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Agosto tiene cara de mujer. En pleno invierno austral, Sudáfrica encomienda este mes a las cosas de mujer. Una mujer enferma. Conferencias, seminarios, discursos para diagnosticar la actual situación de la mujer africana a nivel nacional, regional y continental. Como colofón se ha celebrado una conferencia internacional sobre la mujer en África en el parlamento sudafricano. Diputadas de parlamentos africanos, representantes de la sociedad civil y de organizaciones internacionales, han dedicado dos días a hablar de la enferma. Nada nuevo hoy y en el horizonte. Presentaciones con y sin diapositivas, verborrea a raudales sobre la diagnosis de la enferma. Por que la mujer africana sigue enferma. Enferma de una sociedad patriarcal, donde el chief tribal, el padre, el marido y el hijo la mantienen en un ostracismo social, económico y político. Las diagnosis se han ido sucediendo desde hace decenas de años. Y así andamos. Estancados en el estadio del diagnóstico y propuesta terapéutica.

femenino3Hace ya casi cuatro décadas, las Naciones Unidas se enroló en un programa mundial para reivindicar a la mujer en el mundo. En los años 80, congresos, conferencias se diseminaron por el globo para reunir a feministas de occidente y oriente, del mundo rico y del mundo pobre. En esos años, los movimientos de liberalización colonial estaban en pleno auge. Activistas africanos, asiáticas, europeas, norteamericanas se enrocaban en debates interminables sobre la mujer y su emancipación. Por primera vez se encontraron cara a cara feministas occidentales y sus contrapartes del tercer mundo. La extensión del sistema de patriarcado en el mundo, había alienado a las mujeres del movimiento feminismo occidental. Fueron tiempos de conflicto entre dos visiones del movimiento de la mujer. El occidental y el del resto del mundo.

Fueron mujeres africanas las que alzaron su voz contra la cosmovisión desde el mundo occidental, que pedía un espíritu de ruptura total con las tradiciones y su derecho consuetudinario que imponían un papel de sumisión a la mujer en la sociedad, la economía y la política. En esos tiempos, activistas sudafricanas como Ruth Mompati, una leyenda de la lucha contra el apartheid, arremetió contra sus contrapartes europeas y norteamericanas con un “cómo las mujeres sudafricanas podemos hablar sobre igualdad si todavía no somos reconocidas como seres humanos”. Eran los años 80 y la lucha era la descolonización.

femenino4Conflictos sobre prioridades protagonizaron la conferencia de Copenhaguen en 1980, cuando participantes del mundo occidental, insistieron en tratar la mutilación genital de la mujer como el tema más urgente para las hermanas africanas. Las mujeres africanas, apoyadas por la mayoría de las mujeres no occidentales, expresaron su indignación sobre la condescendencia de las feministas occidentales. Éstas contraatacaron acusando a sus contrapartes africanas de conservadoras reaccionarias, por no respaldar la inmediata prohibición a escala mundial de la  clitodirectomía. La insistencia del mundo no rico de hablar sobre el racismo, el apartheid, el colonialismo y los movimientos de liberalización enfurecieron a las feministas occidentales que reaccionaron acusándolas de “traicionar la causa de la mujer”. Ruth Mompati insistió que era imposible hablar sobre mejorar las condiciones laborales de las mujeres y su derecho a la educación secundaria, cunado no existían los requerimientos básicos para que esos derechos se implementaran.

Las representantes de las mujeres del mundo no occidental ganaron la batalla dialéctica y las resoluciones de la Década de la mujer de  las Naciones Unidas se centraron en la emancipación política. Las activistas africanas siguieron, rigurosamente y con éxito, esas resoluciones. El mensaje principal, aumentar el rol de las mujeres en el proceso de decisión y de poder político, reflejaba sus principales aspiraciones.

Llegaron los buenos tiempos. La última década del siglo XX se convirtió en la fiesta del triunfo para los movimientos de liberalización en África. Un gran número de países han instituido cuotas y políticas de acción afirmativa para permitir a las mujeres entrar en el proceso de decisión en grandes números. Los parlamentos nacionales, regionales, gobiernos y consejos municipales están abiertos a la mujer. Sudáfrica se ha convertido en el alumno aventajado. La entrada de las mujeres en el proceso de decisión legislativo y ejecutivo es uno de los más altos en el mundo. A pesar del éxito de las mujeres políticas sudafricanas, el  tradicionalismo, que somete moralmente y legalmente a la mujer, ha aumentado sobre el terreno. Las tensiones entre mujeres en política y mujeres en el activismo socio-económico, que se remontan a los años 70 y 80, está más vivo que nunca. Las mujeres fueron capaces de entrar en política respetando los parámetros establecidos por los hombres y bajo acuerdos patriarcales. El resultado fue su cooptación.

femenino2Las calles africanas siguen llenas de mujeres, la economía informal sigue protagonizada por mujeres. Son las vendedoras de la vida. La estadísticas de violencia de género siguen llenas de nombres de mujeres. Asesinadas y violadas. El hombre educado en un sistema de valores patriarcal sigue manteniendo el bastón de mando. Manda y la mujer obedece. A quien se escapa se castiga severamente. La precariedad laboral, la violencia de género, el número de embarazos de adolescentes en Sudáfrica ha aumentado exponencialmente. Las leyes consuetudinarias, ancladas en un sistema de valores patriarcal, se han incluido en la jurisdicción democrática sudafricana. Tras treinta años de democracia, es legal pagar Lobola, en especies o en dinero, al padre de la novia. Es legal la poligamia masculina. El jefe de estado del país posee cuatro mujeres y fue acusado por violación a una mujer que no pudo demostrar ante el tribunal su verdad.

Las que hablan en su nombre las han abandonado. Las mujeres que lideraron los movimientos de liberalización en los 80 llegaron al poder, llenaron parlamentos, llenaron ministerios, ratificaron constituciones que incluían la paridad de género. Y se olvidaron de ellas. El diagnóstico está hecho, las terapias se han diseñado, no su implementación. La enferma se muere. Sola. Una jurista namibia, clausura el mes de la mujer con un llamamiento a revivir la solidaridad y colaboración que existía durante la lucha de liberalización entre los movimientos de liberalización. Cuando la mujer africana fue arrinconada a la sombra de prioridades más importantes, la liberalización colonial. Y sigue ahí.


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