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Pollsmoor

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Acabar con tus huesos en la prisión de alta seguridad de Pollsmoor en Cape Town, por robar un par de teléfonos móviles de última generación, y regentar una dirección de residencia que cae dentro del territorio de los Cape Flats de la ciudad, es muy mala suerte. Arruina el resto de tu vida. Acabar tu viaje, desde Barcelona, en el centro de detención de Pollsmoor, tras asesinar a tus dos hijos de 3 años, es simplemente una parada más, entre varias, en el viaje de terror planificado por una mente perversa y peligrosa para la sociedad. El catalán Mario César Deus Yela, está detenido en Pollsmoor. En espera del juicio para determinar su culpabilidad en la planificación de sus vacaciones de terror de semana santa en Cape Town, y ejecución de una escena de violencia y sangre, al más estilo de la banda criminal sudafricana Numbers (Números). El asesinato de dos niños gemelos de tres años. Sus hijos. Mario de Matarò fue detenido, como principal sospecho, con una herida de cuchillo en el estómago, que el juez determinó auto-infligida, pasando a disposición judicial en la sección hospitalaria de la prisión de alta seguridad de Pollsmoor.

pollsmor2El abogado de Mario, siguiendo la estela dejada por anteriores colegas con clientes extranjeros adinerados que decidieron cometer crímenes en la ciudad bañada por el Cabo, ha iniciado una campaña mediática para presentar al presunto asesino de sus hijos como una víctima del sistema penitenciario sudafricano. Antes fue el británico Shrien Dewani quien lo intentó en 2014. Tras contratar a unos sicarios de los Cape Flats para matar a su mujer durante su luna de miel en Cape Town, Shrien hizo todo lo que estuvo legalmente en su mano para evitar acabar en una prisión sudafricana. Su abogado quiso evitar la extradición desde Londres con los argumentos de la alta peligrosidad y condiciones infrahumanas en las prisiones sudafricanas. Un juez, tres años atrás, tras revisar todas las evidencias y argumentos, desestimó que las prisiones en Sudáfrica no respeten los derechos humanos o sean enjaulados nidos donde perecer a merced de las bandas criminales que operan en ellas.

En nuestro corolario de grupos de criminales que nos son familiares, por aparecer en algún momento en los medios de comunicación o en películas americanas, están los Trinitario, la Hermandad Aria, el Primero Comando da Capital, Nuestra Familia, o los Ñetas, bandidos que utilizan la violencia y el dolor como insignia de reconocimiento y fuente de riqueza. El continente americano concentra el mayor número de bandas criminales con altas dosis de violencia y muerte que operan dentro de las prisiones. Pero la banda que posee el récord de asesinatos ejecutados por sus filas de afiliados dentro de los centros penitenciarios, y por su antigüedad, es la banda de los números sudafricana, Numbers.

Este grupo criminal es parte indisociable de la historia de la segregación racial del país. Numbers comparte el mismo bagaje histórico que el sistema de segregación implantado en el país por los colonizadores ingleses en 1910. Desde entonces, este grupo criminal fundado por inmigrantes rurales zulús que decidieron no acabar como mano de obra esclava en las minas, se ha convertido en un quebradero de cabeza criminal para las autoridades policiales y penitenciarias antes, durante y después del régimen del Apartheid. Dentro de las prisiones sudafricanas son conocidos por la violencia y crueldad que exige a todos aquellos que quieren ser parte de algunas de sus filiales, los 26s, los 27s o los 28s. Numbers. Un largo recorrido histórico que les han permitido controlar, en determinados espacios temporales, algunos centros penitenciarios del país. Los Numbers están presente en todas las prisiones de alta seguridad sudafricanas. Y en Poolsmoor.

La banda de los Numbers siguen imponiendo uno de sus principios fundacionales. El enemigo a abatir, en su ensoñación del mito de origen creado por la banda, era el opresor blanco. Cuando la presencia de las filiales de Numbers fue considerable en las prisiones sudafricanas, los funcionarios penitenciarios pasaron a ser los blancos a abatir. Durante los tiempos del Apartheid, sin luces de taquígrafo, los funcionarios penitenciarios infligían castigos a la altura de los actos violentos de los Numbers. Para sacarse el carnet de identidad de alguna de sus filiales, hay que matar. El peaje es asesinar, o herir gravemente, a uno de los funcionarios a cargo de las instalaciones de los centros penitenciarios. Con el aterrizaje de la democracia en el país, sus miembros han dejado de temer las consecuencias de sus actos de terror dentro de los muros de las cárceles. Los funcionarios penitenciarios tienen sus látigos atados a sus cinturones. Ahora temen. Sólo en Pollsmoor, casi el 50% de los funcionarios han sido heridos a cuchillazos o asesinados por alguno de los miembros de la banda Numbers. Al castigo sin luz de taquígrafos le ha sustituido protocolos de actuación para la lucha contra las bandas criminales dentro de las cárceles. Segregación de los miembros de las bandas del resto de reclusos, y control de la llegada de nuevos reos y de su posible captación por alguna de las filiales de los Numbers dentro de las cárceles.

