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Winnie

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El dos de abril se anunció la muerte de Winnie Nomzamo Madikizela-Mandela. Una mujer hermosamente indomable que luchó por la liberación de su pueblo y su género. Mama Winnie se ha ido al año de celebrar por todo lo alto su octogenario aniversario. Un funeral de estado ha despedido el cuerpo de la que fue conocida como la esposa de Nelson Mandela fuera de las fronteras sudafricanas, y como la madre de la nación dentro de ellas. Cinco años separan la despedida de Nelson y de Winnie. La melancolía te aplasta el pecho como una pesada losa, al reconocer tiempos difíciles en la búsqueda de referentes que disipen nuestras ansiedades presentes. Referentes que refuercen nuestras convicciones y alienten a no sucumbir a nuestra mediocridad.

De Winnie se ha escrito todo. Demasiado papel publicado surgido de la maquinaria propagandística del autoritario régimen y replicado sin cortesía periodística en el resto del mundo. Sus secuelas siguen reabriendo heridas mal cerradas en la sociedad sudafricana. Unos días después de la muerte de la mujer más emblemática del partido ANC, la emisión de un documental ha desencadenado replicas y contra replicas por las acusaciones vertidas en este documental dirigido y producido por franceses. El asesinato de un joven de 14 años, winnie2Stompie Seipei, a finales de 1988 por uno de los entrenadores del club de futbol Mandela, patrocinado y secundado por Winnie, aceleró la maquinaria propagandística del régimen Apartheid para desacreditar al movimiento de liberación en plenas conversaciones sobre la futura transición democrática.

El juicio contra Winnie en 1991, por su implicación en el secuestro, tortura y muerte de Seipei, fue criticado por ser otra más de las maniobras encubiertas del gobierno de William de Klerk para dividir al ANC en la mesa de negociación. A pesar de no existir evidencias que acreditaran que Winnie fuese instigadora del crimen, y que el único testigo acusador era Jerry Richardson, condenado a cadena perpetua en 1990 por el asesinato de Seipei. Winnie fue denostada y arrinconada por muchos de sus camaradas que no compartían su radicalismo en la lucha contra el régimen autoritario. Más tarde se descubriría que Richardson fue un infiltrado de las fuerzas de seguridad del Apartheid y Seipei fue asesinado por descubrir su traición. El documental francés, premiado en el pasado festival de Sundance, sirve como escaparate del discurso elaborado por la propaganda que el Apartheid, con tanto ahínco y recursos, desarrolló en los últimos años del régimen.  Junto a las palabras de Winnie, también oímos a jefes del STRATCOM, unidad dentro del gobierno Apartheid dedicado a diseñar campañas de propaganda, describiendo los detalles de la operación de descrédito que el aparato opresor llevó a cabo contra Winnie. 40 periodistas a sueldo de STRATCOM publicaron artículos sobre las heridas de una mujer infligidas por el sistema que quiso asesinarla en vida.

A pesar de que el documental busca revelar las maliciosas maniobras del sistema del Apartheid para distorsionar y desacreditar al movimiento de liberación ANC y sus líderes. El resultado final ha provocado un maremoto de sentimientos encontrados y discursos que buscan construir héroes endiosados sin fisuras y perfectos. La historia no contada por sus protagonistas, y acreditada por documentos, deja abierta la puerta a la maquinación de discursos que encajen con la realidad que queremos transmitir. En el documental, deslumbramos el resentimiento de una Winnie herida al recordar la parte más oscura de su pasado como activista anti-Apartheid. Desapariciones, torturas, asesinatos en las calles de Soweto a manos de una banda de jóvenes que formaban parte del llamado club de futbol Mandela y que ejercían como sus guardaespaldas privados. Gracias a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en 1997 conocimos como ese grupo de jóvenes fue objetivo del aparato de represión con incursión de infiltrados.winnie3Los líderes del ANC en el exilio intentaron hacer entrar en razones a la indomable Winnie para que cerrará el club de futbol, donde jóvenes de Soweto creían representar el ejercito dentro del país bajo la dirección de su comandante mayor, Winnie, y tomarse la justicia por su mano. No fue posible. Winnie estaba en guerra dentro del país, mientras sus líderes se encontraban en el exilio o en Robben Island.

En los años 80, las townships para residentes africanos bullían en violencia. Tras el levantamiento estudiantil de Soweto en 1976, los jóvenes tomaron la palabra y impusieron su radicalismo en la lucha callejera contra el régimen. El sistema del Apartheid tuvo que decretar varios estados de emergencia, y multiplicar las operaciones policiales secretas de infiltrados en el movimiento de liberación para desacreditarlo. Tiempos difíciles. La desconfianza a ser traicionados por compañeros, vecinos, familiares a sueldo del enemigo estaba al orden del día. Winnie era parte de ese espíritu revolucionario que necesitaba devolver el golpe. Vivía entre ellos, hablaba como ellos, y cargaba sus ataúdes hasta la tumba. Esa Winnie de los 80 y 90 fue denostada por los que iniciaron las negociaciones con el régimen para poner en marcha la transición democrática que finiquitó el Apartheid en 1994.

Con la muerte de la madre de la nación, acusaciones sobre quién estuvo junto ella, y quién no, han brotado como setas tras la lluvia. Sus hijas abrieron sus corazones y sus rencores el día de su adiós. Acusaron de deslealtad a aquellos que no entendieron a su madre y no supieron protegerla contra la maquinaria propagandística del Apartheid. Zenani, y Zindzi reivindican emplazar en el mismo pedestal de la lucha contra la dictadura a su madre Winnie Mazikilela-Mandela y a su padre Nelson Mandela. Políticos populistas de todos los signos han saltado a la piscina de la desinformación. winnie4En la mayoría de los procesos de transición democrática desde regímenes autoritarios se establece un pacto de amnistía que suele implicar un pacto de no agresión histórica. Correr una tupida cortina para esconder las atrocidades del pasado. La pérdida de la memoria histórica nos convierte en vulnerables.

Winnie entró en el club de las mujeres valientes e indomables con sólo 23 años. Su boda con Nelson Mandela y su compromiso inquebrantable por la liberación de su pueblo la transportó al monte Olimpo. Gracias a su cordura y a su fuerza de espíritu, por luchar en el lado correcto de los justos, podemos leer de primera mano sus diarios escritos durante sus 491 días de aislamiento en una celda. Una mujer que sobrevivió a uno de los más terribles y temidos métodos de tortura, el confinamiento aislado sin acceso al contacto humano ni a la luz del día. El opresor quiso romper su alma, y casi lo consiguió. Su marido quiso sacarla del país junto a sus hijas antes de que el régimen opresor empezara a golpearla. Winnie dijo no. No quiso abandonar a su pueblo en el sufrimiento. El sistema patriarcal sudafricano quiso hacer desaparecer su identidad y ella se rebeló reivindicándose como Nomzamo Madikizela. Inspiró y reclutó a miles de jóvenes para el movimiento de liberalización. Se convirtió en la madre de la nación por aclamación popular. Años de claros y oscuros en la vida de una mujer que llegó desde un pueblo rural en el Cabo occidental y se quedó con nosotros para protegernos del diablo. Winnie se ha ido. Huérfanos del mundo, Dios salve a la reina.


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