Bonifacio Singh: Madrid Sumergida

Muñecas orientales

orientales1Muñecas orientales
tragicómicas
llegadas no se sabe desde dónde,
quizás de las
profundidades del infierno
maoísta
sin tetas y
con
vistosos
culos de cristal
color limón.
Muñecas orientales
que te venden clavos, cinta aislante que no pega
y llaves inglesas
fabricadas en Sinchuan del norte con pan mascado
a un módico mierdero precio.
Muñecas orientales
que despachan destornilladores
de esos que se rompen en cuanto aprietas
un poco el tornillo
o lo clavas en el ojo.
Muñecas orientales
que te hacen pajas en
peluquerías destartaladas de la calle Leganitosorientales2
y de paso te ofrecen
en sus ratos libres
chicles, litros de Mahou a un Euro ochenta,
Jagermeister destilado en Nanchín del sur y patatas fritas casi
caducadas.
Muñecas orientales
que aparentan quince años
pero tienen cuarenta y siete
o incluso sesenta
pero en su pasaporte ya alcanzan los noventa y seis.
Muñecas orientales
muñecas orientales
y más muñecas orientales
que te hacen la manicura y
te follan si
insistes un poco
por diez Euros extras.
Muñecas
orientales
Muñecas orientales
que por mucho que preguntes
nunca te dicen su nombre
porque sólo te quieren
por tu dinero,
que te desprecian y les gustaría
que te murieras
como si fueran tu mujer.
Muñecas orientales
de las que siempre te preguntas
por qué coño están casadas con esos
garañones chinos mal encarados
que en realidad son sus amos
con derecho de pernada
a lo Kunta Kinte.
Sí, se las follan
pero no las pagan
nada o
casi nada
como tú.  
Muñecas orientales
que se marchan
de vacaciones y
ya no vuelven
porque no se fueron a China
sino a una fosa común
orientales3en el Cobo Calleja
por no pagar sus deudas
al amo
y tú las echas de menos
pero se te olvidan rápido
en cuanto las cambian por otra
más nueva.
Muñecas orientales
que si insistes
se dilatan el ano
con bálsamo de tigre
por cinco euros más.
Muñecas orientales
que llegan encerradas en contenedores
para servirte pollo con almendras
en cutres restaurantes
y luego se marchan de este mundo
a través de tu estómago
en raciones de ternera, bizarramente picada, con pimientos.
Muñecas orientales
muñecas
orien-
tales,
muñecas orientales
que a veces guardan
un tiburón
entre las piernas,
un pequeño tiburón,
y crees que no va a gustarte pero al final
te gusta
el pez espada por la espalda;
esas muñecas que
te acarician la cabeza cuando te cortan el pelo
y te dan masajes thailandeses
por unos Euros más
aunque nunca hayan pisado Thailandia
ni por el forro, ni en sueños.
Muñecas orientales
sin final feliz.
Muñecas orientales
que aunque te emborraches
no se parecen a Karen O;
muñecas
no de trapo
sino de carne
de cañón.


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