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Factor humano

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Ahora que se nos viene encima lo que se antoja un auténtico desembarco de robots de todo tipo a precios cada vez más al alcance de cualquiera parece oportuno suscitar una pequeña reflexión al respecto que trascienda el entusiasmo o el rechazo apresurados a cuya tentación pudiéramos sucumbir.

factor2El robot se inscribe en la esperable evolución que experimentaron las primeras herramientas que inventó el ser humano para conseguir llevar a cabo las más diversas tareas con más rapidez, menor esfuerzo y mejores resultados. Primero fue, pues, el útil, luego llegó la máquina, que permitió multiplicar el factor cantidad, y ahora se empieza a generalizar el autómata, que no es sino una máquina más autónoma, diríamos que dotada de una capacidad de autodiagnóstico e iniciativa casi humanas.

A lo largo de miles de años, pues, hemos venido comprobando cómo, de la misma manera que el hombre ha sido capaz de ahorrarse muchas penalidades y transformar más y mejor el entorno a su antojo, se ha ido progresivamente desvinculando de la autoría, de la paternidad, de la responsabilidad directa de todo los producido o transformado a través de estos medios cada vez más sofisticados.

Paralelamente, ha ido tomando cuerpo una cada vez mayor especialización en los procesos de creación, perfeccionamiento y reparación de todos estos inertes sirvientes. Estos útiles han sido pergeñados por el ser humano pero, con el paso del tiempo y debido a la progresiva sofisticacion de sus mecanismos, cada vez menos individuos son capaces de idear, comprender, reparar o mejorar este género de ayudantes.

Paradójicamente, cuanto más son capaces de asistir estas herramientas y máquinas más o menos autónomas al ser humano, menos está éste en condiciones de sentirse como verdadero autor de todo lo que consigue a través de ellas. Pero es que, además, la comodidad y la facilidad con la que alcanza sus propósitos mediante gestos cada vez más sencillos lo priva de la capacidad de apreciar lo que supondría tener que ejecutar todo el trabajo ahorrado.

factor3Parece claro que el uso sistemático de maquinaria cada vez más operativa priva al hombre de crecer intelectual y moralmente a través de la cultura del esfuerzo o de conocer de primera mano las materias originales y los demás seres vivos que comparten su mundo. A partir de un determinado nivel de desempeño, estos inventos tan aparentemente interesantes no implican a la larga sino una atrofia física y mental de las capacidades de Homo sapiens sapiens, su progresiva enajenación con respecto al entorno en el que surgió y con el que interaccionó de primera mano.

Sin querer entrar en las consecuencias que este proceso imparable acarreará en lo que respecta a la destrucción de millones de puestos de trabajo y ante la previsible siguiente fase del desarrollo de estos robots (mejorarse ellos mismos pensando mucho más eficiente y rápidamente de lo que lo haría un simple ser humano), me pregunto a qué se dedicarán las masas de los tiempos futuros: ¿acaso se convertirán en el ganado criado por unos poderosos detentores del aparente control de sus máquinas pensantes? ¿En qué invertirán su tiempo? ¿A qué se dedicarán al margen de activar los mecanismos de respuesta de sus artificiales lacayos?

No me gustaría asistir al espectáculo de una humanidad asistida permanentemente por máquinas, divirtiéndose indefinidamente en gigantescos parques temáticos, habiendo dimitido de aquello que le puede evitar este desolador "final feliz": pensar, ser curiosa, hacer.

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