pollsmor3Son muchos los factores que habría que listar para entender el trasfondo de una sociedad violenta y cruel como la sudafricana. Son muchos los países que comparten altos índices de criminalidad en el que uso de la violencia más cruel es parte intrínseca del juego de delinquir. El ganarse la vida como puedas, para millones de jóvenes sin perspectivas, se reduce a escoger entre el camino lícito o tirar por el camino de lo ilícito. Y en el segundo, nos toparemos, más pronto o más tarde, con una de las miles de bandas criminales que brotan como setas en el suelo de los extrarradios de las grandes urbes sudafricanas. Pero en las prisiones sudafricanas sólo una reina, los Numbers.

El centro penitenciario de alta seguridad de Pollsmoor aloja entre sus muros a una de las figuras más conocida entre la banda Numbers. Johannes Frederick Mangral alias John Mongrel. Un chico de 14 años con una precoz predisposición a la violencia, fue sentenciado a nueve años de cárcel en Pollsmoor en 1978. Y no volvió a salir. Desde entonces, el joven John ha ido acumulando sentencias por asesinatos cometidos dentro del centro penitenciario de alta seguridad. Su fama de hombre dispuesto a pasar por la hoja de cuchillo a cualquiera que ose trastocar su trastornada personalidad le convirtió en líder de la rama 28s de la banda Numbers en Pollsmoor. John es famoso dentro y fuera de las fronteras sudafricanas.

El abogado de Mario ha defendido ante el tribunal de Cape Town que su cliente lleva muy mal su estancia en la sección médica del centro de detención de Pollsmoor. “Las condiciones de masificación en la sección hospitalaria está influyendo negativamente en el estado mental de mi cliente”. Por ello, ha pedido al tribunal una celda individual para su cliente de Matarò. La celda que comparte con otros reos es demasiado ruidosa. El fiscal, ha hecho hincapié que ese estado mental es peligroso para el de Matarò, y recomienda que Mario no esté solo para evitar cualquier intento de suicidio. El juez desestimó la argumentación del abogado de Mario a la espera de un informe psiquiátrico. Entre los argumentos presentados ante el juez del abogado de Mario, no hay nada sobre la peligrosidad de las bandas que operan en Poolsmoor. A pesar de ello, el abogado de Mario esbozó una imagen atroz de las cárceles sudafricanas, y la presencia de las bandas en ellas, ante los medios de comunicación españoles. En la realidad, el sistema penitenciario sudafricano, tras años luchando contra la proliferación de los miembros de las bandas afiliadas a Numbers, ha reducido la exposición y contacto de los nuevos reclusos con esas bandas.

pollsmor4Las artimañas legales y mediáticas del abogado de Mario, están sustentadas sobre un problema presente en todos los centros penitenciarios del mundo, la masificación de las cárceles. En el caso de Pollsmoor, la denuncia de una ONG local de asistencia a presos consiguió una sentencia favorable a finales del 2016, declarando anticonstitucional la situación de los detenidos en la prisión de Pollsmoor. Una masificación del 300% era insostenible sin violar los derechos humanos de los reclusos. La sentencia obligaba a la administración penitenciaria a subsanarla inmediatamente. Hace un mes, la jueza encargada de revisar la situación de los detenidos en Pollsmoor, certificó la mejora de la situación con una reducción de la masificación de reclusos a 161% en el centro. Sudáfrica ostenta un sistema judicial y una sociedad civil que garantizan la no violación de los derechos humanos en el país, incluso dentro de las prisiones sudafricanas. En el caso del país de Mario, España, la masificación de las cárceles no está muy por detrás del caso sudafricano. El Consejo de Europa, en su último informe hecho publico el pasado marzo, señalaba la mala situación de las cárceles españolas por su estado de masificación, constatando, en algunos centros penitenciarios de la península, unas masificaciones del 168%.

Mario Deus Yela, ha hecho su entrada en el centro de detención de Pollsmoor sin desmerecer a John. No tiene 14 años, tiene 48. Su crimen, el asesinato de dos inocentes niños de tres años, sus hijos, deja muy por detrás el crimen que acabó con los huesos de John en Pollsmoor. Mario tendrá que decidir si pasar por el centro como un detenido, a la espera de juicio, con dinero para comprar todo lo que necesite dentro de sus paredes, o pasar a ser un nuevo miembro de la banda Numbers tras pagar el peaje de entrada.


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