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Mercado de invierno

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Estimado Sr. Santalla,

Acabo de releer dramáticamente y en voz alta a mi señora madre su espléndida novela Régimen local vs Fandiño. Ha de saber Vd. que no la encuentro, en modo alguno, una 'novelucha', tal y como se refiere a ella en el correo por el que me invitó a conocerla. Antes bien, me parece una delicia que me reconcilia con el castellano más perspicaz y divertido del que haya disfrutado nunca.

mercadoinv2Sabe Vd. de sobra que no soy partidario de regalar halagos a nadie y yo diría que menos aún por lo que pueda manifestar en esta lengua que tanto amamos y respeto infunde.

Vd. debe saber que Régimen local vs Fandiño no es un mero divertimento literario, una obrita que se pueda leer, simplemente, para pasar el rato considerando con maravilla lo que se cuece en un mentidero de provincias.

Y vaya, también, por delante que, a pesar del cosmopolitismo y la modernidad que se le suponen a Madrid y (hoy, desafortunadamente en menor medida) a Barcelona, nunca he dejado de estar más de acuerdo con el proverbio italiano que dice que 'tutto il monde è paese'. Algo así como que en todos sitios cuecen las mismas habas y que, por mucho que nos podamos enfrascar en una tertulia de Nueva York o de Pekín, no dejará nunca el relativo elemento local de resultar preponderante.

Así que, globalmente, entiendo su obra como el modo en el que repercuten las actualísimas cuestiones ambientales en los veladores de los locales en los que se las conoce y discute. La entiendo, asimismo, como un intento de reflejar, con gran conocimiento del alma humana y compasión por su congéneres, cómo los grandes retos que ven la luz en procelosos conciliábulos extranjeros se abren paso en nuestro entorno más próximo.

Vd. ha obrado un bocado de literatura gallega en castellano comparable, por su verbo ágil y su exquisita justeza, a lo mejor que haya podido yo leer de talentos como el de su paisano Cela o de don Ramón Gómez de la Serna.

Sus personajes son creíbles por muy estrambóticos que puedan resultar en algunos casos. Encarnan arquetipos de sobra conocidos y nunca suficientemente explorados. Pero están vivos en cada una de las palabras que pronuncian. Y nos encariñamos, como Vd. lo ha hecho antes, con todos y cada uno de ellos.

mercadoinv3Aunque la trama exhibida, como ya he referido, podría haber acontecido en cualquier otro lugar, Vd. ha sabido dotarla de las dosis de reconocible particularismo para hacerla aún más verosímil. De hecho, a este respecto, no sé cuánto de autobiográfico o de ficticio ha sucedido de veras. Pero, ¡qué importa!, nadie discute que todas y cada una de las cosas relatadas pueden haber ocurrido.

Por consiguiente, con todos los poderes que la Dirección de La Noche Más Oscura me ha otorgado, me atrevo a invitarlo a colaborar con Ella en los términos que estime Vd. oportunos. La oferta económica que le adjunto en pieza separada nos parece irrechazable y confiamos en que Vd. la acepte.

Imagino, Sr. Santalla, que Vd. no tendrá inconveniente (puesto que la novela ya la ha publicado en un blog) que, desde este momento, invite a nuestros entendidos lectores a que se asomen a

https://pachecoespesura2022.blogspot.com/

En el convencimiento de que Vd. sabrá perdonarme este atrevimiento y esperando compartir con toda la familia de LNMO sus futuras colaboraciones, no me queda sino volver a desearle felices fiestas y ponerme a su disposición para aquello que se le pueda antojar.

Atentamente,

José Manuel MERCADO NAVAS.

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Vos

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Ya estamos aquí otra vez.

Como ya sabéis, están muy próximas unas fechas en las que la tradición y el tiempo invitan al encuentro, la memoria y el recogimiento. Buen momento para hacer balance y examen de conciencia. La mejor ocasión, a mi modo de ver, para mirar hacia atrás y a nuestro alrededor.

Veréis: el hecho de vivir la mitad de mi tiempo con toda la lentitud de la que soy capaz y en un lugar apartado con mi madre de ochenta y tres años me mueve a determinadas reflexiones que quiero compartir con vos.

vos2En primer lugar, quisiera confesaros que me siento un privilegiado por poder asistir al envejecimiento de la señora que me parió sin que este proceso esté implicando por ahora ningún tipo de decadencia intelectual. Asisto, más bien, al denodado esfuerzo de un ser por seguir imponiéndose con toda la dignidad posible al imparable declive físico, unas veces desde la autocompasión y otras, las más, desde la ironía. Me gustaría poder aplicarme algún día estas lecciones de vida.

El hecho de haber perdido recientemente a mis dos perros me ha llevado también a volver a considerar lo fugaz de nuestra existencia y lo importante que es que tomemos, cada día, conciencia del milagro de la vida que se nos otorga. Con ellos, muchas veces, en los descansos que podíamos hacer durante los paseos, me he preguntado cómo habré podido vivir tanto tiempo sin la compañía de estos seres tan maravillosos. Otras veces pensaba: "José Manuel, son tus perros. ¿No te parece increíble? Y sabes ya que esto no durará para siempre. Así que: disfruta !" Y a fé que he disfrutado de ellos. Tanto que, pronto, si Dios quiere, otros dos vendrán a intentar llenar es vacío.

vos3Aunque a muchos no os lo parezca, me acuerdo también de todos vos: familiares y amigos que puedo seguir tratando más, menos... o nada. Os tengo a todos presentes pues todos me habéis ayudado a ser la persona que soy y os agradezco, sobre todo, lo que de bueno se pueda reconocer en mí.

