daniel

Nuestras pollas

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Cuando estudiaba en la universidad quería ser gigoló. Un amigo y yo pensamos en montar una empresa de putos solo para mujeres. Podríamos follar un montón y aún encima cobrando. Nuestro sueño hecho realidad. Estuvimos a punto de llevarlo a cabo. Incluso llegamos a enviar unas fotos de nuestras pollas a una sección de contactos de una de aquellas revistas porno cutres que había antes. Recuerdo aquella escena y aún me entra la risa: mi colega y yo intentando ponerla dura en el fotomatón de una de las calles más concurridas de Santiago. Uno vigilaba en la entrada mientras el otro intentaba empalmarse. Hacía un frío de cojones aquel invierno. Nos descojonamos de risa. El caso es que enviamos las fotografías de nuestros cipotes morcillones con no sé cuántos sellos para aparecer en uno de esos anuncios. Pero nos olvidamos de comprar la revista en que salían nuestros miembros invitando a contratar nuestros servicios. Supongo que algunos degenerados se la habrán cascado ante nuestras vergas palpitantes impresas. Pero el caso es que ninguna mujer llamó interesándose por nuestros servicios... aparecer en una de esas publicaciones frikis no me parece hoy la forma ideal de vender sexo de forma elegante para damas sofisticadas.

nuestras2Mientras nosotros hacíamos estas cosas nuestros compañeros iban a charlas sobre lírica galego-portuguesa, a congresos sobre sobre la formación del Reino de Galicia, a simposios sobre la importancia de la figura de la mujer gallega en época medieval y tostones por el estilo. Todos iban con boina, se comportaban como si tuvieran cosas interesantísimas que decir y se sentían muy realizados y seguros de qué querían en la vida. Lo contrario que nosotros. Parecían muy felices estudiando a implantación do millo miúdo na comarca do Salnés en época moderna, métodos y técnicas de investigación histórica, economía política y otras tantas asignaturas vacías de aquella carrera de los cojones. Escucharlos hablar nos provocaba arcadas. El primer año que comencé en la facutad de Historia supe que allí no iba a aprender una puta mierda. Y así fue. Terminé aquellos estudios absurdos por inercia, por miedo, por sentido del deber hacia mis padres. Pero no volví a sentir aquella pasión por la historia que me había estremecido antes, sobre todo en el instituto. La historia, la puta de la civilización al servicio del poder. La verdadera historia está fuera de las facultades. En los libros que esperan ser leídos, que no salen en ninguna jodida biblliografía. En el universo. En la poesía. En todo lo que merece pasar a la posteridad y desaparecerá. En nuestras pollas palpitantes. La historia que estudiábamos era como un Hola de ultratumba... todos aquellos hijos de todos aquellos monarcas de toda aquellas casas nobles de Europa, la vieja puta. Lo trascendente, lo realmente digno de figurar en los anales, quedaba relegado al ámbito de la curiosidad. Las civilizaciones del pasado donde nació casi todo, el origen del hombre... eso simplemente no entraba en los planes de estudio.

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Nuestras pollas inhiestas en aquel fotomatón aquella noche. Sería un bonito capítulo digno de figurar en el libro de Stefan Zweig, "Momentos estelares de la Humanidad". Dos pirolas hermanadas por el simple ansia de follar. Pollas de juventud y lirismo inconmensurable. Pollas de filogénesis que en sí mismas condensan toda la sabiduría. La Biblioteca de Alejandría en nuestros prepucios. Vergas de amor de Dios. Cojones por obra y gracia del Espíritu Santo. Amén.

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