Bonifacio Singh: Madrid Sumergida

Paraíso

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El primer día de frío da gusto atravesar los pinares de la Casa de Campo, se vacían de repente. El primer día de frío cada vez se retrasa más. Allí, en el bosque, sólo se escucha el rugido de la ciudad retumbar de fondo. Recuerdo el verano. Verano es coger el coche y hacerte unos cuantos miles de kilómetros, y pasártelos hablando sobre toda esa gente que está ahí pero que se va marchando por el túnel, todos esos a los que no aguantas y todos aquellos a los que no se sabe por qué admiras. Pobres de nosotros, pobres de todos ellos, es cierto que todavía siento algo de empatía. “Empatía”, qué invento de palabra. Siempre echamos una lagrimita al atravesar la frontera, porque nunca tenemos ninguna gana de volver. En fin, la vida es así. También odio las frases hechas, pero no hay mejor andamio para hablar que las putas frases hechas. Life´s a bitch, life´s a bitch…

paraiso2Este verano, cuando regresábamos a Madrid, se podía divisar ya desde muy lejos su apestosa boina de humo. Un avión despegó de Barajas mientras entrábamos por el sendero de la antigua Nacional; ¿qué destino visitaría ese aeroplano relleno de felicidad? Posiblemente iría cargado de gente que partía a pasar los últimos días de sus vacaciones a ciudades muy chic como Asterdam, London, Belín o Nuiva Yor. Los más lumpen de ellos, los que antaño se criaron en el extrarradio de la capital y hoy trabajan en grandes empresas multinacionales, visitarían durante su estancia en esos lejanos países las tiendas Zara construidas por Amancio en el extranjero para dar salida a la moda patria, y comprarían ropa al doble de su precio. Sin embargo, los más listos de este grupo sociológico prefirieron durante esas jornadas anuales de ocio asaltar Visa en mano los almacenes GAP, sólo porque suena mucho más enrollado y molón que eructos hispanos como Berska o Springfield. Y se compraron camisetas Hollister. También, todos en tropel, acudirían a las tiendas de electrónica y telefonía para captar qué es lo que está de moda eléctrica allende nuestras fronteras. Ellos sueñan con tener hijos plurilingües y potentes ordenadores tatuados con la manzana pocha de McIntosh, yo con que su avión de regreso se estrelle sobre el mar Cantábrico.

Cuando entré al entierro de mi padre, mejor dicho a la cremación, chamuscación, me senté en las últimas filas. Intenté guardar la compostura, porque digan lo que digan los hombres no lloran, cuando lo hacen parecen lo más ridículo del mundo. En los eventos sociales soy un eterno aficionado a la fila de los mancos. Allí me encontré a su amigo. Me contó que a ellos siempre les gustaba ir a lugares solitarios. Iban a pescar o a cazar  y se daban grandes caminatas para llegar a lugares donde no hubiese nadie, donde no se escuchase su teatro ni de lejos. Nunca nos ha gustado el teatro, si acaso el cine. Recordé toda aquella escena el otro día, cuando fuimos a la inauguración de la exposición de Gogan. “Se dice Gauguin, no gogan, tampoco goguen”, te dije. Estaban allí todos. Me sonaban muchas de sus caras y de algunos hasta conocía su nombre. Gracias a Dios no me reconocen ni los que me reconocían. Pobre Gauguin. Nos comimos unos trozos de queso y nos bebimos unas cervezas gratis viendo a todas aquellas aprendices de Leonor Watling encantadas de conocerse escenificar lo mucho que les gustaban las composiciones llenas de tahitianas en pelotas. Siempre soñamos ser los Dylan Klebold y Eric Harris que jugaran al tiro al blanco con toda esa gente de la Facultad. Habría que apartar todos estos árboles enormes a golpes de hacha, y a sus Iphones, y a sus Ipads, para poder ver el bosque. Life´s a bitch, live´s a bitch then you die…

Salgo del metro en Gran Vía. Sueño con ver Primark en llamas, llamas que llegan hasta el cielo. El olor a mierda llegaría hasta la estratosfera, incluso hasta Plutón. Al lado se encuentra la competencia de los chinos: las tiendas Zara de Amancio. Si los grafiteros tuvieran un par de cojones, que no los tienen más que para enguarrar, pintarían encima de los letreros de las entradas de “Zara” su verdadero nombre: “Amancio”. Y nadie podría quejarse. Y a mí me suena mucho mejor, “Amancio”, “Amancio”, “Amancio”. Mis vecinos pusieron Amancio a uno de sus hijos varones. Es un poco una venganza de nombre. Se hicieron testigos de Jehová y medio vecindario los miraba mal, como si fueran extranjeros, o extraterrestres. Mi vecino tiene medio cuerpo paralizado y su mujer hace tiempo que perdió la memoria.