A buena parte de vos os he conocido a partir de un aula, ese bendito espacio en el que, en un tiempo lento, se experimenta esa fabulosa experiencia de la enseñanza y el aprendizaje. He sido vuestro compañero o vuestro profesor en un primer momento. Y acabasteis seduciéndome por el modo en que os producíais en ese espacio sagrado.

Vos(otras) me conquistasteis por vuestra inteligencia, vuestra constancia y, por qué no decirlo, por esa manera que tenéis de trasladar vuestra belleza a cada uno de vuestros gestos o vuestras palabras. Fue y está siendo apasionante ganar vuestra confianza y conoceros por esos caminos más o menos retorcidos o, incluso, esos agujeros de gusano que, devos4 repente, me podéis abrir. Sois, como ya os lo he dicho muchas veces, lo que más aprecio de mi condición masculina.

Con vos(otros) he tenido un trato más directo y menos complicado. Lo que me ha podido permitir descansar de la intensidad que puede plantear la intimidad con una mujer. He intentado conoceros como lo he podido hacer con ellas pero he de reconocer que, las más de las veces, no ha habido manera. Sin embargo, cada vez que me habéis abierto vuestro corazón, me habéis conmovido de igual modo. Gracias, al fin y al cabo, por demostrarme que nosotros no podemos ser de otra manera.

Si no somos más que unidades de memoria en crecimiento, tenéis que saber que, para mí, sois vos su fermento y que, sin vos, no soy.

Feliz Navidad y benditos los días en que nacisteis para acabar llegando a mi vida.

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Perrito Peque

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De verdad que no pensaba tener que escribirte tan pronto o, por lo menos, tan pronto desde que se nos fuera tu hermano mayor. Llegaste a nuestras vidas ya con ocho años y después de haber conocido a otras dos familias. La abuela, Wengué, Carolina y yo te acogimos mucho mejor que a uno más pues sabíamos que no dejabas a los tuyos por gusto. Sin embargo, ya sabíamos, por entonces, que, como buen perrito ventanero, ladrabas de contento cada vez que reconocías el camino cuando venías a visitarnos.

peque2Wengué se fue convirtiendo, con su infinita paciencia, en tu hermano mayor y tú acabaste siendo nuestro consentido: tenías, como mínimo, dos camitas en casa (una al pie de cada cama de tus nuevos dueños) y bula para subirte en todos los sillones. Comías también a la carta (sobre todo sopas y caldos como buen perrito portugués) y por todos los sitios regabas tus pelotitas de frontón amarillas con las que tanto te gustaba jugar.

Durante tus primeros años con nosotros aprendiste lo que eran los largos paseos por el campo: subir cerros, rodear charcas y cobijarte bajo el paraguas de tu hermano cada vez que te metías en problemas. Asumiste, a cambio, unas cuantas responsabilidades, algo así como 'transferencias' condescendidas por El Primo de Zumosol. Por ejemplo: espantar a las torcaces del patio. ¡Prohibido aterrizar sobre suelo embaldosado!

Perrito Peque, lo tuyo no era filosofar en las jovellánicas poses de Wengué ni atender a complejos mensajes de tus amos. Nos mirabas con ojos extrañados y preferías dejarnos por imposibles y volver a lo que tuvieras entre manos. Que era, casi siempre, darle al balón como si de una reencarnación perruna de Garrincha se tratase. Luego, supimos que tu estirpe es la del perro ratonero de palacio y que, a falta de roedores, te encantaba mandar la pelota a sitios recónditos de acceso casi imposible para luego intentar rescatarla estirando tus patas delanteras o gateando por debajo de los muebles bajos como un soldado en una pista americana.

peque3Fuiste un perrito juguetón hasta el final pero no nos concediste tu amistad enseguida. Recuerdo que, cada vez que quería acercarme para hacerte un arrumaco, me gruñías al principio. Con el tiempo, me dejaste cogerte en brazos y asearte en profundidad.

Lo que peor llevamos, cuando ya te volviste de la familia, fue no haber tenido la ocasión de elegirte un nombre. No es que no nos gustara llamarte Peque, sino que, conociéndote, hubiéramos preferido, como lo acabamos haciendo a veces, decirte Alegre, Andrés o Chibani ('viejo' en árabe).

Fuiste perdiendo la vista y ello no te impidió seguir siendo el amigo jovial y juguetón que siempre fuiste. Pasaste por una delicada operación y todavía me maravilla tu reacción cuando fui a verte al hospital. La doctora no sabía si darte el alta, no querías comer y fue verme aparecer por la puerta para que te tragaras un blíster de jamón cocido y quisieras salir a pasear por los alrededores de la clínica. Quiero que sepas que fue uno de los momentos más felices de mi vida.

Perrito Peque, tu entereza en los peores momentos y tu inquebrantable lealtad a todos los que te quisieron eran conmovedoras. Venía Matilde a casa y no querías que te separásemos de su compañía. ¡Cómo reconocías la verdad en los otros!

peque4Tampoco olvidaré tu recibimiento característico: ladrándome con esa potencia de sietemachos a la cara, haciéndome como una especie de amago cuando yo hacía que te quería coger y saliendo a escape hacia casa con esas orejitas de algodón al viento. ¡Atención! Ya ha llegado José Manuel.

Perrito Peque bueno y alegre, sin ti, nos ha quedado un silencio infinito que intentamos poblar con tu recuerdo y el convencimiento de que habitarás en todos los perritos que tendremos buscando tenerte para siempre a nuestro lado.

José Manuel Peque.

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