te pagan?"

Buena pregunta. En teoría, sí.

Les voy a poner un ejemplo. En febrero de hace algunos años, un compañero de Annozero me solicitó una colaboración en el marco de una investigación sobre el apabullane poder de la Lega Nord en el Véneto. Me dijeron que estaban interesados en conocer mis ideas, análisis y digresiones al respecto. Pactamos la compensación económica. El periodista llegó y llevó a cabo su investigación con mi concurso.

Pero es que luego empezó el infierno de cómo conseguir cobrar de la Rai. O, mejor, de cómo no cobrar de la Rai, para seguir con el tema de mi próximo libro.

Así que me puse manos a la obra para desencallar las gestiones entre los departamentos de redacción y producción; luego entre la propia producción y la redacción; más adelante, entre la redacción y la administración; acto seguido, entre la administración y el servicio fiscal y, en último término, entre la administración y el departamento de pagos, donde me prometieron que "para el 4 de noviembre lo habrá percibido Vd. todo. Le pedimos disculpas por el modo en que se ha dilatado su espera, etc. etc." Al final, de eso nada de nada. El trámite se volvió a quedar empantanado debido a un problema del sistema informático. El pago se hizo efectivo tras 10 meses, 28 correos electrónicos y, al menos, 30 llamadas telefónicas.

libros66En cualquier caso, sepan que me considero afortunado pues al final me pagaron. Poco, pero me pagaron por un mes de trabajo.

Ésta es la vida de un trabajador en precario. Calla, cobra y da las gracias.

Así que pensé que, por lo menos, esta peripecia se convertiría en un capítulo del libro. El que se titularía precisamente Cómo no colaborar con la Rai.

En la lista, llevo, por ahora, los siguientes:

Cómo no hacer un programa de televisión.
Cómo no hacer una película.
Cómo no publicar un libro.
Cómo no colaborar con un periódico.
Cómo no montar una start up en Internet.

Y puede que hoy pudiera añadir al elenco Cómo no preparar una intervención sobre los trabajadores en precario...

El único riesgo que corre este típico proyecto de trabajador en precario (es decir, vender tu historia de trabajador en precario) es que no se lleve a cabo. Porque sea un proyecto demasiado precario.

Por otro lado, un proyecto de libro que contiene un capítulo que se titula Cómo no publicar un libro no es que esté condenado precisamente al éxito.

Pero no importa.


Para aquéllos que estamos condenados a la precariedad, la incerteza no es sino el asfalto sobre el que caminamos seguros hacia esa gigantesca interrogante que, en cualquier momento, puede precipitarse sobre nosotros y aplastarnos.

libros3Y es en esta sensación donde se esconde el secreto de una fuerza que puede convertirse en nuestra salvación si somos capaces de canalizarla adecuadameente.

Pero tampoco quiero deciros exactamente cuál es ese secreto.

Aunque lo averiguaréis con la frase con la que me propongo concluir esta intervención.

La leí por vez primera en la fachada de un garaje okupado por unos amigos en Ginebra.

Lo habían transformado en un teatro. Como el de Le Maddalene, en cierto sentido.

Se trata de la frase pronunciada por uno de los personajes de un drama teatral de un escritor nacido en Suiza como yo y que me gusta especialmente: Friederich Dürrenmatt.

Está sacada de su obra de teatro publicada en 1956, La visita de la vieja dama. Un drama sobre la vendetta, la culpa individual y la colectiva, la omnipotencia del dinero y la corrupción moral colectiva.

El mensaje esencial es que con el dinero se puede conseguir cualquier cosa.

Pienso utilizar esta frase en el encabezamiento de mi libro sobre cómo no hacer las cosas.

La frase dice así:

"El mundo ha hecho de mí una puta; así que lo que yo quiero hacer ahora es hacer del mundo un burdel."

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