paraiso3Trato de preguntarme a mí mismo lo que pienso sobre la independencia de Cataluña. Me lo pregunto a fondo, trato de hallar en lo más profundo de mi ser un sentimiento, a favor o en contra, pero no lo veo en mi radiografía, soy incapaz de inventármelo, ni siquiera una pequeña mancha en los tuétanos de amor u odio poseo al respecto. Me la suda. Me chupa un huevo. Y siempre hay que ser positivo, con todo. Quizás sea algo agradable ver la cara de los fachas que nos dijeron qué debía significar la bandera española, a esos que les den por culo, será divertido verlos, muy divertido, un placer que llevamos esperando desde niños. Los catalanes también me la traen un poco floja, algo de hostilidad siempre he sentido hacia ellos y por su parte, ya sabéis, cantábamos en el campo con fuerza brutal aquella bella tonada, ahora prohibida, de “puta el Barsa y puta Cataluña”. Así que, qué coño, que les den por el culo también, cuanto más lejos mejor, y no estaría mal construir un muro fronterizo, e incluso bombardearlos con napalm, por qué no. Y luego están los humanistas que creen que todo el mundo es bueno y que todo se arregla con el diálogo, a todos ellos también tengo ganas de verles la cara de gilipollas, la cara espejo de su alma ilusa. Yo no tengo pueblo, ni tribu, nunca la he tenido y nunca la tendré. Iros todos a tomar por culo, ese es mi pueblo, mi raza, mi tribu y mi país. Vive de tus padres hasta que puedas vivir de tu país, ese que se inventan otros para tu desgracia y tu placer. Primark ardiendo, Primark ardiendo. Olor a mierda, olor a ropa de mierda quemada, llegando hasta el cielo.

El caos me recuerda a él, a William, y ahora le compongo gratuitamente un rap, de un tirón. Sobre su vida. Trato de que sea verídico. Su filosofía de vida. Me gusta mucho él y su filosofía. Su filosofía. Su filosofía, de vida, la verdadera, la que admiro:

William fuma ganga
y bebe mucha Alhambra
consume algún pollo
cuando le invita la banda.
Fuma mucha ganga
bebe mucha mucha Alhambra
no discute el precio
que el moro Hassan le marca.
Un poco de meta
un poco de ganga
un poco de hass
y hectólitros de Alhambra.
Nunca ha obedecido
sólo la parienta manda,
hígado gigante
porque mama mucha Alhambra.
Mama mucha mucha,
mucha mucha Alhambra.
No se hace más pollos
porque el bosillo manda.
Cuarenta y dos tacos
ya no folla porque pasa,
toas las niñas saben
que ya no se le levanta
Fuma mucha ganga
y bebe mucha Alhambra.

paraiso4Nos gusta conducir en verano, atravesar carreteras que no conocemos, charlar desde la distancia, lejos de Madrid. Entonces hablamos sobre por qué el Manzanares no es ni un apremdiz de río, si acaso un aprendiz de un aprendiz de arroyo, de que no llevaría nada de flatulenta agua si no estuviese convenientemente represado, de por qué dicen que metidos en batalla una inglesa vale por dos franceses. También sobre la diferencia entre dejarse llevar por el viento y ser un puto veleta. Conocemos a algunos cientos de veletas que gritan que el viento les lleva. Y discutimos por qué las tetas son un imán para las manos, y sobre la definición de las amistades prepago y las todo a cien. Intentamos hallar la respuesta de por qué me gusta el aliento a Roquefort y no a dentífrico o a elixir bucodental. De por qué echa ambientador al salir de cagar, y de por qué van a publicar su tesis en Barco de Vapor. De por qué somos metálicos oxidados entre todo este melifluo jardín botánico. Vamos a intentar contaminar todo lo que podamos para no dejar nada sano a vuestros hijos. Life’s a bitch and then you die; that’s why we get high Cause you never know when you’re gonna go…

Espero a que llegue el primer día de frío. Tomo una tacita de café natural, dicen que al torrefacto le echan muchas mierdas para que coja color. La cafeína viene bien para pedalear. Me pondré calcetines térmicos y chaqueta armadura Windstopper. Sueño con bombas en los Starbucks con toda la clientela dentro. Hacen la revolución a través del Washap, menuda guasa de revolución. Estoy en una nueva fase de odiar a los policías y de odiar a los manifestantes. Daros de hostias hasta que muráis todos, los lacayos y la masa idiota. No creo que el mundo se acabe, y si se acaba que le den por el culo. Meo en el fondo del pinar, siempre bajo el mismo árbol. Si lo necesitas guardaré tu espalda, o me dejaré pegar un tiro por ti. Me voy a dar un paseo largo, largo, con Hal Incandenza, no me esperéis despiertos. Life´s a bitch.

Paraíso:
las calles en llamas,
tu boca y tu cuerpo
descontrolados,
tu piel mordida
por la pólvora
y tu alma arrastrada,
porquería,
por la lluvia dura de fuego.
Paraíso:
tu cabeza cortada
sobre mi televisor
con la lengua fuera
mientras veo
sin inmutarme
“Johny guitar”.
Odiar es no decir nunca
lo siento.
Paraíso:
tus semillas atadas
al suelo
para que no crezcan,
darte limosna con
mentiras
piadosas
que te convencen,
acorazados disparando
cañonazos,
mierda
y cristales
cortándote los pies.
Paraíso:
caerse todo a trozos
para que no resucite,
matar a la asquerosa
ave Fénix,
verte a ti
y a todos los tuyos
camino de un nuevo Auswitch
construido
a las afueras de Madrid.
Paraíso:
satisfacen mi alma
con su pena
todo lo que tienen es
bonito
menos para mi.
Odiar nunca es suficiente.


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