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Septiembre

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Septiembre, además de dar entrada a la primavera austral, es el mes para recordar al héroe del movimiento de la conciencia negra. Steve Biko. El aniversario de su asesinato, por las fuerzas de seguridad del Apartheid, se sigue invocando cada año, y nos anuncia que pronto estaremos celebrando el día del patrimonio nacional. Tras un año tempestivo por movilizaciones estudiantiles (capitaneadas por el movimiento Rhodes must fall) exigiendo una educación terciaria gratuita y la descolonización de la educación, se ha regenerado un debate alrededor de lo que significa ser negro. Ser estudiante negro en Sudáfrica, hoy. Se ha vuelto a recuperar eslóganes olvidados del movimiento fundado por Biko. “La arma más potente en manos del opresor es la mente del oprimido”. El hombre que no pudo sobrevivir a una larga sesión de tortura por haber identificado la herida mortal del sistema apartheid en la mente del hombre negro, sigue vivo en la mente del colonizado. “Ser negro no es asunto de pigmentación, ser negro es un reflejo de una actitud mental”.

septiembre2El actual movimiento de estudiantes ha desempolvado una realidad que se desatiende y esconde en el cajón de los desastres. La descolonización de la educación. Seminarios, conferencias diseminados por el país, han estado dando cabida a revaluar el sistema educativo sudafricano y su programa de estudios. Primer paso para que algún partido político, de nueva generación, haga suyo el mensaje y la reivindicación, y salte a los foros políticos el estado de la educación sudafricana.

El pasado colonial ha reducido la educación en el continente a un instrumento de comunicación entre el colonizador y el colonizado. A pesar de los intentos, tras la independencia colonial, para revertirlo, vestigios “postcolonización” en la educación contemporánea permanecen, y perpetúan un mito de inferioridad del saber indígena y sus métodos. La educación colonial ha coloreado el pensamiento africano indígena, clasificándolo como pre-lógico y pre-crítico, desatendiendo el hecho de que la diferencia no siempre sugiere inferioridad.

La idea de “África” no puede divorciarse de la ideología que condujo la colonización. La distinción entre el civilizado y el incivilizado. Esta ideología sigue impregnando la actual relación entre África y el resto del mundo, las estructuras de poder, la política, el lenguaje y el conocimiento. El trabajo y las propuestas pedagógicas de Paulo Freire, educador brasileño, resuenan de nuevo algunos países africanos. Entre las propuestas diseñadas por el brasileño, una resuena con fuerza de nuevo. El oprimido tiene que revelar por sí mismo el mundo de la opresión. Y esto sólo puede hacerse desde un diálogo entre iguales.

Apierre Forcin, un administrador colonial francés, escribió que para mantener la lealtad continuada de las colonias, era esencial que los colonos “permanecieran franceses en la lengua, el pensamiento, y en espíritu”. Y así estamos. Si movemos el radar de detección de disparidades en el continente, detectamos como la educación se insseptiembre3truye en inglés, francés, portugués y español. Esas son las lenguas de instrucción y comunicación nacional. En la oscuridad de las profundas cavernas se ha enterrado a la mayoría de las lenguas y costumbres africanas. Lenguas que alimentan la cosmovisión del pueblo.

Todavía hoy, las lenguas habladas indígenas están prohibidas en la mayoría de las escuelas del continente africano. Muchos de los libros escolares son importados o escritos en una de las lenguas europeas. Los exámenes que valoran el nivel de conocimiento de los alumnos se realizan en la lengua de los antiguos colonizadores. Un estudiante, perfectamente hábil en contar en su propia lengua, es examinado con una lengua con la que está poco familiarizado. Resultado, una nota baja en aritmética. “Si hablas a un hombre con una lengua que entiende, el mensaje llega a su cabeza, si le hablas en su lengua llega a su corazón”. Para que la educación sea un instrumento útil para el desarrollo individual y nacional, tiene que viajar al corazón. Sólo así no pierde su fuerza de transformación.

Cerramos el noticiario con la noticia peculiar de la semana, el aniversario de Katrina Esau. 84 años. No sabe escribir ni leer en la lengua que habla, Njuu. Una lengua con 25.000 años de historia. Una lengua sólo hablada por cuatro personas vivas de etnia San. Katrina, celebra su 84 años contando su historia entre sonidos clics.


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